Secretos de familia en una valija

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmx.com

Mario Bomheker, director de “Cartas”, documental que se verá este miércoles en el Cineclub Municipal.

Cartas, una producción cordobesa que se estrena pasado mañana, recupera una historia referida a la vez a los inmigrantes asentados en Córdoba en el siglo XX temprano, y a la búsqueda por parte de un hijo, de saber más acerca de los dolores del pasado ocultos tras el silencio de su padre. Mario Bomheker, el hijo, y realizador de este filme, reconoce que siempre resonó en él mientras producía el trabajo, un poema leído en su juventud, de Horacio Castillo, Anquises sobre mis hombros: “Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre sobre los hombros. / Débiles aún, su peso nos impide la marcha, / pero luego se vuelve cada vez más liviano, / hasta que un día deja de sentirse / y advertimos que ha muerto. / Entonces lo abandonamos para siempre / en un recodo del camino / y trepamos a los hombros de nuestro hijo.”
Si ese poema actuó directa o indirectamente en la inspiración de este documental, eso ocurrió luego de que, en 1997, el año en que el padre de Mario murió, “aparecieron, ocultas en una pequeña valija, de esas que usan los viajantes para guardar relojes y joyas, unas cartas escritas en Idish y unas pocas fotos. Se trataba de las cartas que desde Varsovia le enviaban a mi padre -emigrado a la Argentina en 1930-, sus parientes que habían permanecido en Polonia (mi abuelo, mis tíos y mis primitas). El hallazgo me produjo una fuerte conmoción porque en mi familia siempre hubo mucha reticencia a hablar de los parientes de mi padre. Estas cartas y estas fotos me ponían por primera vez en contacto con unos objetos concretos que provenían de ese ignoto sector de mi familia”, refiere el realizador.
Mario hizo traducir las cartas por “Israel Scherman, un abogado de exquisita cultura y muy interesado en las cuestiones de las lenguas y la historia y cuya lengua materna era el Idish. Lamentablemente falleció el año pasado”, refiere el director.
La lectura de las cartas, a medida que la traducción las iba develando, hizo tomar conciencia a Mario “del casi nulo conocimiento que tenía de mis parientes polacos y, en especial, de todo lo que ignoraba acerca de mi propio padre. Así fui descubriendo que la relación entre mi padre y sus familiares tenía aspectos oscuros, problemáticos, y era conflictiva. Ello me hizo pensar que tal vez su silencio provenía no sólo del sobrecogedor sentimiento de culpa por haber sido el único sobreviviente del exterminio nazi, sino que se le añadía el componente traumático de sus conflictos de familia.”

Una reveladora indagación sobre exilios, silencios, ancestros, en una familia cordobesa: “Cartas”.

Al finalizar la guerra, Noé Bomheker, este inmigrante polaco “emprendió dolorosos trámites para conseguir información acerca cuál había sido el destino de sus familiares. Esa desgarradora búsqueda fracasó, pues no logró obtener ningún dato: habían desaparecido sin dejar rastros. Con el correr del tiempo el silencio lo fue ganando y dejó completamente de hablar de ellos, de sus vínculos, y de su pasado en general. Su silencio se convirtió de manera tácita en una prohibición familiar de tocar ese tema”, expresa su hijo Mario.
De una forma u otra, la búsqueda de esos hechos tuvo que ver con la necesidad de que ese silencio paterno no siguiese proyectándose sobre la memoria ni sobre el presente: “Yo también había silenciado y negado -afirma Mario Bomheker-. Fui así descubriendo cómo estas circunstancias reprimidas durante tanto tiempo me habían afectado no solo a mí sino, a mi madre y a mis hermanas, sino a nuestros descendientes, a mis hijos y a mis sobrinos. Y también descubrí que estas historias se replicaban en otras tantas historias similares de amigos y personas conocidas.”
El realizador recuerda lo que se concentraba, para empezar, en aquel idioma: “El Idish, que era la lengua secreta de mis padres, la que usaban para evitar que nos enteráramos de lo que hablaban, durante mucho tiempo fue para mí algo misterioso y también un motivo de vergüenza. En esa lengua estaba depositado todo aquello que se me ocultaba y hubiese querido saber. Y, al mismo tiempo, me avergonzaba que me hablaran en Idish delante de mis amigos: representaba el mundo de los viejos, el mundo judío ajeno a mi realidad del barrio, el mundo de los ‘rusos’, de quienes los amigos se reían y se burlaban”.
La tarea que Mario Bomheker se echó al hombro frente a esa situación, fue decantando en “ideas e imágenes para realizar un film que se focalizara no solamente en la peripecia familiar sino también en lo que mi historia particular tiene de universal: los ‘misterios y secretos en las familia’ que se trasmiten de manera implícita, de generación en generación y tienen efectos duraderos en sus miembros y en la comunidad de la que forman parte, la tragedia de las migraciones forzadas, el impacto de los acontecimientos históricos sobre el destino de los sujetos individuales.”
Desde el punto de vista narrativo, comenta Bomheker, “una voz en primera persona va cronicando los hechos a medida que se producen: el hallazgo y la traducción de las cartas, la historia de mi padre, las conversaciones con mi madre y hermana, en procura de algún dato. En definitiva, las estaciones de mi búsqueda de algún vestigio acerca de mis parientes y la suerte que corrieron.”
Cartas indaga en tres escenarios: Argentina, Israel y Polonia. El guion fue escrito por Mario en 2014 y el filme comenzó a realizarse en 2015, contando con un crédito del Instituto de Segunda Vía. Se terminó a mediados del año 2017. Contó con Producción Ejecutiva de Carmen Guarini, tuvo como Directores de Producción a Jorge Gurvich (Israel), Staron film (Polonia), y la edición estuvo a cargo de Martín Cespedes. De cámara e iluminación se encargaron Diego Arroyo (Argentina), Jorge Gurvich (Israel), Wojciech Staroń (Polonia).