Se trastocó la escena política cordobesa

Aunque el “efecto duelo” tal vez contribuya a la reelección del gobernador, muy probablemente se abran otros escenarios de cara a 2023 y a la construcción de una nueva hegemonía.

Por Javier Boher
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políticaEl súbito deceso del ex gobernador De la Sota abrió un gran interrogante de cara al año electoral que se viene. Tal como se preguntaban Los Violadores en su célebre hit “1,2, Ultraviolento”, la política cordobesa no puede dejar de preguntarse “¿y ahora qué pasa, eh?”.
Es difícil saber a ciencia cierta qué caminos se empezarán a definir en los próximos meses. La presencia del exgobernador era importante para las aspiraciones justicialistas de retener la conducción provincial por un sexto período.
Los cálculos políticos no pueden desplazar al duro golpe emocional que representa la desaparición física del verdadero aglutinador del peronismo de Córdoba, acaso el creador del peronismo mediterráneo como actor de relevancia en la política nacional. Independientemente de que Unión por Córdoba haya perdido a su jugador más valioso, el dolor de los que lo conocieron y lo acompañaron es un elemento fundamental para diagnosticar las chances electorales para el año próximo.
En ese sentido, no se puede subestimar el “efecto duelo” que pueda traer aparejado el triste final de De la Sota. Pese a que estaba decidido a ir por la presidencia, su contribución a la reelección del gobernador Schiaretti era fundamental, algo que igual podría lograr de manera póstuma: a la elevada estima que tiene la gente respecto a la gestión schiarettista se le debería sumar el envión anímico del recuerdo de un dirigente tan estimado como el exgobernador. Siguiendo ese razonamiento, por propiedad transitiva y acción de la nostalgia, su pareja política de décadas podría capitalizar el carisma del difunto para respaldar su propia imagen de gestor.
Ya que -por la suma de todos estos factores- el actual gobernador tiene altas posibilidades de retener la gobernación, la discusión no se debe concentrar solamente en lo que viene en 2019, sino en el más lejano escenario de 2023.
Aunque sus opositores no puedan dejar de pensar en el año próximo, los aspirantes a la sucesión ya deben empezar a trazar estrategias a largo plazo, máxime habiendo desaparecido uno de los padrinos más poderosos en el peronismo de Córdoba.
En ese sentido, la elección de un vice gobernador para Schiaretti se convierte en un escenario complicado. La restricción respecto a las posibilidades electorales a futuro de quien decida secundarlo (un condicionante que funcionó maravillosamente bien para desalentar a las segundas líneas a que intenten romper el sólido armado) posiciona la incógnita en un futuro en el que el agotamiento peronista del ciclo sería patente.
Ese escenario plantea una presión adicional para los que aspiran a renovar el color político en la conducción de la provincia. Mario Negri, el elegido del presidente, tiene la más alta intención de voto dentro del espacio opositor provincial. Esto no le garantiza nada, porque el poder del aparato reside en otro aspirante.
Generacionalmente, Negri está ante su última oportunidad de llegar a la gobernación, algo imposible si su partido no lo acompaña orgánicamente. Es ese, tal vez, el mejor escenario para Ramón Mestre.
Una candidatura de Negri le daría la posibilidad de elegir a un mestrista puro para la intendencia capitalina, a la vez que allanaría su camino para ser el candidato en 2023. Sería algo parecido a lo que hizo entre 2007 y 2011: centralidad política sin el costo de gestionar.
El fallecimiento de De la Sota trastocó la ubicación de las fichas para lo que viene. El partido pierde a su hombre más importante, el verdadero creador del fenómeno peronista cordobés. Las internas se aplacarán al menos algunas semanas, pero el tiránico paso del tiempo los pone ante un futuro complejo y concreto, pero sin sucesores claros.
Por eso, tal vez la muerte de De la Sota signifique pisar con Schiaretti el último peldaño del ciclo de Unión por Córdoba. Y con ello, el nacimiento de una nueva hegemonía política que venga a cambiar el color de la conducción de la provincia.