El desarrollo de la persona en dos educadores*

“Los liderazgos se sustentan en visiones trascendentes y actitudes para la acción, con una visión y misión que trascienda el aquí y ahora”

Por Mariángeles Sangoy**

Me plantee, trabajar el pensamiento de un reconocido educador como Paulo Freire y el de Eduardo Dalmasso, quien desde hace varios años se ha centrado en el desarrollo del potencial humano de sus alumnos.
De este trabajo comparativo , surgen conceptos y relaciones sobre el significado de la educación que los identifica, y prácticas que comparten. Veamos:
“Porque educar es formar y formar supone conocer profundamente, disponibilidad para la revisión de lo conocido, posibilidad de cambiar de opciones, de elecciones y el derecho a hacerlo, lo que no puede existir al margen de los principios éticos y estéticos por la belleza que implica la finalidad de justicia social”, dice Freire. Y Dalmasso define: “Educar es el aprender a pensar, a discernir en forma autónomo. Autoconocimiento para aprender a escucharnos, indagar, examinar en la búsqueda de nosotros mismos.”
Entonces, ¿qué es lo que nos quieren decir? Que más allá que sea una acción unilateral, o que se lleve a cabo entre más personas, como en un aula, educarnos nos lleva a fijar nuestros propios límites de libertad, tan cerca o lejos como deseemos. Y más que una acción, es un estilo de vida.
Lo que los autores nos proponen, Freire desde el aula, Dalmasso desde el liderazgo personal, es fomentar la autonomía de las personas, encaminados a la igualdad e inclusión de los individuos en la sociedad. El primero sostiene que enseñar es ayudar a construir un nuevo conocimiento que los alumnos puedan resignificar en una mayor autonomía, y el segundo que debemos liderarnos a nosotros mismos, pensar como nos construimos como líderes de nuestro propio destino, para poder guiar responsablemente a otros seres humanos y a uno mismo (para Dalmasso, condición indispensable).
Plantean la necesidad de sentido (pensamiento) critico, la capacidad de cuestionar paradigmas vigentes, de superar la ingenuidad, a la vez que tomamos conciencia de lo que el medio social nos influye, de los mandatos familiares, de la implicancia de nuestra herencia psíquica y genética, para poder alinear estos factores. El fin es la libre elección de lo que tomamos y dejamos, de ser conscientes de la cantidad de factores que nos condicionan, pero sin permitir que nos determinen. Para poder fomentar ese pensamiento crítico, es fundamental el ejercicio de la reflexión y dejar que la imaginación se ejercite. Freire sostiene que no habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve. Al mismo tiempo que debemos reconocer los límites de los saberes que ingenuamente se construyen a partir de la ideología dominante y que resultan insuficientes.
Para Dalmasso, educar es dar alas de libertad, de pensar y hacer. Y Freire recita: “El educando que ejercita su libertad se volverá tanto más libre cuanto más éticamente vaya asumiendo la responsabilidad de sus acciones. Sólo en el reconocimiento de los límites de la libertad, se justifica la lucha por ella; cuando más se reconozca críticamente los límites de la libertad, habrá también mayor autoridad ética.
Enseñar implica hacer posible que la necesidad del límite sea asumida éticamente por la libertad.” Ambos relacionan la libertad tanto de pensamiento como de acciones, con la responsabilidad que eso conlleva, invitan a asumir el compromiso de nuestros actos, a tener la valentía de pensar diferente, tendiendo a la coherencia entre lo que se dice, piensa y hace, lo que Freire denomina Reflexión crítica de la práctica.
Esto nos lleva a la importancia de comunicarnos bien, de aprender a escuchar, a no descalificar a nadie por no pensar como nosotros, ser empáticos. Si alguien tiene algo que decir, debe saber que no es el único que tiene algo que decir. Y esa no es necesariamente la verdad esperada por todos. Si la estructura de mi pensamiento es la única correcta, irreprochable, no puedo escuchar a quien piensa y elabora su discurso de una manera que no es mía. Debemos saber que no hay observaciones que sean independientes de los observadores, por lo que mi punto de vista es siempre parcial. Por lo que el rechazo definitivo de cualquier forma de discriminación forma parte del pensar acertadamente, de la filosofía de estos autores.
Dalmasso resalta lo fundamental de desarrollar conscientemente los valores, puesto que son ellos quienes guían nuestro transitar en la vida. También sostiene que no existe criterio de verdad, existe un criterio de progreso en la búsqueda de la verdad. Debemos tener conciencia de la precariedad del conocimiento y la imposibilidad de sostener la certeza. Lo que nos lleva al concepto de falibilidad, la cual nos conduce al aprendizaje permanente. Freire, por su lado, toma conciencia del inacabamiento, lo cual implica ser consciente de aquello que es inevitable: la inconclusión, que es propia de la experiencia vital; porque donde hay vida hay inconclusión. La conciencia del inacabamiento es lo que funda la educación como permanente, entonces, la formación como proceso continuo. En el caso de Dalmasso, la búsqueda de la autorrealización desarrollando el potencial que todos tenemos.
Los liderazgos se sustentan en visiones trascendentes y actitudes para la acción, con una visión y misión que trascienda el aquí y ahora. Debemos saber lo que nos es importante, por qué? y para qué? Según Freire, Hay que problematizar el presente y asumir el futuro como problema, reconocer que el mundo puede ser diferente, lo cual requiere de los sujetos el compromiso de la intervención para cambiarlo, dado que estudiar solo para comprender, es insuficiente.
Por último, los autores trabajan mucho la condición humana, pues el ser humano es al mismo tiempo físico, biológico, psíquico, cultural, social e histórico. Que quiere decir esto? Que debemos desarrollar el equilibrio entre los sentidos, disfrutar de las pequeñas manifestaciones para que la vida no pase en vano, aceptarnos como humanos, inacabados e imperfectos. Asumir la vida plena y cuáles son las cosas que a nosotros nos motivan para obtenerla, el cuidado de nuestro cuerpo y fundamental respeto por el otro. Enseñar implica asumir explícitamente los límites de los saberes, su provisionalidad, que la humildad no es servilismo, es reconocer los límites y equívocos, pero también su posibilidad de superación. La tolerancia, implica reconocer diferencias y oposiciones, a la vez que rechazar toda forma de discriminación humana y ofrecer toda la cognoscibilidad para que los alumnos puedan construir las suyas orientados hacia una superación. También enseñar supone enfrentar con alegría la posibilidad de creación de nuevos conocimientos transformadores y la esperanza de construir con ellos alternativas para resistir obstáculos que se oponen a su búsqueda, a su praxis y a la libertad de los alumnos. Buscan que los líderes/estudiantes/profesores sean personas plenas, interesadas, felices, responsables, independientes, libres. Que sean personas y no solo parte de la masa social.
En síntesis, los dos confluyen en educar para para la libertad.

* Paulo Freire, educador Brasileño. Eduardo Dalmasso, educador Argentino.
** MariángelesSangoy. Egresada del Diplomado en Liderazgo Estratégico de la Maestría en Administración. FCFYN de la UNC. Lic en Administración de Empresas

Paulo Freire, “Pedagogía de la Autonomía” –Sao Paulo, 2004. Y Eduardo Dalmasso junto a G. Baena, “Dos miradas, un destino. Innovación holística del liderazgo” – Córdoba, 2018
Dalmasso no usa el termino formación, porque la misma implica trazar la forma o el camino de hacer algo sin juego de alternativas. Pero Freire no usa la palabra en ese sentido, sino en uno mucho más amplio de construcción de la persona, por lo que a los fines del trabajo la voy a usar indistintamente.