La AFA, otra vez encerrada en sus torpezas

La suspensión del partido amistoso ante Israel generó descontento en las autoridades judías, alegrías en los grupos fundamentalistas palestinos como Hamas, más desconcierto en el Vaticano, que fue testigo de unos desatinos que les repercute, con la selección Argentina como rehén de esta cruzada. Mucho y a menos de una semana del inicio de Rusia 2018.

Por Federico Jelic
Especial desde Moscú, Rusia 2018

La AFA sin darse cuenta quedó en la mira de todos, sea por complicidad o por partícipe necesario, como actor fundamental en las acciones políticas que involucran a las tres religiones monoteístas por excelencia: la católica, la judía y la musulmana, en apenas un partido que ni siquiera llegó a disputarse pero lo mismo las esquirlas mancharon su imagen institucional, que sigue percudida y sin síntomas de recuperación.
La suspensión del partido amistoso ante Israel generó descontento en las autoridades judías, alegrías en los grupos fundamentalistas palestinos como Hamas, más desconcierto en el Vaticano, que fue testigo de unos desatinos que les repercute, con la selección Argentina como rehén de esta cruzada. Mucho y a menos de una semana del inicio de Rusia 2018.
Es que lo ocurrido solo puede tomarse como comedia o tragedia, depende la óptica y la tolerancia del lente con el que se lo mire. El amistoso que tenía en juego la “copa de la paz” no terminó en conflicto de casualidad y todos quedaron disconformes. La decisión de la AFA de suspender el duelo ante Israel, previsto para este sábado, generó controversias aunque ya desde su origen era polémica en todo sentido, siempre con la fe y la religión como actor fundamental. El tema es que desde las autoridades del fútbol argentino no tuvieron tino ni diplomacia suficiente como para evitar las críticas, después de embanderarse con un partido cuya finalidad estaba lejos de lo deportivo.
Sin amistoso, con canon ya cobrado e invertido, quedando mal con el postor y siendo observado con desconfianza desde el Vaticano, la AFA se metió en un callejón. Un paso en falso que daña a una institución que busca mejorar su imagen.
Desde que se anunció el amistoso contra Israel hubo controversias. Fuerzas palestinas y manifestantes no tardaron en indignarse por la situación, sobre todo por la realización del partido en Jerusalén, ciudad en litigio religioso desde tiempos inmemorables. La tierra prometida quedó más en promesa que nunca. Acusaron al combinado nacional de ser cómplices de un conflicto social y religioso.
Es simple: el presidente de los argentinos, Mauricio Macri, había acordado de palabra un partido con el líder israelita, Benjamín Netanyahu, y a la AFA le sirvió por el dinero que iban a recolectar: nada menos que 2,5 millones de dólares. Dinero que fue rápidamente invertido en un lujoso y fastuoso avión que utilizaron de transporte para la delegación en Rusia. ¿Y ahora? ¿Se debe devolver esa suma?
Al mismo cuerpo técnico le complicaba la logística ese duelo a siete días del debut en Rusia 2018 ante Islandia, porque poner en cancha era una obligación contractual con los riesgos que eso conlleva. Además, iban a jugar la mayoría de suplentes, por resguardo. Nada podía salir bien de eso.
La liga de Israel finalizó hace un mes. Es decir, la mayoría de sus jugadores fueron licenciados y se encontraban de vacaciones. Fueron citados de urgencia para este compromiso, es decir, en lo deportivo no iba a servir de exigencia ni parámetro ni nada. Solo como títeres de una maniobra política en el trágico escenario de Tierra Santa.
Lo único que pretendía Israel y su departamento de Estado con la Secretaría de Deportes de Macri era una foto con Messi. Nada más. Y se ve que no servía que el partido se llevara a cabo en otra ciudad israelita como Haifa o Tel Aviv, que también cuentan con estadios modernos: solo sería de utilidad en Jerusalén.

Escándalos en todo sentido
Ya la venta de entradas por anticipado trajo polémicas, porque de las 25 mil ubicaciones disponibles en el Teddy Stadium donde oficia de local el ultra radical y racista Club Beitar (su barra brava es conocida como “la familia”, célebre por insultar a jugadores musulmanes), fueron agotadas sin explicación alguna. Los residentes en Israel acusan de que más de 15 mil boletos quedaron en poder de una cadena de supermercados, auspiciante principal del partido y el saldo fue revendido por dirigentes. Miles de argentinos se quedaron sin ticket para darle la despedida a Messi y compañía antes de embarcarse en la aventura mundialista por Rusia.
Comenzaron entonces los reclamos palestinos. Amenazas a Messi, manifestaciones con la remera de la Selección con manchas de sangre. Marchas y contramarchas. Ninguna acción parecía pacificadora en ese contexto y la tensión crecía a medida que se oficializaba el encuentro. Cada vez más cruento.
Hasta que desde AFA dijeron basta. Quizás presionados por Messi, o su familia, o por algún asesor espiritual, la renuncia a jugar en Israel a solo tres días generó conflictos en todo sentido tanto por lo repentino como por incoherencia. Al otro día, en la concentración de Barcelona, periodistas de todas latitudes buscaban explicaciones de la suspensión, los ojos del mundo otra vez en la Selección, con una insuficiente conferencia de prensa del presidente Claudio Tapia, anunciando que no iba a jugar ese partido “para colaborar con la paz”. Inaudito. A los minutos llegó la felicitación del grupo palestino radical fundamentalista Hamas, siendo beneficiados en esta trifulca, y dejando parado a Argentina en una incómoda posición. ¿Era necesario? En vano fueron las gestiones por parte de Israel en aumentar el canon y reforzar la seguridad. No había marcha atrás, a pesar de que se analizó eso desde el interior de AFA. Eso ya hubiera sido el colmo.