Enredado en acusaciones penales, el Surrbac se queda solo

La solidaridad del arco gremial cordobés con el Surrbac parece haberse agotado después de que éste fuera señalado como responsable de atentar contra la vida de Pablo Carrasco, ex empleado de la Crece y denunciante de altos cargos de la conducción del sindicato de los recolectores.

Ayer recibió el alta Pablo Carrasco, ex empleado de la Crese que fue despedido luego de presentar una lista opositora a la liderada por el tándem Mauricio Saillen-Pascual Catrambone para competir por la conducción del Surrbac, y denunciante de Catrambone, a quien acusó ante la Justicia de tomar parte en operaciones comerciales entre la Crese –de la que era entonces director obrero- y dos empresas constituidas por su hijo Agustín.
Según el ex empleado de la empresa municipal, los caciques del Surrbac se beneficiaban direccionando las compras de la compañía hacia sociedades de su propiedad.
Carrasco permaneció internado durante cinco días luego de recibir tres disparos a manos de desconocidos que irrumpieron en su domicilio el pasado 2 de enero, y que aún permanecen prófugos. Al salir del hospital relacionó, como antes lo había hecho su abogado, el ataque a una represalia de los jefes del Surrbac.
El secretario general del gremio rechazó categóricamente estas acusaciones, y expresó que a nadie perjudica más este ataque que al propio Surrbac que, por sentido común, sería el primer apuntado como responsable. Más aún, entendió que la agresión a Carrasco debió ser realizada por el sindicato de Camioneros, con el cual la actual conducción del gremio de los recolectores mantiene un encarnizado conflicto, después de que el clan Saillen arrebatara el sindicato a los Moyano.
Ahora bien, al margen de la trama policial que subyace en este asunto, resulta curioso ver cómo esto ha impactado en el presente político del gremio.
En otros contextos, el Surrbac probablemente habría encontrado respaldo en el resto del arco gremial cordobés. Así ha sucedido, por traer a colación el caso de dos sindicatos también que integran la CGT Rodríguez Peña dirigida por el propio Saillen, con el sindicato de Luz y Fuerza en su extenso conflicto con la Provincia o con la pulseada que libran (o hasta hace poco libraron) Rubén Daniele (Suoem) con el intendente Ramón Mestre.
En ambos casos los gremialistas contaron con el apoyo no sólo de sus representados, sino también de otros sindicatos que se solidarizaron con sus reclamos. El propio Surrbac entre ellos. Sin embargo, esta solidaridad parece encontrar límite cuando se trata de asuntos una naturaleza tan cruenta como atentar contra la vida de un trabajador.
Otra explicación, o un nuevo elemento para justificar la soledad de los Saillen-Catrambone, tal vez sea que del otro lado del mostrador se encuentran ahora nada menos que los Moyano, que además de su peso habitual, se encuentran en los últimos tiempos especialmente dedicados a estrechar lazos con el resto del gremialismo, como parte de su plan para maximizar su gravitación en los próximos comicios, valiéndose para esto del Frente Sindical para el Modelo Nacional (FRESIMONA), liderado por Pablo Moyano.