Desórdenes de 1898 en el Correo (Primera Parte)

Una denuncia del diario La Libertad ponía en alerta sobre el funcionamiento de un servicio vital para la comunicación, a solo dos años del mil novecientos. En la oficina cordobesa imperaba el desorden.

Por Víctor Ramés

En una nota anterior fue traído a la memoria cierto escándalo ocurrido en la oficina de Correos y Telégrafos de Córdoba, en el año 1900, que le costó sanciones a un grupo de empleados. Dos años antes, tal como si fuese una precuela y siempre por intermedio del diario La Libertad, se puede conocer una serie de irregularidades que venían ocurriendo en la misma oficina y que, al parecer, habían acabado trascendiendo al público. Fue entonces que resolvió terciar el diario La Libertad, en enero de 1898 con el fin de denunciar el estado de cosas. Ya se encontraba a cargo como jefe del 6° Distrito, Ángel Fausto Avalos, educador y publicista de la época cuyo nombre lleva hoy una calle de Alberdi en su memoria. En apariencia, los problemas señalados por La Libertad podrían no habetr estado en conocimiento de este jefe, lo cual en sí mismo es digno de reproche. Todos los dedos, en tanto máxima autoridad, apuntaban hacia él.
El 12 de enero salía publicada por La Libertad una nota titulada “Lo que pasa en el Correo”, revelando graves irregularidades en este Distrito, y anticipaba en dos bajadas: “Empleados que no lo son” y “Las renuncias y sus ventas”.
En efecto, el periódico apuntaba a ciertas prerrogativas de los trabajadores de la oficina local, y comenzaba calificando la situación e intentando salvar el honor del Jefe del 6° Distrito, a quien estaba dirigida sin embargo la advertencia:
“Lo que está pasando en el distrito de Correos y Telégrafos, es algo que no condice ciertamente ni con la seriedad que debe caracterizar esa administración, ni con el interés público, ni con nada razonable y bueno.
Estamos en la creencia que el jefe del distrito, señor Avalos, no conoce bien el manejo de sus inferiores jerárquicos, y que por lo mismo queremos llamar su atención sobre las graves irregularidades que se cometen.”
El diario pasa a exponer la situación sin demora, apuntando en particular a un empleado, sin exponer los nombres de ninguno de los trabajadores: “En la repartición de correos hay empleados que lo son exclusivamente a los fines del sueldo.
En efecto, el jefe de la oficina de control, remunerado con 150 pesos mensuales, sólo prestó servicio como quince o veinte días, no volviendo después a ella, sino en los días de cobro.
Este mismo caballero ha sido durante dos años, casi, empleado auxiliar, y durante todo ese tiempo no ha concurrido arriba de un mes a su oficina.”
El problema no era puntual: “Tenemos, además, noticia de otros empleados que con remuneraciones no tan insignificantes, apenas si en los días de cobro se llegan por el correo a conversar con los que debían ser sus compañeros de tareas.
Y esta bonita conducta hace ya muchos meses, siete u ocho a lo menos, que la observan los empleados aludidos.
Hemos indagado sobre si tienen permiso de la superioridad, y suplentes que los reemplacen, y de nuestras investigaciones resulta que no tienen ni lo uno ni lo otro.”
Desde aquí, La Libertad se explaya sobre otro inadmisible “hábito” que caracterizaba a la renovación de personal efectivo en la institución estatal:
“Otra de las cosas severamente criticables, es el comercio inmoral que se hace con las renuncias. Estas se compran allí como cualquier otra mercadería ordinaria, pagándose por ellas precios convencionales.
Un empleado que está por abandonar su puesto, es cortejado por una buena serie de aspirantes a obtener su renuncia, y esta no es entregada al jefe superior, sino por el candidato nuevo, quien se ha provisto ya de todas las correspondientes recomendaciones del caso.
Y lo peor es que no son solos los particulares los que a tal negocio se dedican, sino también otros empleados de la misma repartición.
Si a esto se llama moral, renunciamos a una moralidad tan poco escrupulosa.
Es indudable que el señor jefe del distrito ignora todo esto, pero es preciso que lo sepa y que corrija estos abusos que no pueden tener otro resultado que desprestigiar por completo la repartición a su cargo.
Estos hechos, como otros de menor importancia pública, aunque de mucha para el orden y buen manejo internos, no son ya misterios para nadie en el correo, y de no recurrir a un medio eficaz y rápido, quien sabe hasta donde pueden llegar las cosas. Muy seriamente llamamos, pues, la atención del señor jefe del distrito sobre el punto.”
El diario Los Principios, en esos mismos días, se hacía eco en un breve suelto de lo informado por La Libertad, pese a que ambas publicaciones sostenían una rivalidad ideológica. Decía Los Principios:
“Lo que pasa en el Correo
Nuestro colega La Libertad trae en el número de ayer gravísimas denuncias contra la oficina del Correo. Allí hay empleados que sin tener sustituto, no concurren a sus oficinas sino para firmar las planillas y recibir su sueldo, y se venden renuncias como acciones a empleos.
Esperamos del Jefe del Distrito una explicación satisfactoria; y que no queden las cosas como en el pasado.”
La alusión de Los Principios proyecta una sombra sobre asuntos anteriores relativos al mal funcionamiento en Córdoba de la oficina de la correspondencia. Por otra parte, para evaluar los problemas vitales relacionados con la marcha del comercio y todo otro tipo de asuntos públicos que dependían del correo, se reproduce este otro suelto de La Libertad, en la misma edición donde figura la denuncia citada:
“Oficina de franqueo
Se nos hace la siguiente denuncia:
Hoy por la mañana varias personas que tenían que enviar correspondencia por los trenes del Central Córdoba y Central Argentino, que salen a las 7.40 y 7.30 respectivamente, acudieron al correo para hacer franquear las piezas. Pero sucedió que la oficina respectiva no franqueó sus puertas hasta pasadas las ocho, cuando ya ambos trenes habían emprendido su marcha.
Si hay falta por parte de los empleados, el señor jefe del Distrito debe poner remedio para que no se repitan tales hechos que son perjudiciales para el público.”
En siguiente entrega se darán más datos del conflicto que había puesto en evidencia La Libertad, sobre la administración de un servicio imprescindible.