Proyectan que los alimentos suban más que la inflación

Este año vienen subiendo más que otros ítems y, en función de las presiones sobre el tipo de cambio, no hay expectativas de que terminen siendo un ancla de la evolución general. Ahora el dólar ya no corre por detrás de otros valores.

En el primer trimestre de este año los precios de los alimentos crecieron a tasas de entre 2% y 2,3% promedio mensuales, mostrando una aceleración respecto de los valores que se registraban en el segundo semestre de 2017. Así se adelantaron a otros precios de la economía, fenómeno que no se había dado en el último año y medio.
Un informe de los economistas Juan Manuel Garzón y Federico Wyss del Ieral plantea que la principal hipótesis para explicar la escalada en los alimentos es el comportamiento del precio del dólar y la mayor vinculación que tienen estos productos (en relación a otros) con el comercio exterior.
El puente que vincula precios de alimentos con tipo de cambio fue un elemento a favor de la política anti inflacionaria del Banco Central cuando el precio del dólar corría por detrás del resto de precios de la economía.
Este año, con más presiones sobre el tipo de cambio (efecto de la sequía sobre los agro dólares, suba de tasas de interés en Estados Unidos, impuesto a la renta financiera de extranjeros, “desencuentros” entre el Central y el Poder Ejecutivo en materia de política monetaria), “la posibilidad de que los alimentos operen como ancla del nivel general de precios o al menos en forma neutral luce más improbable”.
El reporte plantea que si se repara en lo sucedido con los precios en Ciudad de Buenos Aires (IPC CABA) o en la provincia de Córdoba (IPC Córdoba) se  encuentra que en general los precios de los alimentos han crecido por debajo de la tasa general de inflación y de la tasa de inflación núcleo.
En el contexto actual, donde hay más presiones a la suba en el tipo de cambio y menos margen para mantenerlo planchado, los alimentos no se comportarán en forma neutral, según entienden los economistas.
Mientras los precios de los alimentos subían en promedio entre un 6% y 7% entre diciembre 2017 y marzo de 2018 en las tres mediciones, los precios de algunas categorías de productos lo hacían a un ritmo mucho mayor y lo contrario sucedía en otras.
Tres grupos relevantes, frutas, carnes y panificados, subieron por encima del promedio, mientras que otros cuatro, hortalizas, lácteos / huevos, aceites, azúcar / dulces, por debajo de la media (con excepción de los lácteos en Córdoba, cuyos precios muestran una variación de +10%).
En el caso de las frutas, considerando que sus precios crecieron a tasas de entre 14% y 17% en el primer trimestre, duplicando a las de toda la canasta de alimentos una hipótesis es el importante incremento que se produjo en las exportaciones de casi todas ellas en el primer trimestre de 2018 (limones, peras, manzanas, etc.); un contexto de mayor escasez relativa de producto en el mercado interno puede haber disparado las cotizaciones.
En lo que respecta a carnes, el aumento de tipo de cambio y la consecuente mejora en las condiciones de exportación (al menos en las dos carnes que se exportan y suelen integrar la canasta de los IPC, carne bovina y carne aviar) se trasladó sólo parcialmente a los precios consumidor.
Esto puede obedecer a múltiples factores (por ejemplo, un ajuste de márgenes de distribución y comerciales) pero uno de ellos seguramente importante para entender el fenómeno es el momento por el que atraviesa el mercado de carnes: la producción, particularmente de carnes bovina y porcina, viene creciendo muy fuerte desde el año pasado y en lo que va de 2018.
En un contexto de oferta abundante, que enfrenta una demanda interna muy satisfecha de carnes y donde las exportaciones no representan todavía un volumen tan significativo, la posibilidad de realizar ajustes de precios internos importantes se reduce en forma significativa.
Es probable que el mercado interno siga bien abastecido hasta fines de año y por lo tanto que los precios de estos productos tan sensibles al consumidor argentino se mantengan relativamente contenidos (jueguen a favor del BCRA). Cuando el ciclo ganadero se revierta (actualmente más cerca de una fase de liquidación que de retención de vientres) y cuando la demanda interna se haga más fuerte, escenario que probablemente se presente hacia fines de primavera / verano, la hacienda y la carne bovina seguramente mostrarán un ajuste de precios ascendente importante, como ya sucediera en otros períodos.