El llamativo laberinto del debate por el aborto

Los números de las encuestas encargadas por el gobierno demuestran que el debate, contrariamente a lo que se creía, está lejos de haberse cerrado.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Cuando el presidente Macri anunció su voluntad de abrir el debate sobre el aborto, los partidarios de la despenalización –así como los que se oponen- coparon los medios para presentar sus puntos de vista al respecto. Marchas, videos, canciones, todo fue considerado válido para tratar de llegar a los que deben tomar finalmente la decisión.
Tras el shock inicial, se abrió el debate en el congreso y empezaron a desfilar los expositores. Lentamente el tema fue reemplazado por otras cuestiones, siendo el tema de las tarifas el que ha acaparado las miradas en las últimas semanas.
Esa dilución de la novedad ha demostrado algunas características que no deberían escapar al análisis. Quizás lo más importante sean los pobres argumentos que se suelen presentar desde ambos lados. Los mismos han logrado camuflarse en eufemismos para torcer voluntades que, sin embargo, se han mostrado poco efectivos.
“Interrupción voluntaria del embarazo” o “derecho a decidir sobre su propio cuerpo” resaltan entre las personas que defienden la legalización del aborto. “Niño por nacer” o “dos vidas” deschavan a los defensores de la opción por la penalización.
Todas esas denominaciones sitúan la discusión en un plano de negar a la contraparte. Las opciones pro vida y pro elección parecen no reconocer que los otros puedan tener alguna postura intermedia. La visión dicotómica los reduce a meros apologetas de una u otra causa.
Las descalificaciones son arrojadas entre ambas trincheras con una facilidad alarmante, arrastrando al barro de una discusión mediocre a todos los que noblemente pueden estar decididos a poner en cuestión sus creencias.
Hace unos días se conocieron los números de una serie de encuestas ordenadas por el gobierno para medir de qué manera fue recibido el tema por parte de la población. Los resultados fueron llamativos, principalmente porque no es posible establecer una correlación entre las identificaciones políticas y la postura respecto al tema.
En otras palabras, aunque en el congreso haya una clara relación entre la pertenencia a un bloque y la postura sobre el aborto, en la sociedad parece no ser tan así. Eso le plantea un desafío a los legisladores, que se encuentran con que la realidad escapa a las ideas con las que llegaron al recinto.
Más importante aún es el hecho de que prácticamente en ninguno de los cortes o cruces realizados existe una opción que consiga una mayoría que supere el 50% de las opiniones. Eso significa, ni más ni menos, que a la última palabra la tienen los indecisos.
La lucha retórica en la que se han embarcado los que tienen una postura más cerrada sólo terminará por voltear a la opinión pública hacia el lado opuesto al que se proponen. Difícilmente una persona adopte una postura cuando la menosprecian para convencerla.
Por ahora, parece que nada está completamente definido. Algunos diputados y senadores parecen haber modificado sus posiciones, en algunos casos incluso habiéndose pronunciado en contra en años anteriores.
Así, aunque los dogmáticos de ambos bandos mantengan sus cabezas cerradas, los números y los cambios demuestran que el final todavía permanece abierto.