Los acorralados agitan cepo y corralito

El mensaje del Ministerio de Hacienda en el que se comunicó que se instruyó al BCRA para que dejara de vender dólares liberó a la horda opositora que asustó con cepo y corralito.

Por Javier Boher
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Por más que la gente nos quiera hacer creer lo contrario, el comportamiento humano no es tan natural como parece. De hecho, muchas veces debemos hacer un esfuerzo intenso, comprometido, para actuar según lo que nos enseñaron que era lo correcto. Decir la verdad, por ejemplo, cae en ese conjunto de actitudes intencionales.
Ayer se armó un revuelo por el mensaje del Ministerio de Hacienda en el que se comunicaba que se había instruido al BCRA para que dejara de vender dólares. Un anuncio escueto que, descontextualizado, se multiplicó a través de las redes de las formas más extrañas.
Hay que reconocer que, para economizar palabras, ajustaron la escritura y dejaron muchos espacios vacíos que la gente se dispuso a rellenar con diversas teorías. Eso de que “comunican mal” sigue poniendo nerviosa a la gente y dándoles de comer a los oportunistas, especialmente cuando se habla de un tema tan sensible como la economía.
Es que, para ser sinceros, el funcionamiento de la misma permanece como un misterio para la masa capaz de concebir la ilusión de comprar en cuotas como sinónimo de riqueza. La complejidad de los mecanismos a través de los cuales se conduce la economía de un país contribuye a que la gente sólo mida lo que pasa siguiendo el precio de la nafta o la carne.
En esa ignorancia masiva se debe contextualizar el anuncio de ayer y las repercusiones que tuvo con el paso de las horas. Las interpretaciones que brotaron desde el kirchnerismo dejaron pasmados a los analistas más serios. Es que plantean una disyuntiva preocupante: ¿buscaron generar zozobra o simplemente desnudaron ignorancia?.
Si fuese el primer caso, que busquen prender fuego todo resultaría algo medianamente esperable. Ya intentaron varias operaciones de prensa para golpear al gobierno, algunas veces con más fuerza y otras menos. Aunque desde múltiples ópticas pueda ser interpretado como una bajeza, puede ser comprensible desde nuestra primer idea, aquella de que hacer las cosas como corresponde implica, necesariamente, la voluntad de hacerlo así.
Por supuesto que esa actitud oportunista despierta la intolerancia de los que -sabiendo las burradas que los opositores propagaron por las redes- no conciben que se pueda proceder de una forma tan tosca respecto a cuestiones tan sensibles.
Otros decidieron interpretar los tuits de Juliana Di Tullio o Aníbal Fernandez con mucha más tranquilidad y restándole dramatismo. Para ese grupo, la mala interpretación de la decisión se debió a una cuestión propia de un arrebatadismo ideológico que los condicionó en su facultad para comprender textos y acrecentó su incapacidad absoluta para entender cuestiones económicas.
Así, para los serenos intérpretes de los problemas cognitivos del kirchnerismo residual, todo se reduciría a una cuestión básica de libido política e ignorancia económica. Si no es desde ese lugar no se entiende que hayan sido capaces de impulsar la idea de que volvían el cepo o el corralito.
Además sorprende que se hayan expresado así cuando gobiernos que ellos integraron fueron capaces de implementar dichas medidas, Aníbal siendo funcionario del gobierno pesificador compulsivo de Duhalde y Di Tullio siendo cara fuerte del kirchnerismo capaz de escrachar en cadena nacional al famoso “abuelito amarrete”.
Aunque sus afirmaciones puedan responder a un impulso visceral por la nostalgia del poder perdido, también es cierto que pueden derivar en un shock de desconfianza o una corrida que en la fragilidad del contexto internacional haga volar todo por los aires.
Por eso, partiendo de aquella premisa de que obrar mesuradamente es una actitud consciente, esos dichos deben ser interpretados como algo más allá que un simple desliz. Tal vez sea porque, mientras los arrepentidos sigan tan diligentes, en el kirchnerismo duro se imaginan un futuro poco feliz.