Bailes del verano de 1876

Unas crónicas periodísticas actúan como fragmentos de una agenda en varias localidades serranas donde se agrupaban algunos bailes en el estío cordobés.

Por Víctor Ramés
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Un baile parisino a la moda, litografía coloreada de Charles Vernier, 1876.

La estación veraniega era favorable a las reuniones danzantes, en los destinos vacacionales del interior cordobés de 1876. El formato del baile podía diferir, de la simple tertulia hogareña donde se danzaba, al baile en un salón con piano u orquesta donde se aprendían y se lucían los bailes de moda, o asimismo los bailes de máscaras, que adjuntaba un poco de fantasía a ese tipo de actividad social y entretenimiento. En sí la práctica del baile, según el enfoque que se quiera hacer, puede verse como una repetición de costumbres muy frecuentes, o llamar a una descripción sobre las danzas de moda. O bien, como en este caso, interesarse por las diversas menciones que un mismo diario aporta sobre una serie de bailes que en los mismos días de un verano tuvieron lugar en diferentes localidades. Es decir que la atención es atrapada por un puñado de noticias que dan cuenta de la tendencia bailable que mostraba el interior en la estación estival cordobesa. Las publica El Porvenir de la Juventud.
Para empezar, un cronista da noticia, el 30 de enero de 1876, de unos bailes de máscara.
“En Anisacate la gente se divierte que es un gusto.
Los paseos y los bailes de máscara, están a la orden del día.
El domingo pasado, como a las 6 de la tarde, llegábamos nosotros a la ribera de aquel hermoso río, y fuimos sorprendidos agradablemente con la presencia de un hermoso grupo (ramo de flores mejor dicho) de más de quince bonitas niñas que paseaban a caballo.
No habían pasado dos horas, cuando otro grupo de más de veinte señoritas disfrazadas entraban a una casa inmediata a donde paramos, y sin cuidar de etiquetas se declararon de baile. Aquí fue lo bueno! Todas bailaban, se reían, y sostuvieron una de las más lindas tertulias hasta las dos de la mañana.”
Así como la cita da una estampa del valle de Paravachasca, el mismo día el periódico ofrece noticias de un corresponsal que asistió a un baile en la ciudad de Cosquín, en Punilla. El relator del evento escribe desde su punto de mira, por lo que resulta ser casi el protagonista del evento. Unas pocas citas servirán:
“¿Me acompaña para los primeros lanceros, mi amiguita G? Con mucho gusto, respondióme con cierta coquetería mi primera compañera.
Vestía de color amarillo matizado con el carmín de la rosa.”
Debido a que la aludida joven “está ya enamorada de uno de cabellos de oro”, el cronista dirige su atención hacia otras niñas:
“Desde ese momento no perdí de vista a la señorita C. su traje, color del café, me la hacían distinguir perfectamente en medio de los danzantes”.
Esa predilección no significaba en absoluto dejar de mirar hacia otros lugares del salón:
“Qué bonito traje lleva aquella morenita que saluda con tanta elegancia en los lanceros!
El color de la humilde violeta en la sede de la aristocracia ¡Qué picante y salada! ¿No es verdad mi querido A? Sus negros y lindos ojos descubren un corazón de fuego. La frente espaciosa revela su clara inteligencia y su fecunda imaginación, A fe que si esta chica me quisiera, no sé qué sería de mí. El joven C. tentó el peor sistema para conmoverla: el inglés. (…) En ese momento pasaban por delante de nosotros dos muchachas que no eran conocidas de mi compañero, y que no tuve inconveniente en presentárselas Eran dos primitas mías por quienes mis amigos G. e Y. perdían el poncho.”
Y a comienzos de febrero, el periódico que seguimos da noticias de otro baile, éste en Villa María.
“Sres. Redactores del Porvenir de la Juventud.
Mi correspondencia de esta semana, se concretará a hacer a Vdes. una ligera crónica de un baile, que días pasados tuvimos en casa del Sr. Ferreira, en Villa Nueva.
Hela aquí:
El baile es el cielo, el purgatorio y el infierno. Así lo ha dicho Severo Catalina.
Para los que aman verdaderamente de él se transmiten recíprocamente, en el apasionado lenguaje de los ojos, que en dulces sonrisas, se muestran con harta elocuencia el estado de sus apasionados corazones; para esos un salón de baile es el palacio del encantado Edén. La música son dulces melodías, entonadas por esos coros de ángeles purísimos; el bullicio de las mil diversas conversaciones, son ecos de las delicias de ese mismo edén, para ellos en fin, un salón de baile, es el cielo de su inefable dicha. Para los que aman con esa terrible desconfianza que se llama celos, que en cada mirada ven un nuevo acto de desconfianza, en cada sonrisa un nuevo acto de favoritismo a favor de su rival y en menoscabo de su pasión volcánica y desesperada para esos el salón de baile es fastidioso, las armonías de la música son lúgubres ecos desacompasados y faltos de encantos, las sonrisas de las bellas son fríos sarcasmos que no hace más que acrecentar el diabólico fuego que inflama sus almas. (…)
Las diez de la noche serían, y ya llenaban un espacioso salón quince o veinte parejas, que danzaban alegremente. –Inútil sería querer describirlos los innumerables encantos que atesoran tanta belleza allí reunida, todo cuanto escribiéramos sería pálido, puesto en parangón con tanta gracia y hermosura. Nos concretaremos a examinar ligeramente algunas señoritas.
Tres ángeles, que por primera vez extendían sus doradas alas por el espacio de nuestros salones, tres lindas porteñitas comparables con las gracias, las tres Srtas. Ortiz, fueron las que principalmente llamaron nuestra atención. Sus trajes aunque sencillos eran bonitos y elegantes.
Las simpáticas hermanitas Señoritas Lascano, supieron como siempre captarse la estimación general. Las amables Srtas. Casas, fueron como otras veces, las reinas de la moda y la elegancia.”
La mención final trae una escueta nota publicada por el diario el 13 de febrero y refiere lo siguiente:

“Gran baile
Anoche se dio un gran baile en el Totoral, y esta noche debe tener lugar otro aún mejor.
Las muchachas que han salido este año al campo, están alegres como nunca.
Para el baile de esta noche, han ido también muchachas de otras partes.
De Jesús María fueron ayer entre otras la familia de Rueda y del Sr. D. Pio Leon.
¡Qué verano tan bueno!”