Schiaretti se arma en Capital

Aunque se multiplican los nombres para ir por la intendencia, en el peronismo la última palabra la tiene Schiaretti.

Por Javier Boher
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Se sabe que la calma que rodea la cara pública de las candidaturas en la capital es totalmente falsa. Varios nombres anotados y otros tantos esperando el momento para sumarse hacen que el escenario sea absolutamente incierto.
La muerte de De la Sota abrió un panorama radicalmente diferente si se piensa en la intención del peronismo de volver a conducir el distrito más importante de la provincia. Viejas internas se empezaron a pulir, abriendo las puertas a un acuerdo que los englobe a todos.
Aunque la imagen del gobierno nacional esté en un punto muy bajo, la tradición radical es muy fuerte. Lejos de la antigua hegemonía, la resistencia al peronismo siempre se hace sentir. Pocas veces se traicionó ese sentimiento pero todas las veces pasó factura.
En esa danza de nombres que incluye a Llaryora, Passerini, Riutort, Siciliano, Bermúdez y algunos más, el factor determinante será el gobernador Schiaretti. Sólo su decisión permitirá que el peronismo se transforme en una opción competitiva.
El abrupto fin de la sociedad política más exitosa de las dos últimas décadas lo convirtió en el dueño del justicialismo cordobés. Lo que al principio se abría como una gran incógnita se fue definiendo como una especie de “revelación”.
Mientras todos le atribuyeron siempre el rol del gestor -el técnico- en la dupla que brillaba por el carisma de De la Sota, poco a poco fue demostrando un perfil mucho más político que el que exhibió a la sombra del difunto ex mandatario. Le tocó ser el único líder y parece estar mostrando algo que se mantenía oculto.
Los jóvenes que aspiran a sucederlo en el Panal (y por qué no al frente del partido) están en una encrucijada, porque los mandatos irían desfasados. No es tan fácil apostar en un contexto de tanta atomización partidaria y tanta diferencia de colores entre niveles de gobierno.
Además, gobernar la capital no siempre es el trampolín que todos imaginan. Sin ir tan lejos, Luis Juez aspiró a la gobernación después de un mandato en la ciudad y quedó a la deriva, atracando en todos lados pero sin hacer pie en ninguno.
Pese a todos esos cálculos, muchos analistas consideran que Llaryora (un candidato bien instalado desde que en 2013 le disputó las PASO al hoy gobernador) podría traccionar un buen caudal de votos en la capital.
Todos están muy ilusionados con algunas encuestas que, aunque no vaticinen una victoria, sí presagian un mejor papel que los habituales terceros o cuartos puestos obtenidos cada vez que fueron por la intendencia.
El problema es que el candidato que finalmente salga (si es de los nombres que se manejan) es definitivamente muy peronista para una ciudad que suele rechazarlos. Toda la ilusión que existe está atada a la imagen de un Schiaretti que no parece un compañero salido de una unidad básica adornada con el cuadro de Perón y Evita.
En su reconversión en líder del peronismo el gobernador se ha apoyado en una imagen más amigable con el vecino de la capital, que no contradice su carrera dentro del justicialismo pero se amplía a recoger el voto de los que se sienten defraudados tras varios gobiernos de diferentes colores.
No parece tan descabellado. Kammerath ganó en Unión por Córdoba, pero fue el aporte externo que necesitaba el peronismo para destrabar la Capital. Juez se vendió como disidente al frente de una construcción muy amplia, como un dirigente honesto que contradecía la imagen que predomina entre los vecinos respecto a los dirigentes justicialistas. Nada es casual.
En este nuevo rol de líder absoluto del peronismo, Schiaretti parece estar decidido a ir por todo, pero para eso sabe que debe matizar la liturgia y acentuar las estrategias marketineras. La gente pide menos épica y más estética, y no sobran candidatos que puedan aceptar ese cambio.
Las excursiones fuera de la provincia, la reciente participación en la tapa de Gente, el armado con los gobernadores, todo lo señala como un hombre nuevo y con nuevas ambiciones. Difícilmente acepte en la ciudad un candidato que no sea de su total agrado, uno que lo ayude a lograr esa nueva imagen que quiere proyectar.