Schiaretti no se entera del “fin de ciclo”; ¿lo sabe Cambiemos?

A diferencia de Cambiemos, Unión por Córdoba no tendrá mayores inconvenientes para elegir a sus candidatos. Es un hecho que Juan Schiaretti irá por su reelección, y que no tendrá ningún contrincante interno que vencer, mucho menos alguno surgido de los partidos miembros de la coalición.

Por Pablo Esteban Dávila

Cuando un político comienza a hablar de “fin de ciclo” para justificar un triunfo aparentemente inexorable, tómelo con pinzas. Algunas veces es sólo una expresión de deseos, que esconde una suerte de pensamiento mágicode que las cosas deben pasar sólo porque ha transcurrido el tiempo suficiente para que sucedan.
Este es el argumento de la versión local de Cambiemos para explicar que los días de Unión por Córdoba en el poder se encuentran contados. Una publicidad de la fórmula Aguad–Baldassi en 2015 así lo razonaba: “pasaron cuatro mundiales y siguen los mismos de siempre. Metamos un cambio”.
Dejando de lado que también debería computarse a Rusia 2018, el razonamiento debe ser circunscripto a la lógica del almanaque. No importa el programa ni el proyecto de los que estarían predeterminados a llegar; los que están deben irse sólo porque ya pasó demasiado tiempo.
¿Es esto cierto? Aunque admitiendo que 20 años en el poder suena a mucho, no parece haber síntomas de un desmoronamiento en la hegemonía política del oficialismo cordobés. Los datos de la realidad indican precisamente lo contrario.
A diferencia de Cambiemos, Unión por Córdoba no tendrá mayores inconvenientes para elegir a sus candidatos. Es un hecho que Juan Schiaretti irá por su reelección, y que no tendrá ningún contrincante interno que vencer, mucho menos alguno surgido de los partidos miembros de la coalición. Sólo el justicialismo cuenta para dirimir los asuntos que todavía se encuentran pendientes.
Uno de los aspectos que prometen algo más que bostezo dentro de este diseño es la elección de quién lo acompañarácomo vice. Las segundas líneas advierten que, sin la posibilidad constitucional de continuar más allá del próximo período, Schiaretti debería un sucesor en 2023. Sería la gran renovación peronista, obturada durante todo este tiempo por el éxito del gobernador y de su antecesor, José Manuel de la Sota.
Hay algunos nombres anotados, cada uno con sus encantos. Todos han sido convenientemente postulados desde las propias entrañas del gobierno. Se cuentan entre ellos al intendente de Alta Gracia Facundo Torres, a la legisladora Nora Bedano, a la exministra (y pareja de De la Sota) Adriana Nazario y -en clave de revelación política- al lord mayor de Carlos Paz, el oscilante Esteban Avilés.
La potencial cooptación de Avilés revela tanto lo adelantado que está el PJ en la cancha como las dificultades de la oposición para definir su propia oferta. El carlospacense, todo el mundo sabe, proviene del tronco radical, pero supo militar en las filas del juecismo, hoy dentro de Cambiemos. Ramón Mestre, que sigue intentando liderar su partido para ser aclamado como candidato a gobernador, intentó sumarlo de muchas maneras, todas sin éxito.
La última intentona terminó en un enojo. Avilés se negó a secundar a Mestre en sus planteos por la coparticipación que, supuestamente, Schiaretti retacea a los municipios. Lejos de ello, expresó públicamente que no tiene nada que reclamarle a la provincia, sumergiendo en una crisis la inicial estrategia aditiva del intendente de Córdoba.
La exteriorización de este enfado tuvo una consecuencia paradójica. Mestre logró romper el mestrismo de la villa serrana al exigirle que tomara distancia con Avilés. Como la mayoría de sus seguidores no estuvo dispuesto a tal cosa,la instrucción generó un revuelo de órdago y una herida que no sabe cómo suturar. La vendetta urdida está arrojando a su colega a los brazos de Schiaretti.
Este es uno de los posibles episodios a ser listados. Habrá otros, relacionados con la falta de un liderazgo claro dentro de Cambiemos y más allá de las apelaciones tántricas al “fin de ciclo”. La coalición está lejos de encontrar candidatos de unidad y, aunque por ahora prevalezcan los buenos modales, habrá pujas públicas e intensas entre quienes aspiran a la gobernación.
El hecho de que radicales y macristas se encuentren en un período de recoleta cohabitación deviene de las dificultades de gestión de Mauricio Macri. Las penurias de su gobierno mueven a la prudencia local, al menos hasta que las aguas se aclaren. Esta realidad también potencia las chances de Schiarettide continuar por otro mandato.
Es un hecho que el “mejor equipo de los últimos 50 años” no ha sido tal. Con cambios de nombres dignos de Jorge Sampaoli, el presidente se encuentra en la difícil empresa de enderezar un barco con averías por doquier y que no logra obturar. Por contraste, el gobernador mantiene el mismo gabinete con el que inició su gestión, que lo asiste con bucólica perseverancia. Sin estridencias ni bellas donnas, sus ministros garantizan que las políticas declaradas, especialmente las de obra pública, se cumplan metódicamente.Esta eficiencia es funcional, que duda cabe, a sus propósitos de continuidad.
La fluidez con la que discurre el gobierno de la provincia provoca, asimismo, escozor en el municipio capitalino. Mestre no ha podido vencer la inercia de su administración para ecualizar, al menos, la fama lograda por su padre en los ’80. Aunque logró materializar su promesa de privatizar la recolección de basura, el proceso demoró una exasperante cantidad de años. La creación del ESOP, sobre la que tantas esperanzas depositó, recién comenzaría a dar sus frutos en los próximos meses con la ejecución de una serie de obras, la que serán inauguradas por el próximo intendente. No son las credenciales suficientes como para exigir una candidatura inapelable.
La fortaleza del gobierno peronista permite algunos lujos que, en otros tiempos, hubieran parecido un suicidio. El embate contra Luz y Fuerza es uno de ellos. El gobernador está cansado de financiar el agujero negro de EPEC y las pretensiones medioevales de sus empleados. Racionalizar la empresa y sus costos es el desafío que se ha propuesto, aunque esto genere paros, manifestaciones o presentaciones judiciales.La oportunidad es única: con gran parte de la sociedad aturdida por los incrementos de las tarifas de energía, se descuenta el apoyo público para acabar con los exorbitantes privilegios lucifuercistas. Lejos del amago, la ofensiva política promete sostenerse hasta que el gremio acepte la nueva realidad. Hacía tiempo que nadie se proponía ir tan lejos, especialmente en el atardecer de una gestión de gobierno.
¿Fin de ciclo? La verdad es que Schiaretti lo disimula bastante bien.