Cambiemos exhibe la misma interna en todo el país

La expansión del Pro en Cambiemos agita la interna en todo el país. Los radicales entienden que el aparato territorial debería valer más que la sonrisa de algún candidato estrella.

Por Javier Boher
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Alfredo Cornejo

Los cordobeses de Cambiemos están más tranquilos que hace un tiempo. Parece que el tema de las internas empieza a picar en distintos distritos. Aunque según el dicho “mal de muchos, consuelo de tontos”, no es poco que haya otros en la misma situación.
El crecimiento del Pro ha elevado las alarmas de amarillo a rojo en cada comité radical. El temor a llevar menos que sus socios es generalizado, ya que entienden que el aparato territorial debería valer más que la sonrisa de algún candidato estrella.
Algunos radicales han empezado a asustar con un quiebre de la coalición (una amenaza infantil en boca de gente tan experimentada). Aunque improbable, para ilusionarse con una elección que supere la de 2017 hay que asegurarse de que nadie saque los pies del plato.
Hace unos días el gobernador mendocino Alfredo Cornejo –uno de los altos perfiles que exhibe el radicalismo- aseguró que la vicepresidencia debería ser para el radicalismo. Todo un acierto… para armar una bomba de tiempo.
Parece no recordar las exitosas experiencias que nos ha dejado la historia reciente, con relaciones quebradas entre De la Rúa y Álvarez o entre Cristina y Cobos.
Cornejo pide dejar de ser una coalición parlamentaria y trabajar para ser una coalición de gobierno, pero parece olvidar que el férreo presidencialismo es institucionalmente frágil.
No pueden rearmarse los gobiernos si se pelean los socios.
El que fue aún más lejos que el gobernador de Mendoza fue Ricardo Alfonsín. Dolido como tantos “socialdemócratas” radicales, el bonaerense dijo que para su partido “lo ideal sería tener candidato propio”.
El hijo del ex presidente parece no caer en la cuenta de lo que tan claramente expresó Ernesto Sanz, piedra basal del acuerdo fundacional de Cambiemos. Ni el radicalismo ni el peronismo son lo que eran: no vuelven más en su forma tradicional. Es la hora de las coaliciones.
Después de reunirse en Casa Rosada, los delegados enviados por cada espacio empezaron a limar asperezas. Aunque el peronismo no consigue una cara nacional, en las provincias la realidad es otra. Eso alcanza para unir.
Los candidatos cambiemitas deben empezar a recorrer pronto sus distritos si pretenden triunfar en su arremetida contra los peronismos de las provincias.
En ese sentido el caso cordobés es paradigmático: aun habiendo ganado sin discusión las dos últimas elecciones, no tiene un candidato claro para la Gobernación.
Con sectores descontentos el riesgo es que se dé una fractura invisible, en la que los candidatos locales no muevan a su gente para las elecciones provinciales, acaso el acuerdo que contribuyó a sostener durante tantos años el gobierno de Unión Por Córdoba.
El radicalismo pretende –no sin razón- un reconocimiento por su aporte que sea superador de lo logrado hasta ahora. Para vencer al monstruo no importaba cuánto ponía cada uno. Ahora que esa amenaza ya no está, el interés de cada uno es velar por las bocas que tiene que alimentar.