La historia circular de un intelectual de la política

Nota escrita en Diciembre de 2014

Por Jorge Camarasa

Dante Caputo
“De entre los políticos que hoy siguen en activo, Caputo tal vez sea uno de los de mejor formación teórica”
“En la memoria popular quedaría como el funcionario que imitaba un actor cómico, y como el polemista que pondría en ridículo a un caudillo del peronismo feudal”
“Influiría en la decisión de Alfonsín de no aceptar la ley de autoamnistía impulsada por la dictadura y de enjuiciar a las juntas militares”
“No me entusiasma volver, no quiero que me perdonen”

El hombre que se oculta detrás de esos bigotes enormes y de esos anteojos de miope, es un intelectual.

Fue el único ministro de Raúl Alfonsín que lo acompañó durante todo el mandato, pero quedaría en la memoria popular como el funcionarioque imitaba un actor cómico, y como el polemista que pondría en ridículo a un caudillo del peronismo feudal.
¿Radical? Más exactamente alfonsinista, y de hecho sería expulsado del partido en 1995 acusado de traidor. ¿Marxista? ¿Socialdemócrata? Es posible. En cualquier caso, Dante Mario Caputo (Buenos Aires, 1943), el hombre que desde hace tres lustros recaló en el viejo Partido Socialista de Alfredo Palacios, es un militante de las ideas que hoy observa la política a través de un prisma de laboratorio.

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De entre los políticos que hoy siguen en activo, Caputo tal vez sea uno de los de mejor formación teórica: se licenció en Ciencias Políticas en El Salvador en 1966, al año siguiente hizo el posgrado en Relaciones Internacionales en la FlechterSchool of Law and Diplomacy, en Boston, y en 1972 se doctoró en Sociología en la Sorbona.
Para entonces, ese hijo de inmigrantes italianos que habían llegado desde Basilicata, hacía cuatro años que trabajaba en la OEA, y en 1973, de regreso en la Argentina, ejercería la docencia en las universidades de Quilmes, La Plata y Buenos Aires, daría seminarios como profesor invitado en la Universidad de París, y se dedicaría a la investigación en el mítico Instituto Di Tella.
El inicio de la dictadura militar, en 1976, iba a encontrarlo con el grupo de intelectuales que empezaban a rodear a Raúl Alfonsín, y en 1982 sería el principal consejero para que el futuro presidente no apoyara la desventura de la guerra de Malvinas. Con sus amigos Jorge Sábato y Jorge Roulet, también, sería uno de los hombres gravitantes en la campaña presidencial del año siguiente, e influiría en la decisión de Alfonsín de no aceptar la ley de autoamnistía impulsada por la dictadura y de enjuiciar a las juntas militares.
Sin embargo, este politólogo formado en los mejores claustros que manejaría como canciller la política exterior del país entre 1983 y 1989, sería reconocido sobre todo como el ministro que Mario Sapag imitaba por televisión (“A lo largo, a lo ancho de todo el país y América Latina…”, decía) y como el hombre que debatiría con el senador Vicente Saadi en 1984 sobre el tratado de paz con Chile que evitaría una guerra por el Beagle.
De aquel debate público, el primero que sería televisado, quedarían dos cosas: la contundencia de la posición del ministro, que ratificaría más del ochenta por ciento de la población en un plebiscito, y algunas frases desopilantes del catamarqueño, como “¡Basta de cháchara!” y la que aludía a “las nubes de Úbeda”.
Dante Caputo se iría del gobierno con la entrega adelantada del poder que haría Raúl Alfonsín, y después de un período como diputado nacional por la UCR, en 1992 se mudaría a Haití como enviado especial de Naciones Unidas para acordar una salida democrática en la isla caribeña.
Para entonces ya había comenzado su alejamiento del radicalismo, y dos años después sería expulsado del partido acusado de traidor.

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El itinerario que llevaría a Caputo hasta el Partido Socialista, donde está trabajando ahora, empezaría poco después de su salida del Congreso.
De a poco se había ido alejando de las posiciones del radicalismo post alfonsinista, y acercando a las coordenadas del ex gobernador de Mendoza, José Octavio Bordón, y de Carlos “Chacho” Álvarez. Todavía era afiliado radical en 1995, y cuando en las elecciones de ese año, que ganaría Carlos Menem, apoyara al Frepaso desde su agrupación Nuevo Espacio, sería expulsado del partido sin contemplaciones, acusado de traidor.
Dos años más tarde regresaría al Congreso como diputado, en 1998 se afiliaría al Partido Socialista Popular, y tras el triunfo de la Alianza sería designado por Fernando De la Rúa como secretario de Estado de Ciencia y Tecnología. Aunque había vuelto a formar parte de un gobierno que era mayoritariamente radical, el retorno sería breve: iba a renunciar en febrero de 2001, cuatro meses después de la tormentosa salida de Chacho Álvarez.
Desde entonces, y por los siguientes diez años, trabajaría en organismos internacionales. Sus primeras tareas fueron para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, donde dirigió un proyecto sobre la democracia en América Latina, y en 2005 la OEA lo enviaría a Nicaragua, donde repetiría la exitosa experiencia de Haití y lograría resolver una crisis política entre sandinistas y liberales que amenazaba con estallar.
Luego, entre 2006 y 2009 sería Secretario para Asuntos Políticos de la OEA, y en los años siguientes trabajaría como co-director de un segundo informe sobre la democracia en el continente.
¿Y la política local?
A principios de 2013, cuando volvió al país después de haber vivido siete años en el exterior, Dante Caputo se debatía entre el desencanto y la esperanza. La expulsión del radicalismo casi veinte años antes aún estaba fresca en su memoria de intelectual. “No me entusiasma volver, no quiero que me perdonen”, diría en una entrevista, pero en otro reportaje ajustaría la idea: “Volveríaa la política, pero es muy dura. Cada año que pasa en política, valen por tres o cuatro años biológicos”.
Dedicado a la escritura y al análisis de la situación internacional, el ex canciller volvería a refugiarse en su usina de ideas, y haría un duro diagnóstico de la realidad: “En la Argentina sólo se discute la política de las miserias, pero nos falta discutir lo principal. Mi amigo Jorge Sábato decía que la Argentina es como un trompo que gira vertiginosamente sobre sí misma, pero se desplaza a una velocidad exasperantemente lenta. Y tenía razón”.
Esa idea de la discusión y el debate, todavía lo obsesiona: “Hemos practicado los consensos electorales, hemos sabidocómo reunir frentes para ganar elecciones, pero lo que no hemos practicado nunca es la capacidad de generar consensos para gobernar. El método para llegar es uno, pero para gobernar se necesita de consensos. Hoy nadie está discutiendo el país”.

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Dante Caputo, hoy, no reniega del alfonsinismo, al que sigue suscribiendo aún desde el partido de Alfredo Palacios.
Mientras tanto, escribe sus libros (lleva publicados una docena, algunos en colaboración) y sus columnas en distintos medios, desde las que cuestiona sin miramientos la política exterior argentina.
Paula, una de sus hijas, ha seguido su ruta, y es concejal en el municipio de Vicente López. ¿Por qué partido? Desde hace un mes, por ninguno: a mediados de septiembre fue suspendida su afiliación al socialismo por acompañar al PRO en casi todos sus proyectos, y tendrá que esperar hasta 2016 para volver al partido.
Dante Caputo, ese intelectual de la política, debe haber sentido que casi veinte años después, su historia volvía a repetirse.