Macri cae, ¿alguien sube?

Nuevos sondeos señalan que la imagen de Macri sigue en baja, por lo que varios ya se prueban la banda. Se están repartiendo la herencia aunque la abuela todavía no está muerta.

Por Javier Boher
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Por ahí siguen los analistas de la imagen presidencial dándole vueltas a las encuestas de opinión que indican un aumento del pesimismo. Hay muchos que se mantienen firmes en la idea de que el gobierno tiene los días contados. Aunque la errática política de cambiemos llena de dudas, tampoco hay certezas de que la gente haya decidido darle la espalda.
Los múltiples sucesos que han golpeado al macrismo en lo que va del año parecen demostrar que, indefectiblemente, nos conducimos al colapso. Desde diciembre pasado las expectativas de los votantes de Cambiemos se fueron diluyendo progresivamente, pero fue el anuncio del acuerdo con el FMI lo que terminó de dinamitar las esperanzas de los que en 2015 acompañaron con dudas.
Sin embargo, hoy no parece haber en el horizonte una alternativa que pueda canalizar el desencanto. Mientras algunos piden que regrese el kirchnerismo, otros esperan que desembarque algún outsider iluminado que pueda romper con las limitaciones de las identidades partidarias. Todos se reparten la herencia aunque la abuela todavía no está muerta.
La opción del kirchnerismo es poco probable. Aunque Agustín Rossi le pida a sus seguidores que estén dispuestos a “indultar” a los macristas para convencerlos, la simple elección del término es desafortunada, ya que nadie que haya votado a un candidato se arrepiente al punto de sentir que ese voto es equivalente a un crimen.
Aunque la gente suele olvidarse de las cosas, el recuerdo del kirchnerismo no es tan lejano. En la mente de la gente resuena el comer con $6 por día, el abuelito amarrete de los 10 dólares, que la soja es un yuyo o que la diabetes es una enfermedad de los ricos. El electorado sigue pegando parte de los fracasos de la gestión macrista a los de la gestión anterior, acaso el único refugio que le queda a Macri y su séquito.
La opción del outsider parece poco probable, aunque la fortaleza de esos candidatos está en su irrupción repentina. Aunque los jugadores extrapolíticos se han convertido en algo cada vez más recurrente (en eso el PRO ha hecho escuela, llenando listas para que parecieran marquesinas de teatro carlospacense) parece improbable que un candidato a presidente de esas características asome en estas tierras.
El plan de construcción de Tinelli candidato choca con esa realidad: un outsider no puede ser políticamente correcto, todo lo contrario. La fortaleza de los liderazgos carismáticos reside en su capacidad de subvertir el orden de prioridades comunicacionales. Esos candidatos provocan al poder, algo que Tinelli no puede hacer.
La alternativa a estas dos es la de un silencioso Sergio Massa, que interpretó oportunamente las señales que enviaba el electorado peronista. La derrota del año pasado lo favoreció. Desplazado del centro de la escena, se puso a decodificar el resultado de los focus group. Cuando habla distendido la gente se entretiene, pero cuando lo hace en un spot o en un escenario, ya no le creen. Es como ese amigo al que uno invita al asado porque es muy simpático, pero al que jamás le compraría un auto.
En ese mar de dudas, la caída de la imagen presidencial no es tan grave. Su piso de más del 30% de imagen positiva es un valor que no muchos políticos pueden ostentar. Pese a que eso no define todo, es la primera vez que la imagen negativa supera el 50%, lo que significa que logró transitar casi tres años de gestión con un nivel de aprobación considerable.
Aunque muchos pronostiquen un colapso del macrismo, los números todavía no son lapidarios, al menos si se tiene en cuenta que todavía no existe una oposición firme que pueda plantar un candidato de temer.
Si bien este tramo se ha hecho tortuoso, falta más de un año para un nuevo examen electoral, en el que los sondeos de opinión pública dejarán lugar a que el público exprese su opinión en las urnas.
Por eso, en esa eternidad que significan doce meses en nuestro país, la carrera sigue abierta.