Del “Pacto de Caballeros” a la grieta Angelici – D’Onofrio

La nueva postergación de la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors destapó la olla de una interna sin límites, entre los máximos dirigentes en cuestión.

Por Federico Jelic

Los ojos del mundo fueron testigos de la vergüenza y el papelón institucional del país y también de CONMEBOL, con la segunda suspensión de la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors, que terminó indignando a toda la sociedad, a la comunidad futbolera, y mucho más a aquellos que pagaron entradas carísimas para estar presentes en el espectáculo “del siglo”. Y estaba claro que al organismo madre del fútbol sudamericano le importaba mucho más el show que la salud de los futbolistas, después de que el sábado algunos inadaptados hinchas del “Millonario” apedrearon al micro que transportaba al plantel de Boca, con jugadores heridos, caso Pablo Pérez, con úlcera de córnea, producto del impacto de un proyectil en el vidrio.
Más allá de la suspensión obligada (a pesar de de la postura de CONMEBOL), lo que llamó la atención fue la reapertura de la grieta entre el presidente del “Xeneize” Daniel Angelici y el titular de River, Rodolfo D’Onofrio, a pesar de que el día sábado el conjunto local, el de Núñez, había sido solidario con el rival agredido, acordando la postergación para el otro día, eludiendo las presiones de FIFA, con su mandatario Giani Infantino en el palco de autoridades del Monumental.
¿Qué pasó con el pacto de caballeros, firmado el sábado con ambos presidentes y el titular del ente sudamericano, el paraguayo Alejandro Domínguez? Aquel papel firmado y suscripto por los clubes parece no tener validez y fue fácilmente desmentido una vez conseguido el cometido de haber logrado que el partido se jugara, como pasó naturalmente, primando la cordura. Sin embargo, el accionar de una de las partes, en este caso el visitante, fue el contrario lo rubricado. Son esquirlas y coletazos del efecto del litigio del “gas pimienta” en La Bombonera, en 2015. En La Boca piensan más en la revancha de ese incidente que en otra cosa, y por eso, la grieta dirigencial volvió a plantearse entre dos dirigentes de peso en AFA y Sudamérica, retrocediendo varios escalones en democracia y madurez institucional.

Historias de “desencuentro”
La situación fue hostil en muchos aspectos, ya con el estadio repleto, pero el operativo de Seguridad no estuvo acorde a las circunstancias. Increíblemente los encargados del dispositivo lograron que el micro con el equipo visitante, a cinco cuadras del estadio, tenga que pasar por una zona prácticamente liberada, con hinchas de River, que sin titubear lanzaron piedras, proyectiles y botellas, provocando roturas de vidrios y dejando a los protagonistas al borde de un ataque de nervios. El tema es que una vez conocido el panorama Marcelo Gallardo, DT del “Millonario”, llamó a su colega Guillermo Barros Schelotto para ponerse a disposición, y a apoyar la moción de no jugarlo si no estaban ellos en condiciones de hacerlo. Fueron momentos de incertidumbre porque la CONMEBOL en sus canales oficiales hablaba de la reprogramación del partido pero con demoras, primero a las 18 y después 19.15, mientras a la par el futbolista Pérez era trasladado al Hospital Otamendi, para ser revisado de una astilla en el ojo.
En ese contexto, D’Onofrio se suma a la colaboración, eludiendo presiones de la dirigencia de Conmebol y FIFA, apostando a que el partido no sea jugada con esas vicisitudes. Y se armó el tan destacado “pacto de caballeros”.
¿De qué se trató esa mesa redonda entre los popes? Acuerdo para postergar el partido para el domingo a las 17, con Domínguez como testigo, y alivianar el espeso ambiente general. Manos estrechadas, pacto acordado, confianza recuperada.
Pero apareció Angelici, quizás presionado por sus propios dirigentes y jugadores, para cambiar la bocha al otro día. La reunión en el hotel comenzó cerca de la medianoche y la exigencia era clara: Boca tiene que reclamar los puntos y la eliminación de River, como pasó en 2015 con el incidente del gas pimienta y el famoso “panadero” como partícipe necesario y protagonista.
Ya los propios jugadores de Boca, de manera imprudente, calentaron el ambiente cuando las llamas estaban apagadas. Carlos Tevez y Darío Benedetto declararon que “mejor le entreguen la Copa a River ya que tanto peso tienen en Conmebol”, no siendo conscientes de que sus frases pueden incitar más aún a la violencia colectiva.
Por eso a nadie le sorprendió la postura de Boca de no presentarse a jugar el domingo. Llamó la atención después del pacto de caballeros firmado. Tampoco es que estaba rubricado bajo escribano público, pero al menos estaba la máxima autoridad del organismo continental como testigo, pero a las palabras, como es harto sabido, se las lleva el viento. Casi un bochorno jurídico, además de contemplar errores lógicos, sin embargo, no se obró con buena fe una vez celebrado el mismo.

Lo que firmo, no me acuerdo
Al otro día, ya era vox pópuli que Boca no se iba a presentar a jugar y que Angelici iría por todo a CONMEBOL, solicitando los puntos, eliminación de River y todo el circo. Desconociendo por completo lo firmado en el pacto de caballeros.
¿Y ahora? Domínguez citó a los clubes hoy en la sede de CONMEBOL, en Asunción del Paraguay, para definir la revancha, y por lo bajo se sabe que no concederá lugar a la petición de Boca. Son casi enemigos, ya que Angelici peleó para ser vice del ente sudamericano, sin ser aprobado por el comité de ética además de cuestionar permanentemente los fallos que favorecerían a River en todo el torneo.
De todas maneras, había cierta tregua entre Angelici y D’Onofrio después del gas pimienta que permitió la clasificación del “Millonario” en 2015, batalla que continuó en AFA, cambiando la sede de la Selección Argentina del Monumental a la Bombonera y otras chiquiteces de política miserable, bien de nuestro país. D’Onofrio tampoco es víctima del todo, ojo, tiene sus chanchullos. Pero en este caso, Angelici actúa más por despecho y venganza. En sus dos ciclos, Boca no ganó la Libertadores, su obsesión, y no quiere terminar su mandato con esa “mancha”. Todo muy político, muy entreverado y con la gente como rehén de un espectáculo que ya perdió sentido, independientemente de quien levante la Copa.