Juntando gente para el picado

A un año de las elecciones, todos andan tratando de puntear un equipo para ir a jugar el partido. Con dos equipos más o menos definidos, hay que ver los nombres que suenan para armar el tercero.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector! Qué maravilla que dejamos atrás el clima lluvioso y volvió el radiante sol peronista para hacernos sentir mejor, dejando de secar los calzoncillos en el microondas para poder usar ropa interior limpia. Eso sí, como nunca podemos estar conformes, ahora vamos a empezar a quejarnos del calor y la humedad selvática.
El tiempo mete esos cambios que sorprenden más que la bulla que se escucha sobre los posibles armados para las elecciones del año que viene. Hay una cosa medio rara, en la que sobran candidatos pero no hay ninguno que tenga la certeza de que gana. Sería algo así como una especie de diente libre vegano, que hay de todo en la mesa pero no te querés comer nada.
Está más que claro que los dos grandes competidores son el kirchnerismo y Cambiemos, con la Aforada de Recoleta desesperada por ser candidata y garantizarle la misma condición a sus pichones. No hay muchas dudas de que se va a poner la 1 para que su laborofóbica prole pueda entrar al bunker que han montado en el Congreso, desde donde pueden resistir con aguante, pancartas y banderas.
El que se le ha acercado como para recuperar la alianza que tuvieron durante un par de años es el caudillo del poliamor bonaerense, el estanciero de bota de carpincho y pañuelo al cuello, que abandonó a Sergio Delajente con la esperanza de volver a ser gobernador con los votos que le garantizaría la viuda del Nestornauta, por el amor que despierta en el averno justicialista del conurbano profundo.
Con esa pérdida, el timador tigrense (que arrancó como para comerse a los chicos crudos y hoy anda esquivando los tarascones de cualquier perejil que le pasa más o menos cerca) está abocado a armar un nuevo espacio para insistir por la ancha avenida del medio, esa que en las legislativas del año pasado debe haber estado en obras, por el poquitito tráfico que hubo.
El armado que se está mandando todavía no se sabe bien si va a terminar siendo una olla popular que da de comer pero sin buen gusto, o si va a ser un prolijo salpicón, que te chupás los dedos pero te quedás con hambre. Por ahora es un rejunte de peronistas descontentos, radicales emasculados y saldos de progresismo republicano, a los que les encaja a la perfección aquello de que los une el espanto.
Por lo pronto, mientras siguen viendo qué se puede armar para hacer ruido, el tigrense está tratando de juntar un interbloque con el peronismo federal para hacer valer el puñado de legisladores que le quedan ahora que sufre un éxodo peor que el venezolano. Incluso les propuso el nombre, “Alternativa Argentina”. Deberían ser más cuidadosos, porque si siguen agregando gente, capaz terminan sumando gente por derecha que ponga la tercer A al nombre.
Le soy sincero, amigo lector, no se si puede prosperar un engendro de esas características. Por ahí tiraron una fórmula Urtubey-Lifschitz, como si se pudieran sumar así de fácil. Recuerde que acá trataron de ir por la intendencia el Enano Cuentacuentos con la Reina de la Diversidad y terminaron en una venta de humo más grande que el regreso del Rey Pelusa (con todo el respeto que me merece el maestro).
Imagínese usted al Gaucho del Closet -custodio de las más santas tradiciones del peronismo conservador- con el único gobernador de un partido que en su plataforma electoral incluye aborto, legalización de las drogas y toda la agenda de la diversidad sexual. Elegir una fórmula como esa es como servir pizza de ananá: seguro te clavás con las compras, porque los invitados van a ir a comerse un chori en cuanto se vayan de tu evento.

En Córdoba
La cosa acá es más o menos como en el resto del país, con la batalla por desdoblar o pegar elecciones como primer capítulo de la guerra de 2019. Todos le dan más vueltas a la fecha que el novio que le esquiva al casamiento. Por eso todos dudan sobre cuándo dar el paso y mostrar las cartas.
En esas condiciones, la interna de Cambiemos es como cuando queda la última empanada en la bandeja, que todos le quieren echar mano pero están esperando a ver qué hacen los otros. Al final se la termina comiendo el que hace la pregunta, sabiendo que nadie le va a pedir la mitad. Acá todos le quieren clavar el diente a la candidatura a gobernador pero todavía ninguno se anima a agarrar la empanada.
Ya le digo, amigo lector, este es el momento de calma antes del quilombo, una paz que se explica porque el gobierno nacional viene dando menos alegrías que 9 de Belgrano y porque -pese a la incertidumbre de las fechas- está la certeza de que va a ser un calendario electoral más largo que partido de fútbol por la radio.
Tenga paciencia, que ni siquiera están precalentando.