Una interna aprovechada por los de afuera

La rebelión radical es de lo más rara, porque no pide la cabeza del que manda ni el reemplazo de los que acompañan. Así y todo, hay algunos que prefieren silenciarlos por la fuerza en lugar de derrotarlos por las buenas.

Por Javier Boher
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A no desperar, amigo lector, que ya empiezan las clases y los chicos -hijos o nietos- vuelven a sus tareas habituales, para tranquilidad de los adultos que los tuvieron a su cuidado durante las vacaciones. Seguro usted cree que la pasó mal haciéndose cargo de los párvulos, pero le puedo asegurar que los que tienen chicos y están sumergidos en la interna de Cambiemos la deben haber pasado peor.
¿Se imagina estar tratando de resolver el intríngulis electoral y a la vez tener que aguantar la ansiedad de los menores por volver al colegio a ver a sus compañeros? Debe ser desesperante alternar la discusión por quién ocupa un lugar en una lista con la discusión por ver dónde se compra la lista de materiales didácticos con los caprichos de la señorita de turno.
Yo me imagino una cumbre bien tensa -con representantes negociando acuerdos imposibles- y un puñado de menores más persistentes que el olor a chivo en las remeras de nylon interrumpiendo intempestivamente para mostrar la mochila con rueditas, lentejuelas y luces que es el último grito de la moda en el primer ciclo del primario.
Entre el regreso a clases y la resolución de la interna, dirigirle la palabra a los que están en medio de la vorágine debe ser más peligroso que salir a pasear de noche por Villa Urquiza o los fondos del Marqués. Deben estar más nerviosos que Icardi cada vez que Wanda le dice que lo pasó a visitar un amigo.

En Córdoba
Hay que reconocer que la cosa parecía mucho más simple y se terminó complicando más que Belgrano en los promedios. En el tironeo, por el capricho de algunos se terminó armando un lío en el que las elecciones se les acercaron más que ciclista que se quiere chupar en la ruta.
Dieron tantas vueltas entre los que querían internas y los que les tenían más miedo que millennial al laburo que parecen esos casos de violación en el norte cuasi virreinal en el que hay tantas trabas que al final no pueden hacer el aborto que prevé la ley. Traba, traba, traba para que cuando llegue el momento digan que no se puede.
Siempre me acuerdo de algo que me dijo mi tío respecto a otro ámbito totalmente distinto -el rugby- pero igualmente aplicable: vos podés elegir no dar la pelea, pero si tu rival la propone, la tenés que dar y la tenés que ganar. Nadie gana un campeonato si va a pedirle al árbitro que le dé los puntos, porque aunque lo haga, a los ojos de todos sería un plumífero cobarde.
Lo que no deja de llamar la atención es el pataleo infantil de los señores grandes que no quieren ir a las urnas. Son todas señales de alarma para los potenciales votantes. Es como si charlando por teléfono con el que te invitó a salir te dice que te busca después de que la mamá lo peine y le elija la ropa: ¿qué futuro tendría eso?.
Están haciendo todo lo que un asesor pulenta les diría que no hagan si quieren demostrar solidez para presentarse como una alternativa. Se sacan los ojos entre facciones, dicen que no van a participar, que no van a reconocer los resultados, que no están dadas las condiciones o que el pronóstico para ese día anuncia lluvia.
Es fácil imaginarlos gobernando: “la escuela debería ser seis años el primario y seis el secundario”, “no, siete y cinco”; “La policía debería patrullar en motos azules”, “no, blancas”. Sólo pensarlos repartiendo ministerios, secretarías, asesorías y demás cargos es estresante, porque seguro demorarían más en formar gobierno que las viejas pidiendo fiambre en el almacén.

¿Y en nación?
Con mucho tino, los referentes que deben gestionar el territorio (en lugar de opinar desde el panel de un programa en el que todos gritan o desde la mesa de un bar con poca onda) decidieron darle apoyo a Gatricio ratificando la pertenencia a Cambiemos (algo que también quedó claro acá, que se rebelaron al dedo de Peña, no a la coalición).
Por suerte sacaron del medio la precandidatura del economista deglutidor de encintas, pero dieron a entender que quieren más protagonismo. Los apoyo si pretenden más lugares en las listas, pero si lo que quieren es la vicepresidencia, le diría a Mugri que entregue la fórmula entera.
Piense que después de lo de Cleto “el no positivo”, elegir un vice radical sería tan inteligente como comprarle un auto usado al mismo tipo que te vendió el que querés cambiar ahora porque se te rompe todo el tiempo. Con ese antecedente, no les entregaría la fórmula ni aunque prometieran ser más leales que Bernardo al Zorro.
Ya lo hemos hablado, amigo lector. Es sano que los radicales muestren algo de sangre en las venas, porque si no es muy aburrido que todo salga del laboratorio del hombre-niño que ocupa la Jefatura de Gabinete.
El tema es en qué punto se pone el límite, porque una cosa es pedir que te saquen de clase turista y otra es hacer explotar el avión porque no te mandan con toda la familia a primera. Ahora sólo resta ver si se ponen de acuerdo para carretear y que el avión levante vuelo, o si lo cargan de explosivos para detonarlo en la pista.
Ya le digo que la mayoría de los que están arriba deberían apostar por lo primero en lugar de hacerle caso a los que gritan desde abajo, que siguen enojados desde que hace cuatro años cambió el piloto y los dejaron abajo, esperando con sus bolsos .