Se fue un grande

A lo largo de sus 68 años de vida, convivieron en él la persona y el sujeto histórico. La persona era alguien de trato afable, seductor, perseverante, culto, arrojado. El protagonista tuvo alta gravitación en la vida política cordobesa y nacional durante varias décadas. En su provincia alcanzó su mayor logro, alcanzando tres veces la gobernación de Córdoba.

Por Esteban Dómina

de la sotaLa prepotencia de la muerte se hizo presente una vez más, implacable, llevándose un protagonista de su tiempo, truncando sus sueños.
José Manuel de la Sota se preparaba para volver al ruedo político con renovados bríos para intentar, por fin, concretar el sueño acariciado desde hacía años: llegar a la presidencia de la Nación. Seguramente no como una veleidad personal, sino como remate de la vocación intensa por la suerte de su país y su pueblo que lo caracterizaba.
Sin embargo, el destino dijo no.
A lo largo de sus 68 años de vida, convivieron en él la persona y el sujeto histórico. La persona era alguien de trato afable, seductor, perseverante, culto, arrojado. El protagonista tuvo alta gravitación en la vida política cordobesa y nacional durante varias décadas. En su provincia alcanzó su mayor logro, alcanzando tres veces la gobernación de Córdoba.
En la Nación, hasta el momento de su muerte, la suerte le había sido esquiva. Fue uno de los principales articuladores de la Renovación que sacó a flote al peronismo en su peor momento, tras la drástica derrota de 1983, reponiéndolo en el centro de la escena nacional. Sin embargo, no pudo cobrar ese crédito en 1988 —precandidato a la vicepresidencia—, en 2003 —precandidato presidencial—, ni en el 2015, otra vez candidato a la presidencia.
La muerte lo sorprendió cuando estaba rearmando su bagaje personal y político para volver a intentarlo si las circunstancias se lo permitían.
Aún el impacto de la tragedia ocurrida en la autovía Córdoba Rio Cuarto está demasiado fresco como para ensayar el juicio histórico, que decantará con el paso del tiempo, cuando se asiente la percepción colectiva de su paso terrenal.
Pero una cosa es innegable: José Manuel de la Sota supo ganarse el corazón de la militancia y dirigencia peronista, el respeto de sus circunstanciales adversarios y el reconocimiento de buena parte de la sociedad argentina.
Se fue un grande.