2019 desde la pluma del chofer

Todo este escandalete nos permite ver que los cordobeses no servimos para conspirar, y que los que ayer conspiraron hoy ya no se pueden ilusionar con ganar.

Por Javier Boher
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¡Qué nostalgia, amigo lector! No me diga que no se le vinieron buenas épocas a la memoria cuando vio las fotos de los cuadernos de los que habla todo el mundo. Sí o sí puede atar algunos recuerdos a todas esas marcas que suelen acompañar a los chicos a la escuela.
A mí por ejemplo me hizo recordar la vergüenza de llevar cuadernos Gloria (con esas hojas más transparentes que servilleta de lomitería) mientras mis compañeros llevaban unos Rivadavia de oligarca con unas hojas que no cansaban la vista y eran más gruesas que las cajas de pizza. Los Gloria te cansaban la vista de fieros que eran, nomás.
Que para anotar toda esta matufia hayan usado cuadernos escolares en vez de una moleskine que le diera un halo de obra literaria a semejante choreo es una muestra de la escasa sofisticación de esta gente, soberbio ejemplo de distinguida falta de distinción. Pese a que siempre fueron más ordinarios que papel higiénico de baño de terminal, hay que darles la derecha de que por lo menos nunca pareció importarles mucho.
Aunque al principio para creer haya que ponerle la misma imaginación que cuando se veía pornografía en codificado, vale la pena hacer un esfuerzo. No es tan complicado ir atando cabos como para darse cuenta que atrás de todo eso se va cocinando una linda historia en la que van a quedar más personas pegadas que en festival cuartetero en enero.
Es muy bueno ver cómo se acomodan los melones cuando empieza a andar el carro y rápidamente se arman los bandos de los que piden la guillotina hasta para el que le vendió los cuadernos al chofer y los que creen que esto salió de la pluma de un inspirado autor de central de inteligencia. Es lindo porque a medida que pase el tiempo sólo van a importar el bando de los que buchoneen contra el de los buchoneados.
En el grupo de los que delatan se anotó la primera baja del Club de la Obra Pública, ese que durante mucho tiempo estuvo más fuerte que Belgrano y Talleres en primera. Como no podía ser de otra manera, tenía que ser un cordobés, cosa que después al resto nos corran si queremos formar parte de alguna conspiración interesante.
Es lógico que nos detesten si a De Goycoechea le dijeron que lo iban a correr con la vaina y se quebró y lanzó más rápido que púber la primera vez que toma Anís 8 Hermanos a temperatura de vitrina de almacén al sol. Fue tan colaborativo que sólo le faltó decir que una vez, en tercer grado, con su compañero de banco le robaron un chocolatín Jack al viejo golosinero que iba en bici a la puerta de la escuela.
¿Hay 2019?
Siempre viene bien tratar de hacer una buena lectura política, con esas cuentas de quién gana y quién pierde. Aunque haya que hacer un poco de futurología, usted entenderá que lo mío es sensiblemente más honesto que los de los descarados valijeros que figuran en los cuadernos.
Ya lo hemos hablado alguna vez, amigo lector. La gran virtud de Gatricio ha sido armar su partido justo al medio de los dos grandes bloques de peronismo. Básicamente metió una cuña de libro que incomoda a todos los que lo rodean, como el garbanzo que no dejaba dormir a la princesa.
La mente del aplaudidor amarillo que le celebra al gobierno hasta cuando sale el sol en invierno es engañosa: le hace creer que estas cosas van a aparecer como una verdad revelada en la cara de los fervientes militantes kirchneristas, que (rendidos a la evidencia) se van a convertir al cambiemismo y van a salir a predicar la palabra a los lejanos confines de los barrios populares. Spoiler alert: no será así.
Sorprendentemente, con estas cosas sólo se afianza el voto k. Actúan como los chicos que se callan para que el que rompió el vidrio de un pelotazo no cobre un par de cintazos. Su admirable resistencia a la presión hace que se aleje la posibilidad de ver al peronismo unido, trabajando todo junto. Aunque la lacia cabellera de DLS se reúna con la ruluda mota de Giri, dos cabezas no pueden compartir una sola trenza.
Por eso la foto de la Arquitecta Egipcia con el Simio del Bedford no preocupa al gobierno. Los dos están del mismo lado de la cuña, así que eso los deja tranquilos. Qué locas que son las cosas, que los dos que se separaron cuando la presidencia del Motonauta Naranja estaba servida en bandeja ahora se quieren juntar porque los están poniendo en bandeja como para meterlos al horno.
Algunos que celebran esa foto quieren que Cristina haga la de Lula y se candidatee a presidenta como presa política (aunque si no la desaforan, no va presa y puede seguir leyendo la Pronto en su despacho del Senado mientras le hacen la pedicura). Difícil que tengan suerte.
Aunque me voy a ir yendo, amigo lector, no quiero hacerlo sin antes dejarle una reflexión. Siendo que Cristina puede seguir viviendo tranquila en la sombra del Senado mientras va creciendo este escándalo de los cuadernos, ¿cree usted que ella se animaría a darle a la gente la posibilidad de ser jurado para decidir si es culpable o inocente? Después me la contesta.