Líderes de nuestro destino, conclusiones sumarias

“El líder auténtico es un hombre de acción, no se puede concebir el liderazgo sinobjetivos, sin visión y cultivo del talento”.

Por Prof. Dr. Eduardo Dalmasso

Cabe siempre que hablemos de lo humano, recordar, que somos producto de la evolución y que nuestras reglas de convivencia responden a un aprendizaje histórico. Tener presente que en los hechos de un momento determinado, se muestra lo mejor del ser humano como producto de su crecimiento como especie y también lo peor, como resabio concomitante de su condición que delata su imperfección. Viene a cuento, la aseveración del biólogo Steven Rose:
“Los seres humanos no somos organismos vacíos, espíritus libres restringidos solamente por los límites de la imaginación, o más prosaicamente, por los determinantes socioeconómicos en los cuales vivimos, pensamos y actuamos. Tampoco se nos puede reducir “apenas” a máquinas replicadoras de ADN. Antes bien, somos producto de la dialéctica constante entre “lo biológico” y “lo social” a través de lo cual han evolucionado los seres humanos, se ha hecho la historia y nos hemos desarrollado como individuos”. (Rose, Steven; 2001)

El liderazgo tiene mucho que ver con el contexto, y se supone que dado la evolución, nuestras exigencias como sociedad deberían ser mayores.En general, la decisión de liderar -debemos ser conscientes- implica esfuerzo cuando no sacrificios, -aun para liderarse a sí mismo. Esto involucrará distintos grados de preparación según la complejidad del campo que se trate, pero en cuanto a los conceptos fundamentales del proceso que hace a un líder auténtico este no variará.
El líder auténtico es un hombre de acción, no se puede concebir el liderazgo sin objetivos, sin visión y cultivo del talento. En su esencia: riguroso, abierto a la curiosidad y a la autocrítica y, fundamentalmente abocado a despertar lo mejor de quienes participan de su guía. Dos palabras: Generosidad y Lealtad caracterizan su accionar.
Dentro de la complejidad del mundo, crecientemente difícil dado la velocidad y extensión de los cambios, aparece desde nuestra apreciación, como esencial la capacidad de aprender y entender lo que nos exige el futuro, lo que plantea mucho poder de observación.

Ser líder guía de un equipo de futbol es más que complejo, pero las cuestiones de estado encierran niveles muchos más complicados por lo imbricado de este con lo social, lo tecnológico y la adecuación a la competitividad del mundo. Por eso en el liderazgo de Estado o empresarial, no es suficiente una preparación técnica determinada o vocación popular. Exige mucho más que eso. Por cierto, la tarea de liderar, es una tarea sin fin y desafiante porque encierra muchos elementos:
“Tenemos un conjunto de valores preciosos –libertad, equidad, bienestar humano, justicia y comunidad- por los cuales arriesgarnos, y un concepto de adaptación aplicado a las organizaciones y sociedades humanas que deben dar cuenta de ellos de manera íntegra”. (Heifetz, Ronald; 1998)
Atendiendo a Heifetz, el liderazgo auténtico encierra, a grandes rasgos, siempre dos facetas fundamentales: La humildad que conlleva a la actitud de aprendizaje y la construcción de valores acorde a la búsqueda de armonía, superación de conflictos y realización de los objetivos de un conjunto social. El líder establecerá una relación dialéctica entre prueba y error en la búsqueda de su realización personal atento su visión y el logro de los objetivos que es necesario involucren al universo que influencia. También es cierto que se pueden lograr grandes cosas y sin embargo no lograr la paz consigo mismo, sus semejantes y el cosmos. Esos liderazgos tienen alta posibilidad de culminar en injusticias que oscurecerán lo realizado ya que suelen corresponder al líder arrogante.

Este tipo de liderazgo nunca se ejerce desde el modelo mental de infalibilidad. Por lo contrario, constituye en sí mismo una actividad responsable, surge de una decisión personal consciente que le exige un ejercicio de reflexión permanente. Todo lo que hace y analiza lo plantea desde un creciente espíritu crítico. Lo peor que puede suceder en un núcleo social, cualquiera sea, es aceptar la idea de superhombre. Porque, de esta manera, aparte de menoscabar en su dignidad a los diferentes actores, lo más probable es que esa arrogancia termine en un desastre, que involucrará a todos.
En el sano ejercicio de crecer en nuestra capacidad de liderar, aceptando lo imperfecto de la condición humana, es necesario entre otras cuestiones, tener en cuenta:
Comprender la importancia de la paz interior para poder superar nuestra propia vulnerabilidad.
Ampliar nuestra mirada e integración con el mundo, lo que nos permitirá comprender, convivir y disminuir nuestros conflictos.
Aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con los terceros, única forma de desarrollar nuestra humanidad.
Aprender a vivir por nuestros propios significados y elaboremos una identidad autorreferencial.
Sostener pensamientos diferentes, incluso divergentes, cuando estemos convencidos, pero fundamentémoslo en forma creciente y comprensiva a los terceros.
Cultivar la firmeza necesaria para sostener nuestros objetivos, sin abandonar los principios del aprendizaje permanente y el pensamiento crítico.
Sostener nuestros valores acordes a la dignidad humana sin negarnos al cambio cuando comprendamos que nos eleva sobre nuestra condición precedente.
Aceptar nuestra falibilidad y comprender que la armonía no proviene de lo exterior, por importante socialmente que sea, sino de la búsqueda permanente de nuestro equilibrio entre espíritu, mente y cuerpo.
Recordar que el logro de la coherencia entre lo que pensamos, expresamos y hacemos, requiere de una consciente práctica de reflexión continua dada nuestra imperfección.
Llegado a este punto, podemos decir que el líder que sabe de sacrificios y ha reflexionado sobre los avatares de la vida aprende a superar sus contingencias. Sabe valorar cualquiera de las realidades, en el entendimiento que el crecimiento personal estriba en superar el mundo de las dualidades. En su máxima expresión, su realización, lo muestra imperturbable ante el fracaso y el éxito. No abandona, ni se enceguece.
Esto significa que su ambición de trascender no lo perturbará, que su conciencia no perderá de vista que la fuente de paz es el estar compenetrado en el ahora -el presente como tiempo supremo- y el entendimiento de que la vida es una suma o una dinámica de opuestos necesarios de superar para controlar el ego. Dicho de otra forma, la noche y el día van juntos, éxito y fracaso, van juntos, placer y dolor también, porque son partes indivisibles de la existencia. Al lograr esta comprensión de la naturaleza, la paz interior del líder se hace posible.

A modo de cierre
Un tiempo atrás, viví dos experiencias maravillosas. Una conversando con uno de los tripulantes de un lanchón, con el que habíamos salido de pesca a mar abierto. Se me ocurrió preguntarle qué significaba para él esa actividad tan dura e incierta en los resultados. Me contestó:
-Para mí y mis compañeros, cada salida es una aventura, un desafío y siempre me maravillo no sólo con las sorpresas del mar, sino con ese despliegue de colores que nos da una sensación de estar en el paraíso.
-Ahh -dije yo- ¿y eres feliz?
-Imagínese profesor, hago lo que me apasiona.
En la misma época, discurriendo amigablemente con Erim, Jefe de Servicios del restaurant de la posada donde estaba hospedado, sobre el mundo, el futbol que nos apasiona y el cómo se sentía, me contó que estaba a punto de irse a jugar a Suecia. Sin embargo, renunció para quedarse con su actual pareja a quien ama y no quiso dejar. Dado que había renunciado a un sueño, él se había propuesto sustituirlo por algo que le produjera mucho placer, ya que la vida no tiene sentido sin encontrarle el sabor a lo que se hace en el día a día. Eximio cocinero, atento sin dejar de ser discreto, ha sido llamado para administrar una propiedad en medio de la biósfera al sur del caribe, en plena Rivera Maya.
¿Qué nos dicen estos dos ejemplos? Primero, la importancia de realizar lo que nos apasiona, porque esto tiene que ver con la autenticidad. Segundo, no renunciar a lograrlo, aunque el camino a tomar sea diferente al imaginado, esto implica fortaleza para superar las frustraciones. Tercero, el cambio que se produce en el mundo de relaciones cuando la calidez humana fluye por el ambiente, aún en una barca como símbolo de la inestabilidad. Por último, que el liderazgo surge y se requiere a todo nivel.
En suma: el crecimiento de la experticia o la capacidad intelectual no es suficiente para ser un buen líder. El desarrollo del ser humano, con todas sus falencias, es la condición necesaria para poder construir un liderazgo ético y confiable. La realidad se torna muy compleja e impredecible, esto es lo que nos exige elevar los niveles de calidez humana e intelectual. La conducción implicará, cada vez más, surfear la existencia de innumerables cisnes negros. (Taleb 2007).
El líder auténtico debiera ser consciente que de él surgirán muchos de los valores de los seguidores. Cuando los líderes son corruptos o enfermos de ego, producen un caos moral y un serio daño en el conjunto social. Esto es así, porque en él se identifican los seguidores!