Repensando nuestra cultura y nuestros errores, una vez más!

“Todo esto responde a sus aprendizajes y valores. La pregunta, entonces, es cómo generar otros diferentes dentro de los cuadros de conducción política”

Por Prof Doctor Eduardo Dalmasso (*)

Indicadores
Los argentinos debiéramos reconocer que hemos estado sujetos a un sistema capitalista sumergido en contradicciones manifiestas y, en cierto modo, autodestructivo. En este período el Gobierno que esgrime una ideología de carácter desarrollista, ha agravado la situación de crisis precedente: por error de diagnóstico, de implementación y seguramente por un sesgo manifiesto en la interpretación de la realidad. Ajustar a los sectores medios, a los trabajadores y gran parte de la industria nacional para pagar intereses y amortizar un endeudamiento sin sentido, es el precio de ese sesgo y de intereses ajenos a nuestra realidad social y económica.
Este juicio surge del porcentaje de población que ha quedado fuera del mercado, de la composición de la propiedad del capital y de nuestra heterogénea interpretación sobre el significado de la democracia. Los 12 años de los Gobiernos populares, no pudieron bajar el índice de pobreza ni tampoco pudieron o quisieron plantear una política de desarrollo sustentable, el mérito inicial de sus primeros cuatro años de Gobierno post la profunda crisis del 2001 y 2002 quedó diluido ante el resultado de políticas centradas en la búsqueda de la continuidad en el poder.
A gran parte de la dirigencia de Argentina, le cuesta reconocer que el sistema democrático se refiere, no sólo a gobiernos elegidos democráticamente, sino también al reconocimiento de que nadie es dueño de la verdad. Por lo tanto, la divergencia es su fundamento, tanto como el logro creciente de mayor equidad social. Este planteo de carácter maniqueo que carece de grandeza, se refleja objetivamente en el retroceso social y económico de nuestro país por décadas.

Contradicciones
Sin dudas, uno de los factores que inciden en este aludido desconocimiento ha sido las permanentes contradicciones entre los intereses objetivos e ideológicos del sector de la producción primaria y los del sector industrial, este último jaqueado por políticas neoliberales y crisis recurrentes. De hecho el sector industrial como resultado de este proceso ha disminuido su incidencia y demanda de mano de obra por razones ajenas a una expansión de los servicios, como sí se podría argumentar para algunos de los países de mayor desarrollo. El aumento de la pobreza, y de la mendicidad merma la demanda efectiva y agota la clase media. En esta dinámica, el proceso de sustitución de importaciones puede incidir en una estructura cada vez más desigual por su propia conformación. Es claro además, que del mal manejo de los recursos del estado, el sector más favorecido es el financiero y no precisamente por su aporte al sistema productivo.

Esperanza fallida
Sin embargo, en 2003 nos pareció que el cuadro podría cambiar: la durísima toma de conciencia del significado de las políticas neoliberales en la realidad socioeconómica impuso la implementación de políticas públicas con fuerte sesgo industrializador, la profundización de la alianza con Brasil y –una decisión fundamental– la renegociación de la deuda externa en condiciones muy favorables para la recuperación de la soberanía y la liberación de recursos.
El mayor consenso lo obtuvieron las políticas deliberadas de mantener el superávit fiscal y de comercio exterior, dado la previsibilidad que daban a la recuperación económica. “Evitar la inflación, evitar las crisis recurrentes de la balanza de pagos y resguardar la competitividad”. Dentro de ese cuadro, los excedentes agrarios jugaron un papel fundamental, pues permitieron en la primera fase el financiamiento del desarrollo industrial e incluso redistribuir rentas.

Nuestro historial
Es claro que, con nuestro historial, el sostenimiento de políticas públicas coherentes resulta esencial para revertir cuadros de distorsión tan agudos como los que hemos vivido en la Argentina. Se han conformado factores estructurales de no fácil solución, eso también hay que admitirlo para no caer en voluntarismos suicidas. Esto significa que hay que acordar una matriz de crecimiento posible aunque paulatino y sólido, en un paso a paso, como única forma de preservar las conquistas logradas. Esto implica sostener una política de precios relativos en línea con las posibilidades de intercambio y crecimiento a mediano y largo plazo. Justamente en este aspecto, hubo una tarea demolición de los dos últimos Gobiernos del período K. Revertir estas situacionesson gravosas y por lo general a costa del mismo pueblo que se intenta beneficiar. Obvio que esta perogrullada, sólo se puede señalar porque es justamente lo que desde hace décadas no tenemos. Si tenemos, el cuadro de ganadores y perdedores como resultado de estas contradicciones.
De modo que cuando predomina el espíritu voluntarista sobre la intención real de cambio, las medidas fáciles, aparentemente progresistas, terminan siendo un búmeran. Aspecto que tanto se le puede imputar a los gobiernos K y al actual.

Sin sector hegemónico
En nuestra historia, todos los que se han creído dueños de la verdad han terminado vencidos por la realidad. Hasta Juan Domingo Perón a su regreso en los aciagos setenta, formuló la necesidad de cambiar el discurso único por uno de consenso. ¿Por qué?
Argentina, mal que les pese a algunos intelectuales de izquierda, no tiene un sector hegemónico; no prima un discurso ideológico que sustente el accionar político, por lo que hemos analizado, todo lo contrario. Los sectores prominentes que hoy incluyen al sector industrial de la producción agropecuaria no han sido capaces de construir un discurso coherente en línea con el espíritu de la constitución. Si expresan reivindicaciones, que no contribuyen a superar el estancamiento que vive nuestra sociedad.
Sí posee aún hoy aunque en franco retroceso, una importante clase obrera organizada, con peso propio y con una fuerte tradición de lucha. Tradición que, por sus fundamentos corporativosha vetado hasta ahora la posibilidad de plantear un programa político y económico inclusivo.
De lo enumerado hasta aquí, se derivan nuestros permanentes cambios de frente y de perspectiva de lo que suponemos correcto. Dentro de esta compleja realidad, un discurso único no puede menos que provocar anticuerpos. Anticuerpos sedimentados en una historia de graves enfrentamientos. Por nuestra cultura, nos cuesta entender los límites del poder.

Contradanzas
¿Dónde se visualizan estas contradanzas? En la debilidad de nuestras instituciones, caso una primordial como lo es el sistema de justicia, en la carencia de elites, en el hecho de que el igualitarismo o mediocridad predomina sobre el mérito como fundamento de la dirigencia social, en las dificultades de innovar un sistema educativo en franco deterioro y diseñado para principios del siglo XX, en una burocracia sindical sin imaginación y en la falta de liderazgos auténticos.
Cuando un gobierno no es capaz de desarrollar algún nivel de autocrítica y cree que por su ideología debe mantenerse en el poder o peor aún negar la realidad, asistimos no sólo a un discurso omnipotente, sino a algo peor: el retroceso de gran parte de los logros obtenidos y la anárquica movilización de todas las fuerzas contrapuestas que nos caracterizan.
El 90 por ciento de nuestra dirigencia política es graduadauniversitaria. Sin embargo, la cultura autoritaria y la falta de visión de largo plazoescomún al conjunto. Los giros de posición exceden largamente lo táctico; aparece en sus acciones una gran proclividad al oportunismo.
Todo esto responde a sus aprendizajes y valores. La pregunta, entonces, es cómo generar otros diferentes dentro de los cuadros de conducción política. ¿Dónde, cómo y con quiénes? Pregunta que me hago y reitero para la reflexión desde hace mucho tiempo, un mundo que se contrapone a nuestros logros en la ciencia, en tecnología, en las artes e incluso en el deporte.

(*)Dr en Ciencia Política. Sus últimos libros: 1918 Orígenes y valores del movimiento reformista (Editorial de la UNC) y DOS MIRADAS Y UN DESTINO en colaboración con el profesor Guillermo de Baena de Colombia. (Editorial Colección Empresarial. Barranquilla – Colombia)