Economía nacional: los cambios de nombres no alcanzan

La estrategia de hablar para no decir nada dejó de funcionar. Mientras todos esperaban un achique de ministerios, Macri optó por modificar ministros y mantener la estructura.

Por Gabriela Origlia

Las calificaciones, en Argentina, pierden valor. Esta es otra “súper” semana; en unos 45 días fueron tres, la del mega rescate de Lebacs, la del acuerdo con el FMI y ahora ésta que arranca con colocación de bonos por hasta US$4000 millones, estrenos de nombres en el gabinete y recepción del primer tramo del stand by. El punto a resolver sigue siendo el mismo: ¿las modificaciones son de nombres  o hay algo más?
El viernes –después de que Luis Caputo se hiciera cargo del Banco Central- el ministro Nicolás Dujovne dio una conferencia de prensa para decir nada. La demanda de dólares reaccionó en consistencia con la presentación; el precio siguió subiendo. Dujovne ratificó el plan económico y dijo que el Fondo “no es una solución mágica”. Nada.
Menos teniendo en cuenta que horas después Francisco Cabrera, fue removido como ministro de Producción, y Juan José Aranguren del cargo en Energía. Se supone que los desembarcos de Dante Sica y Javier Iguacel no es para continuar haciendo lo mismo de los que se fueron.
El nuevo encargado de Producción tiene una ventaja indiscutible, la que da un tipo de cambio alto que promueve la exportación y frenaría las importaciones; la expectativa es la de un Ministro que intervenga más con políticas “pro industria” y, además, contará con líneas especiales de crédito para paliar la crisis derivada de tasas que superan el 40%.
Aranguren –siempre discutido- salió después de haber sido el único en el gabinete que aportó a la reducción del déficit. Claro que la contracara fue el debate por el costo político que la suba de tarifas genera. Iguacel asume con los precios del petróleo en aumento y el peso devaluado y, probablemente, las alzas tarifarias sean menores a las programadas. El 2019 es electoral.
El presidente Mauricio Macri decidió los cambios sin reducir los ministerios que es lo que se esperaba. Integrantes de Cambiemos y el mercado esperaban un achique drástico de la estructura burocrática. Hay quienes sostienen que en las próximas semanas podría haber algún otro retoque; “gradualismo” en la reorganización.
Desde fines de abril cuando se inició la devaluación el Gobierno viene corriendo detrás de los hechos. Ni una vez logró tomar la delantera. En medio de los momentos de más tensión los funcionarios –incluido el propio Macri- siguieron apareciendo con el tono optimista que los caracteriza. Una señal contraproducente porque la confianza no los acompaña.
Hace dos semanas que desde la Rosada convocan a referentes peronistas también para nada concreto; una conversación sobre el proyecto de presupuesto, un anuncio sobre la política contra el narcotráfico. Detalles en medio de la necesidad de avanzar de manera contundente en un acuerdo que de certezas del plan que viene.
Rosendo Fraga, el analista político, insiste con el concepto de que el Gobierno debe aceptar que la oposición lo dejará hacer sin aplaudirlo. Es decir, tiene que avanzar sabiendo que el costo político es para Cambiemos. Incluso, subraya que el peronismo y el sindicalismo se muestran “más acuerdistas” de lo que cualquiera podría haber proyectado.
Con todo, Caputo deberá ejercer su cargo en comisión porque desde el Senado aconsejan no enviar ahora los pliegos y la reforma de la carta del Banco Central deberá esperar hasta el año que viene (es la que determina que el Banco no puede financiar al Tesoro).
Si desde el Gobierno suponen que seguir apareciendo como que el problema de confianza era en nombres y se podía circunscribir a Federico Sturzzeneger, están errados. Macri es el líder y está alcanzado; lo que viene es desafiante en todas las áreas ya que la inflación en alza determinará pérdida de poder adquisitivo en los salarios y más pobreza; el enfriamiento de la actividad abre un interrogante sobre el empleo y el ajuste imprescindible debe convivir con el año electoral.