El camino del líder

“De hecho, la capacidad de persuadir enlaza convencimiento, pasión, dominio y una estrategia para transmitir, de acuerdo a los modelos mentales de los receptores, lo que se desea o defiende.”

Por Prof. Dr. Eduardo Dalmasso

Desde dónde partimos

Partimos de nuestras experiencias, pero experiencias cultivadas en la reflexión sobre nuestras vidas y el mundo. Partimos de la sensación de que podemos hacer de nosotros algo digno de la vida y de la sociedad. Partimos y desarrollamos nuestra capacidad de autoliderarnos y,si cabe, liderar a otros, cuando sentimos la necesidad de realizar nuestros sueños, de darnos cuenta de lo que nos apasiona. Es más, de buscar lo que nos apasiona hasta reconocer ese talento que todos tenemos y que muchas veces transcurrimos sin darnos cuenta.  Sujetos emocionales, pensantes e imaginativos como fruto del devenir, sujetos al riesgo de que la vorágine, necesidades de la vida y el propio ego, perturben esa condición única de la especie.

Cuando los mandatos, la subsistencia y la búsqueda del éxitonosobnubilan, el despertar significa que comenzamos a comprender que, cualquiera sea nuestro nivel social y circunstancias, podemos emprender una marcha diferente, más bella y creadora de energías que hacen que la vida tome otra dimensión. Sí, es verdad:cualquiera de nuestras vidas se va a enfrentar a las dificultades del mundo y esto siempre requiere de valentía y el saber lo que se quiere, de ello la importancia de descubrirnos en los gérmenes de nuestra vitalidad. Por eso hablo siempre de la actitud necesaria a desarrollar por los líderes ante un mundo que no da respuestas simples. A propósito de esto, convengamos que:



“La historia no está predeterminada. No hay destino, Pietro, no hay nada escrito. El amotinamiento de las palabras tampoco es caos, aunque puede ser perdición. Las cosas carecen de lógica; los hechos, los sucesos, todo es impredecible, imprevisible, inadvertible, insoslayable, y para nada es trágico que así sea. Es hermoso, es genial si la genialidad somos nosotros, los que vamos haciendo la vida. Si no, no cabría la posibilidad del infinito, Borges, le dije, si aceptamos algo finito se nos acabó la literatura, y me reí por lo bajo, Pietro, caríssimo, porque lo que sucede es que todo esto del albedrío, del amor y del odio, de la dictadura y la democracia, del oscurantismo y el ansia de conocimiento, todo esto es enemigo del determinismo histórico, del determinismo social. Nadie nace para algo, nada está adjudicado de antemano (…) El nacimiento y la caída de un imperio no están escritos de antemano. (…)  Porque nada es definitivo y todo es reencontrable, hijo.Sobre todo el amor, esa dulce obstinación que tenemos por encarcelar nuestra libertad”. (Giardinelli, Mempo; 2009).

Sí, al margen de la belleza de este escrito del chaqueño, (Santo oficio de la memoria), su enunciado nos pone ante la necesidad de tomar consciencia de que lo que hagamos depende de nosotros. Es decir, de nuestros pensamientos y de nuestra voluntad por actuar de forma coherente. Esto significa bregar por el alineamiento entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos:cuatro aspectos fáciles de enunciar pero que en la vida práctica se nos presentan como un verdadero desafío. Justamente, lo difícil de lograr es ese alineamiento, lo que nos obliga a la reflexión diaria sobre las particularidades y repercusión de nuestras acciones.

Cuando Giardinelli expresa la contingencia del amor, también nos está hablando de las emociones que atravesarán nuestras vidas en muchos de nuestros actos importantes, y ojalá que así sea. Es claro que del enunciado de Giardinelli que comparto, el dominio de sí mismo constituye uno de los ejes del desarrollo del liderazgo: un propósito que nos demanda un trabajo interior muy fuerte y a la vez vaya paradoja, aprender a ser flexibles ante las contingencias que nos movilicen.

 

¡No hay recetarios!

Por cierto, el proceso de crecer como líderes no será producto de un recetario. Más bien de un transcurso de hallazgo de lo mejor de nosotros, para poder despertar las energías necesarias con el fin de concretar el proyecto de vida que nos permitirá realizarnos.Sin este proceso, lo que podamos asumir será una imitación que solo nos conducirá a un éxito ficticio o al fracaso por su inautenticidad. Éxito ficticio significa que careceremos de la satisfacción interna y todo dependerá del aplauso de terceros.

Vuelvo a valerme de otro escrito literario porque las sensaciones posibles, que despiertan en nosotros su mensaje, trascienden la razón de la lógica. Habla el emperador Adriano:

“Como todo el mundo, solo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros con los errores de perspectivas que nacen entre sus líneas”. (Yourcenar, Marguerite; 1990).

Recordemos que pueden existir múltiples factores que definen un proceso de liderazgo y que este puede adoptar múltiples formas. Nada nos garantiza la escala de valores que puede regir en su vida y, por ende, las manifestaciones de su influencia. Los valores rigen nuestras conductas, la elección de los mismos define a cada persona y las posibilidades de la vida en común. En realidad, ese es nuestro gran desafío.

Se trata de observar cuál es nuestra contribución al desarrollo de lo que nos propongamos y, sobre todo, cuál es nuestra contribución al crecimiento armónico de los que se encuadren en nuestro círculo de influencia. Entendemos que ese es el auténtico liderazgo, aquel que logra que el conjunto al que se debe, desarrolle lo mejor de sí.

¿Qué decir cuando el líder logra que todos aporten desde el crecimiento y la potencialidad, previamente no pensado? Ese es el ejemplo de los grandes líderes deportivos, políticos o comunitarios. En dichas personalidades, siempre visualizamos varios, si no todos, los siguientes elementos: templanza, humildad, persistencia, reflexión, autoconocimiento, aprendizaje y generosidad.

Es importante subrayar que no hay un modelo único, ni siquiera una modalidad única de expresión o de tipo de discurso. Lo único común es la capacidad de generar una historia atractiva y el talento para persuadir, que es lo que en definitiva hace al líder.

Se infiere la importancia del nivel de autoestima y la humildad necesaria para someter a la soberbia, cualquiera sea la suma de logros que realice. La soberbia implica el rechazo de los terceros (actitud muchas veces disimulo de algo vergonzante), dada la descalificación del otro que esto supone. De hecho, la capacidad de persuadir enlaza convencimiento, pasión, dominio y una estrategia para transmitir, de acuerdo a los modelos mentales de los receptores, lo que se desea o defiende.

 

Los ejercicios y sentimientos necesarios en el camino del liderazgo

El ejercicio de la Templanza, que está relacionada con la sobriedad o moderación del carácter.

El sentimiento de Humildad, como virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y de allí el respeto en sus actos de habla y actitudes.

Persistencia, como expresión de la voluntad que media entre la motivación y el aprendizaje.

Reflexión, como uno de los actos iniciales más profundos que realizó el ser humano en su evolución, asociado estrechamente a su capacidad de razonamiento y de poder indagar sobre todo lo que lo rodea y sobre sí mismo.

Autoconocimiento, como la capacidad de indagar sobre el origen de nuestras emociones, el valor de nuestras acciones, lo que altera nuestra armonía existencial, lo que nos alegra o degrada el espíritu, el principio de nuestros pensamientos, o lo que altera la salud de nuestro cuerpo.

Aprendizaje, como actitud clave del líder que se entronca con el sentimiento de humildad, lo que lo pone en predisposición permanente a adquirir, analizar y comprender la información del exterior y aplicarla a la propia existencia. El aprendizaje nos obliga a cambiar el comportamiento y reflejar los nuevos conocimientos en las experiencias presentes y futuras.

Generosidad, como atributo que diferencia al líderdel común de los mortales por ser un valor o rasgo de la personalidad caracterizado por ayudar a los demás de un modo honesto, sin esperar obtener nada a cambio. Formada por gen- (raza, estirpe, familia) y que originariamente se utilizaba para referirse a la cualidad de una persona hidalga, de familia noble e ilustre.

Es obvio que ningún líder o persona en el camino del líder tiene el mismo comportamiento respecto a estos siete aspectos que hacen a la conducta. Algunos tendrán, por ejemplo, más aguzada la actitud hacia el aprendizaje, otros hacia el autoconocimiento y quizás la mayoría peque de poca predisposición a la Generosidad. (Aunque estos serán los excepcionales) Sin duda, ninguno puede carecer de estos rasgos en alguna medida, si quiere persistir en el crecimiento de su autoliderazgo y de su capacidad de persuadir, si se trata de guiar. Sus conductas como lo vengo expresando, deberán estar respaldadas en el entusiasmo o la pasión. Sin esta condición es muy difícil superarlos distintos estados de naturaleza que atacan o ponen en jaque la autoestima como basamento de la identidad.