La soja, el elector impensado en Marcos Juárez

Pedro Dellarossa nunca imaginó esta situación. Cuando decidió buscar su reelección, hacia comienzos de año, Cambiemos estaba en la cima del mundo.

Por Pablo Esteban Dávila

Pedro Dellarossa nunca imaginó esta situación. Cuando decidió buscar su reelección, hacia comienzos de año, Cambiemos estaba en la cima del mundo. El presidente había ganado las legislativas y el gobierno parecía fortalecerse día tras día. Con las elecciones de Marcos Juárez como único compromiso electoral en todo el país, el intendente se imaginaba a sí mismo como el profeta del oficialismo. Ahora todo se encuentra patas para arriba.
A la crisis económica, de por sí compleja y de consecuencias imprevisibles, en Marcos Juárez se vive con profunda preocupación el inminente anuncio sobre la reinstalación de las retenciones a las exportaciones de los cultivos que habían sido exceptuados y el incremento de las que todavía pesan sobre la soja. A Mauricio Macri le dolerá hacerlo (él se había comprometido a eliminarlas gradualmente) pero no tiene muchas alternativas a su alcance. Argumentará que el nuevo valor del dólar justifica este retroceso y que el sector agropecuario es el más favorecido por el actual tipo de cambio.Sus banderas políticas comienzan a ser arriadas con prisa y sin pausa.
El razonamiento no encontrará una recepción cordial en los dominios deDellarossa. En 2014, la ciudad fue presentada como el portaestandarte de una tendencia irrefrenable. La victoria de Cambiemos otorgó el certificado político que Macri necesitaba para demostrar que era mucho más que el líder de una fuerza vecinalista.Además, el hecho de que su candidato fuese más del PRO que del radicalismo, imprimió a aquel triunfo de una épica especial, posteriormente aprovechada a destajo por el equipo de campaña de la coalición. Este imaginario fundacional corre el riesgo de derrumbarse.
El intendente intuye que nada bueno ha de suceder en el país durante los próximos días, por lo que ha decidido blindarse. Prohibió expresamente que ningún funcionario nacional lo visitase y municipalizó su estrategia tan pronto advirtió que la crisis transformaría a sus antiguos héroes en los actualesvillanos.Ayer cerró la campaña con un mensaje minimalista, lejos de cualquier epopeya transformadora. Sólo pidió un apoyo a su gestión, como si todo el ecosistema político que rodea al eventose redujera a una simple disputacomarcal.
Claro que no lo es. Más allá de la volición dellarossista, el próximo domingo el país electoral estará pendiente de lo que suceda en Marcos Juárez. Si el intendente triunfa, los observadores reconocerán el oportunismo de su blindaje, pero, de perder, los señalamientos caerán sobre Macri. Es obvio que la Casa Rosada no necesita de otra mala noticia; sobre los hombros de Dellarosa pesa una responsabilidad que jamás soñó tener.
Del otro lado de la vereda, esto es, de Unión por Córdoba, los pesares del oficialismo se viven conexpectativas recíprocamente inversa.A diferencia de la vicepresidenta Gabriela Michetti o del ministro del interior Rogelio Frigerio -ambos ausentes a petición de parte- Juan Schiaretti se mostró en la ciudadcon particular regocijo. Pretextando la inauguración de un Centro Cívico, respaldó a su candidatoEduardo Foresiy se regocijó con los logros de su administración. Muchos de sus funcionarios fatigarán la ciudad durante esta semana. Es evidente que el gobernador no sufre los problemas del presidente. Cuanto más seprovincialicela campañalocal, tanto mejor para sus propósitos.Sabe mejor que nadie que, en las comparaciones, corre con ventaja.
De cualquier manera, y dado que, en rigor, en Marcos Juárez comenzó la marcha del macrismo hacia el poder, es inevitable no detenerse en la parábola que, cuatro años después, estos comicios entrañan.
Más allá de las calidades personales de Dellarossa, es inevitable suponer que, en 2014, el electorado de la ciudad decidió enviar un mensaje al entonces gobierno kirchnerista: “basta de meterse con el campo”. Al tope de la agenda regional se encontraban las retenciones a la soja, el yuyo maldito de Cristina Fernández.
Si Macri decide retrotraerlas a los valores heredados desde la administración del Frente para la Victoria, el yuyovolverá a reclamar su cuota de maldad. Pero con un agravante: lo hará con aquellos que juraron no volver a molestarlo con gabelas distorsivas. Como ocurre con los amantes despechados, es probable que la virulencia del reproche sea mayor que el obsequiado durante los años de destratos sufridos a manos de Néstor Kirchner y su esposa. La gran pregunta es si Dellarossa será el chivo expiatorio de la reacción que se espera y si la soja se transformará en el elector impensado de estas municipales.
La resurrección de las retenciones habrá demostrado, asimismo, algo que se suponía que no debía suceder: que el gobierno no tiene política económica. No es sólo un retroceso, sino una definición de principios. Obstinado, en su momento, en negar la necesidad de hacer un ajuste con todas las de la ley, el presidente puede que termine desmontando lo que, con la alegría y los globos tan típicos de Cambiemos, realizó en la primera mitad de su gestión. Marcos Juárez será, de verificarse estas presunciones, tanto el principio como el fin de la ilusión amarilla, al menos en lo que a su base electoral agropecuaria refiere.
No obstante estas variables de consideración inevitable, debe siempre recordarse que, en definitiva, se trata de elegir un intendente. El electorado, en este sentido, es más inteligenteque los expertos suponen que es. Aunque es altamente posible que muchos marcosjuarenses se encuentren molestos con el presidente (y que tal vez lo estén en mayor medida a partir de hoy), no siempre un enojo de características macro sea catalizado a través de su representante municipal. La gestión de Dellarossa tiene méritos como para reclamar un nuevo voto de confianza, y esta puede ser su carta de triunfo. Pero es innegable que el entorno nacional no colabora, y que sus opositores le enrostrarán la contradicción de haber apoyado a un candidato que, luego de todo lo que prometió hacer para la pampa húmeda, ahora debe desdecirse de sus propuestas sin otro recurso a mano que reconocer la propia torpeza.
Finalmente, una observación postrera: esta vez, Macri necesita a Dellarossa más de lo que el intendente lo necesita a él. Un triunfo en Marcos Juárez traería alivio político a una administración jaqueaday en crisis, un triste recordatorio que, en política, nada es para siempre y que los cambios suelen ser más efímeros de lo que sus mentores preferirían suponer.¿Dudas al respecto? Preguntarle a la soja.