El líder como sujeto responsable

El líder como tal podrá ser rebelde o no, pero nunca debería ser inconsciente de lo que prima en él.

Por Prof. Doctor Eduardo Dalmasso(*)

Siempre que hablamos de ejercer el rol de líderes, sea de nosotros mismos o de otros que nos responsabilicemos en guiar, hacemos énfasis en la importancia del silencio y la observación de uno mismo como si nos desdobláramos en observador y observado. Esto porque la virulencia de la vida y las pasiones que inevitablemente brotarán de nuestros egos, nos pueden llevar a decisiones equivocadas e incluso destruir lo realizado o a realizar. Vale decir, conciencia activa para luchar contra la corriente y un amor sano más allá de las turbulencias.

La fortaleza del liderazgo auténtico, también se nutre de aceptar plenamente, la dualidad de la vida y muerte, como parte insoslayable de la existencia. ¿De qué otra forma podemos conquistar la paz? Si el líder es incapaz de asumir  esa realidad que nos envuelve a todos y nos dignifica, no está consolidado.  Sin duda la angustia en ese caso, le quitará la serenidad necesaria para discernir, Si uno no acepta la muerte como parte de la vida, imposible albergar la tranquilidad de espíritu necesaria para actuar.

Como sujetos de  nuestra existencia, nos cabe siempre la decisión de sembrar o no sembrar acciones que conduzcan a contribuir en algo a mejorar lo preexistente. Acciones que quizás trasciendan inadvertidamente a la propia generación, pero que también puedan significar aportes significativos:  a los que les interese aprender en un campo determinado, a mejorar conductas sociales, habilidades, o simplemente captar mejores condiciones para poder disfrutar de la vida y así poder superar sus prácticas del campo que fuere.  La alegría es la mejor manifestación de una vida plena, ya que implica el trascender la dualidad vida-muerte. El líder que aprende de la vida, reflexiona en términos propios de Krishnamurti:



 “¿Qué significa vivir con la muerte? ¿Qué significa no poseer nada? Usted puede tener dinero, esposa e hijos pero no aferrarse queriendo que todo eso continúe. La muerte significa que usted no retiene nada. ¿Puede uno vivir en este mundo de manera que el vivir y el morir estén juntos? Eso significa vivir y morir cada día”. (Krishnamurti, Jiddu; 2010)

Las reflexiones consiguientes tienen el sentido de templar el espíritu del líder ante los naturales sufrimientos que, como ser humano, le tocará vivir y sobrellevar. Se trata de comprender la importancia del rol de guía de sí mismo y aún más si es de otros, para que la escala de valores que hacen a la dignidad de las personas no se pierda en el camino de la búsqueda de metas. Éstas son importantes, pero nunca deberían ser tan absolutas que obnubilen la perspectiva, o al menos la necesidad de pensar en profundidad, sobre cuál es o sería el camino correcto. Obviamente, siempre aparece la necesidad de la práctica de las reflexiones diarias sobre las distintas acciones a realizar y sobres las realizadas.

La relación entre la vida y la muerte y la importancia deltranscurso, lo dijo el controvertido Steve Jobs, en su carácter de agente de cambio tecnológico, a los recientes graduados de la Universidad de Stanford:

“Nadie quiere morir, incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser  porque la muerte es probable que sea la mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo ustedes son lo nuevo, pero algún día no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y eliminados”. (Jobs, Steve; 2005)

 

¿Que es lo primordial?

Es primordial que, en su crecimiento, el líder se dé cuenta que la función de la mente se encuentra atrapada por la necesidad de dar respuestas a todas las demandas que le son propias por su rol y las que genera como consecuencias de sus decisiones. De esa realidad, la necesidad de meditar, que no es otra cosa que abstraerse  del mundo para conectarnos solamente con nosotros mismos, sin interferencias.

Cuando como líderes se logra la disciplina de la reflexión diaria  y a la vez es capaz  de darse motivos y tiempos de esparcimiento, sus emociones tenderán a ser placenteras. En esas condiciones, los líderes se transforman en seres agradecidos de poder expresar su voluntad de transformación, de sentirse realizados y de contemplar y ser parte de la imperfección de la sociedad humana; desde la perspectiva de quien no se rinde ante las adversidades y desarrolla algún sentido de trascendencia.

El objetivo es impedir que las turbulencias del día a día sometan al líder. De manera que pierda el equilibrio de vida fundamental: cuerpo, espíritu y mente. Por otra parte, su capacidad de reflexión asertiva se acrecentará respecto a los problemas que se le presenten, dado que el estado de relajación establece una relación superior y sana respecto a la actividad mental.

En consonancia con esa aspiración es importante que  asuma ante cada decisión y el consiguiente l seguimiento de las acciones, cuatro principios básicos:

Quienes vengan serán las personas apropiadas.

Lo que suceda será lo único que pudo haber sucedido.

El momento en que acontezca será el momento correcto.

Cuando termina, termina.

 

Owen en su libro, El espíritu del Liderazgo (2001) explicita que  no siempre todo lo que pretendemos responderá a nuestra visión. El liderazgo no es control y los procesos cuanto más complejos, más autonomía desarrollan. Por otra parte, todo proceso instituido, para lograr metas o solucionar problemas, requerirá de tiempos que muchas veces excederán las previsiones del líder. Fundamental, aceptar que los procesos, los modos, las relaciones tienen tiempo de vigencia pero también de final. Culminación que implicará algún tipo de renovación, dependiendo de lo que se trate.

 

Valores en juego

De todo lo que venimos exponiendo, se podría deducir que subyace un concepto fundamental en el camino que se elija y las consecuentes decisiones del líder. Vale decir: Cómo garantizar la coherencia y la corrección dentro de su proceso de crecimiento; cómo lograr que si se equivoca, y seguramente se equivocará, no aparezca ese hecho como una traición a sí mismo y a los terceros; desde dónde partir para sostener su integridad, que constituye la fuente más importante del respeto de los otros y el propio.Y fundamentalmente  como evitar la traición del oportunismo l y preservar la confianza, más allá del círculo de aplaudidores.

Lo  primordial, que atravesará todas las decisiones y consecuentes acciones, se refiere al sistema de valores que sostenga, modifique e incorpore el líder dentro de su transcurso de crecimiento y consolidación de su rol de guía. De sus valores y cómo se expliciten dependerá el cómo y el porqué de sus decisiones y conductas. Por eso, no existe una sola tipología de liderazgo aunque el coeficiente intelectual, dominio de campo y la capacidad de persuadir pudieran ser igualmente efectivos en distintas personas. Lo que establece las diferencias son los valores que cada uno vaya asumiendo y esto es intrínseco a cada individuo. Aunque, sin duda, los mandatos familiares y sociales dan origen a los primeros, naturalmente asumidos. Tomar conciencia de ellos, reconocerse conscientemente y conscientemente modificarlos o adquirir nuevos y dejar atrás sus inicios o anteriores, define lo que llamamos el camino del líder.

El líder como tal podrá ser rebelde o no, pero nunca debería ser inconsciente de lo que prima en él. Es elemental saber lo que nos es importante. ¿Por qué y para qué? Por cierto, no serán similares las decisiones ni la personalidad del líder que sostenga el principio:   primero no hacer daño, que aquel que sólo se defina por sus intereses personales, dándole primacía al ego.   En cualquier campo que se trate, lo que está en juego  es lo que se considera valioso y esto subyace en la mayoría de los conflictos. Y lo que una sociedad o líder asuma como tal, definirá su perfil. Esto se  torna más serio al considerar que nos desenvolvemos  dentro de un mundo integrado en  redes que nos penetra subrepticiamente a partir de los intereses de  los modelos socio-técnicos predominantes, que de hecho atentan contra  la libertad de las personas.

El estar advertido es una condición importante de la responsabilidad del líder. Por su condición humana, vale decir imperfecta, estará sujeto a errores o equivocaciones que atentarán contra sus convicciones más profundas. Es más, muchas veces en sus actos de buena fe, con fuertes implicancias en otros, habrá siempre una afectación   como consecuencia de su  apreciación de las acciones necesarias que considera correctas pudiendo ser  incorrectas o viceversa. Más complejo aún:   a veces las que objetivamente puedan verse como erróneas en el corto plazo, pueden llegar a ser correctas en el largo plazo; de ello,  la importancia de estar atentos. Siempre atentos.

De lo anterior la importancia de recordar que el conocimiento de uno mismo permite definir los valores que van a guiar nuestra conducta, y aquellos que nos van a permitir ser sujetos con un pensamiento crítico.   Esto habla de responsabilidad.

*Director del Blog: Miradas Políticas y otros enfoques.