El delasotismo sin De la Sota

La partida repentina del ex gobernador deja en orfandad a un sector del peronismo cordobés que ahora deberá rebuscársela para encontrar su lugar en el mapa interno.

Por Yanina Soria
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de la sotaEl fin abrupto e inesperado del ex gobernador José Manuel de la Sota sacudió el tablero de la política local y nacional. Por estas horas, todo es zozobra, dolor y pesar en su entorno, sus adeptos y dentro del peronismo, pero también en muchos de sus detractores que tras conocida su muerte sólo tuvieron palabras de elogios para el tres veces mandatario provincial, destacando su rigor y voracidad política.
Sin embargo, cuando el efecto anestésico que generó la noticia comience a bajar y cese el estado de shock en el que dice estar la mayoría de los dirigentes, recién ahí habrá lugar para calibrar el peso real de su pérdida dentro del PJ. Sobre todo, en el peronismo cordobés que acaba de perder a uno de sus dos caudillos, al creador de la exitosa marca Unión por Córdoba, quedando la jefatura sólo en manos de Juan Schiaretti. Y quizá, acelerando ahora el proceso de renovación generacional.
¿Hay vida para el delasotismo sin De la Sota? ¿O acaso el instinto de supervivencia primará y su dirigencia terminará por fusionarse con el schiarettismo? ¿Hay herederos políticos?
Esos son sólo algunos de los interrogantes que comenzarán a escucharse entre los delasotistas. Es que si bien por un tiempo habrá un PJ cordobés unido por la tragedia, amigable y fraterno, el pulso propio de la política no da margen para lutos extensos y, por el contrario, demanda pragmatismo.
Por eso, con el reloj electoral corriendo y con algunos delasotistas jugando claramente en la cancha, como por ejemplo el legislador Daniel Passerini y Natalia De la Sota trabajando por la sucesión en la ciudad, indefectiblemente el tablero justicialista local demandará un reacomodamiento de los tantos.
Aún es prematuro sentenciar verdades, pero la realidad es que cuando llegue el momento de armar la oferta electoral de UPC para el 2019 y negociar los lugares en la boleta, en la mesa de discusión faltará una pieza clave. Nunca más Schiaretti contará con su amigo y socio político para definir estrategias. El gobernador, emocionado hasta las lágrimas, lo despidió ayer y dijo que su amigo “ahora está en el cielo”.
Recuerdan desde el entorno de ambos que la última vez que se vieron fue el 7 de junio en el Panal donde el actual mandatario le comunicó su voluntad de ir por la reelección el año que viene mientras que el ex embajador de Brasil ratificó la decisión de subirse a la escena nacional.
Aunque la relación política a lo largo de estas décadas atravesó momentos de tirantez, ambos supieron superar las diferencias para garantizar el éxito de la sociedad que les permitió ocupar, de manera alternada, casi un cuarto de siglo en el poder provincial.
Lo cierto es que una parte de la dirigencia delasotista no sólo estaba al tanto de todos y cada uno de los proyectos iniciados por el cacique del PJ, sino que además, muchos de ellos, estaban retomando el armado nacional que De la Sota había diagramado.
Hábil e innovador, con un olfato político como pocos, el creador de la casa de ropa “El Hombre” pensaba en un proyecto de construcción de unidad nacional, que reconcilie a los argentinos.
Esperaba ser el vínculo de acercamiento entre el ala del peronismo reticente a contemplar a los K en el armado de cara al año electoral y aquellos, como él, que entendían que sin Cristina Fernández de Kirchner adentro, sería imposible destronar a Macri. Aunque, también aclaraba que eso no significaba que la ex presidenta sea la candidata.
Con la premisa de ampliar la base del PJ, así se arrimó al cristinismo justo en momentos en que la Justicia comenzó a desandar el hilo de las coimas K, y aceitó vínculos con dirigentes del PJ nacional. Desembarcó en el conurbano de la mano de “los curas villeros” y se aprestaba a lanzar el 5 de octubre su propio ciclo televisivo. Justamente mostrando y contando historias superadores y no enfocado desde la crítica.
De la Sota partió dejando inconcluso el proyecto personal que lo obsesionaba: llegar a la presidencia. Pero sobre todo, se fue provocando una orfandad en un sector del peronismo que ahora deberá rebuscársela para encontrar su lugar en el mapa interno.