La inmadurez de Michetti

Gabriela Michetti sigue sosteniendo su lucha en contra del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, convirtiéndose en la punta de lanza legislativa de los opositores a la legalización.

Por Javier Boher
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La hipocresía de los sectores autodenominados “pro vida” es tan grande que es prácticamente inenarrable. La vicepresidenta de la Nación sigue en su campaña contra la legalización del aborto apelando a cuanto mecanismo tiene a mano para entorpecer el tratamiento de un proyecto que lograría ampliar los derechos civiles de las mujeres.
Su más reciente intento, el de girar el proyecto a cuatro comisiones, fue finalmente derribado. Con mucho sentido común se logró evitar que recayera en la Comisión de Presupuesto, presidida por Esteban Bullrich, el verdugo de Cristina Kirchner. La maniobra pretendía situar el debate en el terreno de los antiabortistas.
Frente al agotamiento de las otras justificaciones ligadas a la ciencia, la libertad individual y la razón, los portadores del pañuelo celeste decidieron recoger la propuesta de los autoproclamados defensores de los aportes de los contribuyentes.
El brote de ascetismo presupuestario tenía como fin poner en el centro del debate el uso de los recursos públicos, algo que en última instancia depende de las provincias, no de las arcas nacionales.
Derrotada en esa batalla, la vicepresidenta no pierde oportunidad de expresar su punto de vista al respecto. Aunque esto no tiene nada de malo (todo lo contrario), sí demuestra la voluntad de frenar mediante mecanismos burocráticos y mañas corporativas una iniciativa que perdieron en el terreno del debate.
La relevancia de su investidura ilusiona a los que se oponen y preocupa a los impulsores del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Además, situada en el plano de la semántica, defiende la educación sexual integral y la entrega de anticonceptivos, medidas que el sector provida/antiderechos rechaza en la práctica.
Esos mismos que denunciaron las tomas de colegios secundarios a modo de vigilia el día de la votación en diputados (argumentando con razón respecto al avance sobre los derechos de los estudiantes que no coinciden con el sentimiento de los que conducen las tomas) ahora no dicen nada sobre la decisión de las escuelas confesionales de Santa Fe de juntar firmas contra el proyecto en cada institución educativa.
Los que se dicen defensores de la educación sexual para prevenir el aborto y defender las dos vidas sientan una postura que es la de los que se escandalizan de que en las aulas se hable de la sexualidad, el placer y las responsabilidades. Sólo conciben “hacerse cargo”, preocupándose del nacimiento (pero no de la vida) del hijo no deseado.
Los creyentes santafesinos juntan firmas entre adolescentes oponiéndose a un proyecto ampliamente debatido, siempre basándose en nociones precientíficas, prejuiciosas y discriminadoras. Son los mismos que han llegado a los medios por enseñar que la homosexualidad es una aberración o una enfermedad, despotricando contra lo que consideran el avance de doctrinas que buscan la dominación del mundo a través del control de la natalidad.
La fecha definitiva para la votación respecto al proyecto ha sido fijada para el 8 de agosto. Hasta ese momento seguirán los tironeos entre un sector de la sociedad que pretende acercarse con su legislación a los países maduros del primer mundo desarrollado y otro que pretende mirar hacia otro lado respecto a un problema de salud pública, siempre desde el lugar del capricho ideológico.
Mientras tanto, Michetti seguirá buscando por todos los medios bloquear la negociación, recurriendo a todos los vericuetos y reglamentos burocráticos con los que pueda impedir la sanción de la ley. Mal que les pese a sus opositores, ninguna de esas acciones es ilegítima ni ilícita, aunque sí revela una actitud inmadura.