Cuáles fueron las claves para que cayera el déficit fiscal primario en 2018

Con los datos de gastos e ingresos del sector público de 2018 ya cerrados, los analistas económicos dieron las explicaciones de cómo se llegó al déficit fiscal primario de 2,6% y se cumplió con la meta pautada con el Fondo Monetario Internacional.
Del análisis del Iaraf, dirigido por Nadín Argañaraz, surge “el enorme aporte que hizo la caída real de las prestaciones sociales y de la obra pública a la baja del gasto primario”. Agrega que el cambio en la meta fiscal de déficit primario para 2018- pasó del 3,2% inicial al 2,7% del PIB- requirió de modificaciones en la política fiscal, que terminaron dando como resultado incluso un sobrecumplimiento efectivo de la meta, ya que el déficit primario anunciado al cierre de 2018 resultó de un 2,4% del PBI.
“Claramente, el principal elemento económico de 2018 fue el avance de la inflación, que se aceleró en la medida que transcurría el año. Cuando se confeccionó el presupuesto 2018 se esperaba un crecimiento de los ingresos totales por encima de la inflación igual al 2,8% junto a una caída real del gasto primario en torno al 0,5%”.
El reporte también indica que con los datos definitivos del ejercicio, se tiene que los ingresos totales invirtieron el crecimiento esperado, y cayeron un 2,7% en términos reales con respecto al 2017. Por su parte, el gasto primario aceleró su caída en términos reales y cerró el año 2018 cayendo un 8,8% en relación con el gasto primario ejecutado en 2017.
Respecto del gasto en prestaciones sociales, tenía previsto crecer un 5,5% en términos reales y terminaron cediendo un 4,4% con respecto al gasto ejecutado en 2017. El aumento de los salarios por debajo de la inflación desembocó en una caída real de la partida igual al 10,2% mientras que la obra pública presupuestada contenía un crecimiento de 5%. Las nuevas condiciones llevó a que el gasto de capital termine con una caída en términos reales igual al 26%.
Por su lado, Idesa -para evaluar la sustentabilidad de la reducción del déficit fiscal- suma otros datos: en el 2017 los ingresos públicos crecieron un 23% y el gasto primario un 22% anual. Y el año pasado la suba en los ingresos públicos fue del 30% mientras que el gasto primario siguió creciendo al 22% anual. En el 2017 la inflación fue de 25%, mientras que en el 2018 fue de 48% anual.
“Estos datos muestran que la reducción del déficit fiscal en el 2018 se logró gracias a que la recaudación tendió a crecer al ritmo de los precios mientras que los gastos escalaron, pero por debajo de la inflación”, describe.
El IVA y el impuesto al cheque reaccionaron de manera casi automática a la aceleración inflacionaria y la fuerte devaluación brindó espacio para el restablecimiento del impuesto a las exportaciones. Por el lado de los gastos, en cambio, la contención se centró en los subsidios económicos y la obra pública y en que las jubilaciones y los salarios públicos crecieron por debajo de la inflación. Esta dinámica sugiere que un factor decisivo en el ajuste fiscal fue la devaluación y su impacto inflacionario.
Para este año, refiere el informe, el planteo oficial es profundizar el ajuste fiscal hasta llegar al déficit primario cero junto con la desaceleración de la inflación. Esto está plasmado tanto en el Presupuesto 2019 como en el acuerdo con el FMI. Para ello se contará con la recaudación plena (y no solo por algunos meses como ocurrió en el 2018) del impuesto a las exportaciones. Pero, como contrapartida, no hay margen para aliviar las cuentas públicas a través de la licuación de salarios públicos y jubilaciones como se hizo en el 2018.
En los últimos 60 años, la Argentina tuvo sólo 6 años con superávit fiscal que fueron entre el 2003 y el 2008. No se trata de una excepción a la sistemática indisciplina fiscal argentina sino a que la mega-devaluación del 2002 produjo una drástica licuación de salarios y jubilaciones.