El Concejo tiene desfasado el calendario

Sea por dedicarle tiempo al viaje hasta Empalme o para que no los tilden de oportunistas, los ediles esperaron casi un mes para repudiar las amenazas al presidente.

Por Javier Boher
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El sentido de la oportunidad no abunda en la población. Es que no todo el mundo tiene la fortuna o la habilidad de aprovechar el momento. Por eso los políticos que pueden hacerlo son aquellos que logran posicionar su figura en la consideración de la gente.
Ayer hubo sesión del Concejo Deliberante en su faceta itinerante, cuando sacan a pasear a los concejales por el territorio capitalino con la intención de que se acerquen a la realidad de los barrios o que los vecinos los vean pasar a lo lejos como a los jugadores de la selección, porque la seguridad hace que sean difíciles de alcanzar por el ciudadano de a pie.
Las últimas semanas estuvimos hablando del rol de los diputados y los senadores, todos horrorizándose por la calidad de los legisladores que llegan al recinto a hacer las leyes. Tal vez reaccionen de ese modo porque no suelen reparar en la élite legislativa de la docta, que ha dado sobradas muestras de regirse por estándares inferiores a los de su contraparte nacional.
Por esa cuestión de la oportunidad, nuestro honorable Concejo decidió repudiar los dichos de Luis D’Elía… del pasado 26 de julio. Hace exactamente tres semanas que el dirigente piquetero sostuvo que se debía fusilar al presidente en Plaza de Mayo. El delay responde a los misterios de la naturaleza, habida cuenta de que es difícil entender la razón de la demora.
Quizás la concejal Sesma quiso esperar hasta ahora para que no le digan que era una oportunista. Todos saben que a los socialdemócratas (tal el nombre de su bloque) no les gusta que los tilden de pragmáticos. Son los románticos institucionalistas que pretenden resolver los problemas de la humanidad desde el diálogo y la negociación, aspectos ideales que chocan con la carnicería de la política en la trinchera.
Tal vez los concejales no podían encontrar el lugar del CPC Empalme y por eso llegaron tarde a tratar el tema (junto a algún otro un poco más actual que involucra la relación con la provincia). Tal vez lo que los demoró en llegar fue el tráfico -que con las obras está terrible- o alguna protesta de cualquier grupo que está descontento con cualquier cosa (como está de moda últimamente).
Tal vez sea esa vocación de debatir, opinar y legislar desfasados de lo que sucede en el mundo real lo que los hace llegar siempre tarde a todos lados. La parsimonia de los ediles refleja parte del dinamismo que ha perdido nuestra ciudad, que hace ya un tiempo que está bastante achanchada.
Cómo será que llegaron tarde a discutir el tema que desde entonces hasta ahora ya pasó el vendaval de la discusión por el aborto mientras se sigue desarrollando el escándalo por los cuadernos. ¿Quién puede estar tan pendiente de lo que dijo hace casi un mes un ser tan absolutamente periférico como Luis D’Elía?.
No afecta a la ciudad, no afecta a la provincia, no afecta a los concejales, no afecta a nadie. Ya el gobierno nacional le sacó el jugo que le quedaba jugando a victimizarse en medio de la tormenta económica. Los dichos carecen por completo de actualidad.
Por eso se deben rescatar las palabras del concejal Dómina, que con bastante tino y corrección les dijo a sus compañeros que si seguían discutiendo cada pavada que se dice en los medios no terminarían nunca (y acá yo agrego que quizás eso es lo que hacen siempre y por eso no terminan nunca de definir qué ciudad quieren). También dejó en claro que el piquetero es detestable y les pidió a todos avanzar en lo que realmente vale la pena (y que si hubo algún delito recurran a la justicia).
El retraso (en algunas de sus múltiples acepciones) de nuestros concejales explica acabadamente la desconexión entre lo que hacen en el recinto (el propio o el de ocasión) y lo que le pasa a la gente. Dedicarle tiempo a los viejos dichos de uno que está perdido por la deriva del kirchnerismo, demuestra que lo que mejor les sale a nuestros ediles es perder el tiempo mientras todo en la ciudad va flotando a la deriva.