Rebeldes buscan objetar protegida de UTA nacional

La actual delegada de Ersa, Carla Esteban, estará al frente del gremio de los choferes de Córdoba por decisión del interventor Jorge Kiener.

Por Yanina Passero
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Carla Esteban será la primera mujer que ocupará un rol central en el poderoso gremio de los choferes de todo el país. Apenas se consume la elección interna prevista para el 18 y 19 de octubre, quedará consagrada como la secretaria general de la contestataria seccional cordobesa hasta 2022.
Su mentor, el interventor de la UTA local, Jorge Kiener, le entregó un voto de confianza que debería ahorrarle los dolores que experimentó por revueltas de afiliados y dirigentes. Con la venia a la actual delegada de Ersa, anexó un blindaje total que tendría que garantizarle el éxito de su futura gestión. Esto significa no sólo un respaldo político, sino también asesoramiento permanente.
El también secretario de Interior de la central que lidera Roberto Fernández aseguró que la designación de Esteban en la cúspide de la boleta se ajusta a las normativas internas de UTA. La aseveración responde a la jugada que preparan los últimos rebeldes del gremio de los conductores del transporte urbano, varios de ellos miembros de la junta normalizadora que colaboró con la intervención desde el paro de junio pasado, que terminó con un saldo de nueve días sin servicio y casi dos centenas de empleados despedidos.
Según trascendió, referentes sindicales que hicieron los deberes para merecer un espacio de poder en la refundación de la UTA Córdoba mantuvieron consultas con especialistas en derecho laboral y sindical apenas se oficializó la lista que lidera Esteban el pasado viernes y que fue adelantada por este medio en su edición del pasado jueves. El objetivo es derribar con una impugnación la decisión de la mesa chica de Fernández.
Sólo 72 horas tienen para ejecutar el plan que, de antemano, es altamente probable que no prospere. Kiener dice tener controlada cada una de las variables para cerrar el ciclo de saneamiento interno con éxito. Pero, la contra, insiste con que la designación de Esteban hace agua en la interpretación estricta del estatuto.
UTA exige a los potenciales secretario generales de su entidad tener o haber tenido un cargo electo (integrante de comisión directiva o delegado). Esteban cumple con el requisito: debutó en la actividad gremial el 12 de julio de este año en los comicios de Ersa que se llevaron adelante sin opción opositora. Si bien la futura mandamás de la UTA local carece de experiencia, este no sería un motivo para objetar la boleta.
La estrategia de los heridos del sindicato apuntará, entonces, al tiempo mínimo exigido de afiliación para competir por cargos electivos dentro de una organización. La ley de Asociaciones Sindicales y el reglamento de UTA fijan un piso de doce meses de antigüedad. Como también se señaló desde estas páginas, Esteban fue despedida por el intendente Ramón Mestre luego de la huelga salvaje de 2017. Integró el lote de 66 trolebuseras de Tamse desvinculadas como medida coercitiva para desactivar una protesta sindical que, como se comprobó más tarde, fue producto de las mezquindades de unos pocos.
Su condición de exempleada de la empresa estatal duró cinco meses. Luego, fue recontratada por la transportista correntina tras gestiones de los interventores Kiener y Luis Arcando. En noviembre de 2017, Esteban recuperó su puesto como ocurrió con la mayoría de los despedidos, tiempo después.
Desde UTA Nacional contestan: su candidata es afiliada desde hace 12 años y, afirman, no interrumpió el pago de la cuota sindical pese a haber sido despedida por el directorio de Tamse. Quienes la impugnan se aferrarán a los cinco meses que duró su cesantía para bajarla del puesto.
Pero lo cierto es que para escenificar su descontento deberán esperar un poco más. Si su plan fracasa y la renegociación de candidaturas no sucede, militarán para que la baja participación en las urnas sea un hecho. La lectura es simple: voto en blanco o ausentismo debería instalar el mensaje que la lista de Kiener tiene un bajo nivel de representatividad.
Poco ha importado el dato en la renovación de delegados reciente. Sobre un padrón de 400 empleados en Aucor, sólo 88 participaron de los comicios; y, en Tamse, los delegados se consagraron con el 15% de las adhesiones de la plantilla total de la empresa. La foto se repitió en Ersa donde sólo 130 agentes votaron de 1.800 y ahora exporta la próxima autoridad sindical.