El kirchnerismo golpeado y la estrategia de De la Sota

Las denuncias de corrupción que nuevamente ponen en jaque al kirchnerismo tienen un efecto ambiguo en la estrategia del ex gobernador. Si bien debilitan una eventual candidatura de Cristina, también alejan el proyecto de unidad del peronismo.

Por Salvador Santos

El estallido del escándalo de los cuadernos obligará a todos los jugadores del ajedrez peronista a ajustar sus movimientos. José Manuel De la Sota es uno de los más experimentados y su estrategia depende de la magnitud del impacto que este episodio tenga sobre sus eventuales socios políticos.
En el archipiélago peronista aparecen dos territorios bien definidos: el peronismo federal, dirigido por Miguel Ángel Pichetto y los gobernadores provinciales, y los sectores que permanecen alineados con la ex presidenta Cristina Kirchner.
Los primeros parecen decididos a cortar todo tipo de amarras con el kirchnerismo. La jugada apuesta a un esquema de tercios en el que un candidato insospechable de simpatías con la ex presidenta pase a una eventual segunda vuelta contra el candidato de Cambiemos.
De esta manera, podrían apostar a polarizar con el oficialismo y contener a los votantes opositores sin la molesta compañía de los dirigentes de Unidad Ciudadana en las listas. Obviamente, para lograr este objetivo tienen que conseguir un postulante con posibilidades ciertas de quedar entre los dos más votados en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
En el otro rincón, se agrupan los kirchneristas duros que prefieren concurrir a la elección con listas propias por fuera del viejo justicialismo. Su jugada implica consolidar Unidad Ciudadana como una nueva coalición que sustituya al peronismo tradicional. La apuesta de fondo es idéntica a la de sus adversarios: lograr entrar a la segunda vuelta y polarizar con Cambiemos conteniendo a toda la oposición.
Esta jugada depende, en gran medida, de que Cristina Kirchner encabece la fórmula presidencial. No aparece en el horizonte ningún candidato que pueda suplir a la ex presidenta en la tarea de aglutinar el núcleo duro de sus votantes.
En una tercera posición aparecen algunos referentes históricos del justicialismo que se ubican en los márgenes de ambos sectores. Alberto Rodríguez Saa, Felipe Solá, el gobernador sanjuanino Sergio Uñac y José Manuel De la Sota son algunos de quienes sostienen que la disputa por el liderazgo del peronismo tiene que producirse antes de la primera vuelta electoral.
La hipótesis inicial de estos dirigentes es que no hay posibilidad de enfrentar a la coalición gobernante concurriendo en listas separadas. Según esta visión, el oficialismo podría triunfar en primera vuelta si no hay unidad de las expresiones peronistas o, en su caso, aglutinar votos del sector que quedara excluido en la segunda.
En función de esta teoría, estos referentes se ofrecen como los candidatos de unidad de todas las expresiones que reconocen una raíz en el justicialismo. Por esto, el ex gobernador cordobés comenzó una recorrida de reuniones y contactos con sectores ligados al kirchnerismo para aflojar las resistencias producto de años de desencuentros. La intendenta matancera, Verónica Magario, el lomense Martín Insaurralde y el mismísimo Máximo Kirchner fueron algunos de los entrevistados por De la Sota.
Obviamente, la segunda condición para que la hoja de ruta del ex gobernador tenga sustentabilidad política es que Cristina Kirchner no sea candidata a presidenta. A diferencia de lo que afirman dirigentes como Miguel Ángel Pichetto y Carlos Caserio, De la Sota cree que es posible despejar esta posibilidad si se elabora una propuesta razonable que contenga a quienes hoy se encolumnan en Unidad Ciudadana.
En ese marco, el escándalo de los cuadernos aparece como un factor ambiguo. Por un lado, puede dejar fuera de carrera definitivamente a Cristina Kirchner a partir de su propia situación judicial. Si eso ocurriera, la orfandad en la que quedarían quienes hoy se alinean tras su candidatura haría más sencilla una negociación política para incorporarlos en un armado del que no podrían aparecer como protagonistas. Esto sostienen quienes pretenden persistir en el plan de unidad del peronismo.
Otros, más cercanos al razonamiento de los gobernadores peronistas, creen que el impacto de los escándalos de corrupción no afectará solo a la ex presidenta sino que se derramará hacia sus adláteres más visibles.
En ese marco, compartir listas con dirigentes de segunda línea que aparezcan relacionados con Cristina haría imposible convencer a los sectores del peronismo que, si bien están descontentos con el gobierno nacional, rechazan fuertemente al kirchnerismo.
José Manuel de la Sota pondera estos dos análisis para decidir si mantiene su plan original. Hacia fin de mes planea una nueva incursión en el complicado espinel del justicialismo. En esos días, el peronismo federal prepara su presentación nacional con todos los precandidatos presidenciales que se reconozcan en su espacio. Queda poco tiempo para la especulación.