El sueño presidencial, presente hasta el último día

José Manuel de la Sota intentó llegar a la Casa Rosada en repetidas oportunidades. En los últimos tiempos, trataba de articular las distintas variantes del peronismo detrás de su candidatura presidencial. Su fallecimiento producirá un impacto importante en el rompecabezas nacional.

Por Salvador Santos

La siempre complicada geografía del justicialismo nacional era un territorio donde José Manuel de la Sota se movía como un verdadero especialista. Desde la apertura democrática, fue un actor clave en cada instancia de la pelea por el Sillón de Rivadavia.
Sin embargo, la proyección nacional de su figura fue una tarea compleja para el ex gobernador de Córdoba. El devenir de la política lo colocó varias veces en el centro de la escena, pero nunca consiguió formar parte de una fórmula presidencial del justicialismo.
Su definitivo ingreso a la primera línea de la dirigencia nacional del peronismo tuvo lugar en la década del 80. José Manuel de la Sota empezaba a consolidar su liderazgo en Córdoba y, al mismo tiempo, se enrolaba en la corriente renovadora del justicialismo.
Formó parte de la generación que planteó una modernización de las estructuras del peronismo y su actualización ideológica para adaptarlas a la novel democracia inaugurada en 1983. Junto a dirigentes como Carlos Grosso y José Luis Manzano, integró el grupo conocido como “jóvenes turcos” que acompañaba a Antonio Cafiero en su pelea contra la ortodoxia del PJ, liderada por Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias.
La pelea interna del peronismo había producido rupturas inéditas. Tanto Cafiero como De la Sota se habían visto obligados a concurrir a elecciones por fuera de las listas oficiales del partido ante la intransigencia de los ortodoxos. La madre de todas las batallas se produjo el 9 de julio de 1988.
En aquellas históricas elecciones internas, José Manuel de la Sota secundó a Antonio Cafiero en la fórmula presidencial que enfrentó a Carlos Saúl Menem y Eduardo Duhalde. El triunfo del riojano sepultó las aspiraciones de los renovadores.
Sin embargo, la “Renovación” ganó en cuatro distritos del país. Uno de ellos fue la provincia de Córdoba donde De la Sota se jugaba, en paralelo a la pelea nacional, su primacía partidaria. Su debut en la primera línea nacional fue agridulce, pero lo consolidó como un dirigente ineludible.
Durante el menemismo, fue embajador en Brasil y luego senador nacional. En 1999 logró el sueño de convertirse en gobernador de Córdoba y, a partir de ese momento, comenzó a madurar la estrategia para volver a las grandes ligas de la política.
En 2003 pareció llegar su momento. Luego de la crisis de 2001 y el gobierno de transición de Eduardo Duhalde, De la Sota surgía como el postulante más importante que podía exhibir el justicialismo a nivel nacional.

José Manuel de la Sota y Antonio Cafiero en la fórmula presidencial que enfrentó a Carlos Saúl Menem y Eduardo Duhalde en campaña 1988.

Duhalde le ofreció el apoyo del entonces todopoderoso aparato del peronismo bonaerense. El cordobés empezó a recorrer el país para darle cuerpo a su candidatura. La inestabilidad política, la feroz interna del justicialismo que no podía encuadrar a todos sus postulantes en una misma estructura y las dificultades para instalar su imagen fuera de las fronteras cordobesas hicieron naufragar el proyecto. De la Sota decidió volver a su provincia y esperar mejor suerte.
Néstor Kirchner fue designado en su reemplazo y allí inició un período que duraría más de una década. De la Sota amagó con emprender una nueva aventura presidencial. “Con Daniel (Passerini) vamos a recorrer la provincia y el país, desde el 2009. El país necesita del aporte de dirigentes con experiencia y yo estoy dispuesto a afrontar el desafío de gobernar el país”, decía el ex gobernador en aquel momento.
Nuevamente el proyecto quedó trunco. El cordobés iba a tener que esperar a que la experiencia kirchnerista entrara en fase descendente. Mientras tanto, se concentró en defender su territorio de lo que fue un verdadero asedio dirigido desde la Casa Rosada.
La chance se presentó nuevamente en 2015. De la Sota enhebró un acuerdo con el Frente Renovador encabezado por Sergio Massa y constituyó Unidos por una Nueva Alternativa (UNA). Al mismo tiempo, formalizó su intención de competir con el tigrense por la candidatura presidencial de la coalición.
En las PASO, Massa obtuvo un 14,3% de los votos y De la Sota un 6,2%. Nuevamente se alejaba el sueño presidencial pero el cordobés revalidaba títulos en su provincia siendo el candidato más votado.
En los últimos meses, De la Sota había empezado a intensificar su actividad política. Su intención de ser candidato a presidente era un secreto a voces en la política. Protagonizaba visitas relámpago a localidades del conurbano bonaerense y estaba a punto de debutar como conductor de su propio programa de televisión.
Su plan consistía en aparecer como un candidato que contenga a todas las sensibilidades del peronismo nacional. Estaba convencido de que Cristina Kirchner no sería postulante en 2019 y apostaba a contener a los dirigentes que la acompañan. La provincia de Buenos Aires era su obsesión.
Este regreso quedó trunco en la noche del sábado. La política nacional quedó sin uno de sus principales animadores y no podremos saber que hubiera pasado si De la Sota cumplía su sueño presidencial.
Para algunos, Argentina se queda sin un dirigente que se merecía ser presidente. Para otros, De la Sota fue “demasiado cordobés” para sentarse en el Sillón de Rivadavia. Como sea, la política nacional sentirá el vacío.