La reforma de González y Gutiérrez, un llamado a la creatividad

Sabiendo que el oficialismo provincial cuenta con los votos para aprobar la reforma, los aspirantes a robar la gobernación están obligados a ser creativos si pretenden hacer una elección competitiva.

Por Javier Boher
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gonzalezEs sabido que los últimos resultados electorales en Córdoba han alterado a más de uno en las filas del oficialismo provincial. Por segunda vez en 20 años existe un riesgo cierto de perder el poder.
La primera vez fue en aquel lejano 2007 en el que un escenario de tercios dejó a Luis Juez en las puertas del triunfo. Con acusaciones y operaciones, el escenario se enturbió tanto que se dio paso a la reforma electoral que habilitó la adopción de la boleta única como rasgo más perdurable.
Con el paso del tiempo aquellos episodios que caldearon los ánimos se van perdiendo en la memoria de la gente, un poco por el ocaso juecista y otro poco por la renovación generacional.
Hoy el gobierno provincial ha decidido apelar a algunas de las clásicas herramientas políticas con las que se “trabaja” una elección a través del proyecto impulsado por Oscar González y Carlos Gutiérrez.
La propuesta es interpretada como una división de fuerzas para la oposición, que entiende puede salir perjudicada por la unificación de la candidatura a Gobernador con la de primer legislador. Un acuerdo de esa naturaleza podría complicar el armado de un frente competitivo.
En las cabezas de algunos armadores de Cambiemos está siempre abierta la posibilidad de sumar a sus filas a dos personajes que -pese a tener cierto brillo propio- hoy se encuentran sin un espacio amplio que los pueda contener. Es el caso de Aurelio García Elorrio y Liliana Montero.
En el caso de que las cosas siguieran como hasta ahora, ambos podrían aspirar a una candidatura exclusiva a la legislatura, asegurando que su partido se abstenga en el tramo a gobernador. Con la jugada propuesta desde Unión por Córdoba, eso se complicaría.
Una lista de unidad integrando a ambos a Cambiemos podría diluir su peso en el arrastre de votos, quitándoles protagonismo al quedar fuera del espacio visible en las boletas.
Pero no todo está perdido para los aspirantes a robar la gobernación, tal como seguramente saben los que están trabajando para anticiparse a la movida.
Hay una posibilidad que puede ayudarlos a destrabar las negociaciones. Si se los incorporara en el tramo como legisladores departamentales, no sólo tendrían una mayor exposición, sino que además tendrían una legitimidad propia que los tranquilice en su conciencia por estar donde no quieren (clave en el caso de la alfonsinista Montero).
García Elorrio tiene su espacio de fortaleza en Capital, donde obtuvo dos tercios de sus votos en las legislativas del año pasado. Aunque quizás su persona no sea la que mejor maride con la impronta del grueso de los votantes urbanos, los encargados de la comunicación seguramente sabrían cómo trabajar eso.
Para el caso de Montero, el hecho de haber nacido en Carlos Paz le podría permitir ser candidata por el departamento Punilla, un distrito que hace ya más de diez años se inclina mayoritariamente por fuerzas opositoras al gobierno provincial, en la forma del Frente Cívico, la UCR o Cambiemos.
Seguramente una maniobra de ese estilo agitaría aún más las internas dentro de la coalición opositora, ya que dichos cargos departamentales suelen quedar reservados para aquellas personas que tienen peso propio en la estructura territorial de los partidos.
Ante la creatividad política que pueden exhibir algunos (un don que no está al alcance de cualquiera) la respuesta debe ser proporcional. No se puede planear una estrategia ganadora si se lo sigue haciendo desde el mismo lugar que siempre garantizó derrotas.
Si realmente a la última palabra la tiene el presidente desde su despacho en Buenos Aires, probablemente estas cuestiones se resuelvan antes de lo previsto.
Aunque la intención de la oposición sea frenar la reforma, harían bien en ir preparando el terreno por si eso finalmente prospera, porque nadie gana una elección sin anticiparse al que toma las decisiones.