Lluvia de candidatos sin clima electoral

Esto no parece año electoral, porque siguen lloviendo precandidatos. Todavía no se ve que esté por despejarse para que empiece la disputa de verdad.

Por Javier Boher
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Ya me estoy cansando de este clima litoraleño, amigo lector. ¿En dónde quedó la Córdoba a la que se venían a vivir para recuperarse de las afecciones respiratorias? Si hoy se inhala con fuerza seguro se aspiran un par de mosquitos, que ya son más parte del paisaje que los patos del Suquía.
Entre el calorón y las lluvias de la semana debemos empezar a plantearnos seriamente la necesidad de votar un intendente y un gobernador que hablen guaraní, así van a tono con el clima horrendo que tenemos, que aunque estés sentado en tu casa tomando coca con hielo transpirás como si estuvieses parado en un colectivo lleno al lado de un gordo peludo en musculosa.
Para colmo de males, dos gotas y esto parecía el pueblo brasilero arrasado por la represa que se rompió. Es notable cómo el agua se nos vino encima en un ratito. Cayeron un par de milímetros y de golpe teníamos el agua al cuello como Toto Caputo el día que el dólar pasó los 40. Eso es planificación y no macana.
Lo mejor vino después, cuando todos señalaban para todos lados buscando culpables; parecía como cuando los chicos juegan al cuarto oscuro y vuelan almohadazos a traición desde no se sabe dónde. En cada video que llegaba al whatsapp había alguno que se acordaba del gobernador, del intendente, del presidente, de Maduro o del Papa. No dejaron político (o madre) sin nombrar.
Convengamos que algo de razón tienen. Imagine que la gente cuando camina por el centro prefiere esquivar las goteras de los aires acondicionados, con agua limpia y fresca, ¿quién va a querer agua sucia y con barro en el negocio o la casa?. Salvo que sea un bagre con ganas de chupar mugre del fondo, no veo ganancia en que te dejen la habitación como un chiquero.
Por supuesto que ya estamos tan acostumbrados a estas cosas que en dos meses “acá no pasó nada”, volvemos a la seca y nos ponemos a pensar en que somos la capital del mundo porque tomamos fernet con coca y tenemos un acento distinto a los porteños. Somos como el cincuentón recién divorciado que se comporta como un adolescente, con los brazos tatuados y la joggineta: nos creemos unos picantes pero somos unos nabos bárbaros.
Siempre conformándonos con tan poco, creyendo que las sabemos todas, y viendo los nombres que se barajan para las elecciones de todos los niveles, ¿así será para los cordobeses estar condenados al éxito?.
¿Quién lo arregla?
Como venimos diciendo hace ya un tiempo, el escenario sigue revuelto. En Cambiemos están como esas parejas en las que ninguno quiere dar el brazo a torcer y se siguen peleando de orgullosos, porque en el fondo saben que están errando feo. A esta altura, la interna ya tiene más nombres que la guía telefónica de un municipio chico. Sólo falta que se anote el maestranza de la Casa Radical y están todos.
Hay más o menos una decena de precandidatos, con un puñado más o menos fuerte. El petiso chamullero que quiere volver y la tríada de miradas radicales: De Loredo, que mira como Tony Kamo cuando hipnotiza; Cossar, siempre delineado como gitana y Bee Sellares, el de las cejas de sospecha. Después, todo relleno, como las hojas de lechuga que ponen alrededor del lechón cuando lo sirven en bandeja.
Ya le digo, amigo lector, que esto no parece un año electoral. No sé si es por el calor o por qué, pero tienen más fiaca que santiagueño a la siesta. Está bien que especulen un poco, pero a estos ya se les está yendo la mano, porque faltan poquito más de 100 días para que tengamos que votar para ver quién nos va a solucionar los problemas de que la ciudad se inunda con dos gotas. Y si no, al menos para saber entre quienes se van a estar echando la culpa.