La beneficencia y sus damas (Segunda Parte)

“La caridad, por autoridades y asociaciones de beneficencia especialmente de damas, se ejercita en vasta escala en esta Ciudad”, rezaba una memoria municipal de 1902. La primera sociedad de esa clase había sido creada en Córdoba en 1855.

Por Víctor Ramés
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Damas de un Orfanato de Buenos Aires, 1893.

El Imparcial arrojaba municiones morales a la novel comisión de damas, pretendiendo probar que unos pobres (los huérfanos) debían ser la prioridad excluyente sobre otros pobres (en este caso las jóvenes educandas) que consumían la acción de la Sociedad de Beneficencia, fundada un año antes. El juicio del diario sobre las últimas resulta tremendo de leer:
“Si tomáis vuestras pupilas y educandas de entre las más pobres, vais a encontraros con una escuela y un colegio formado de niñas destinadas por la Providencia desde su nacimiento a moverse en la más baja esfera de la escala social: la educación que les daréis tenderá sin duda a elevarlas, pero la miseria pesará sobre ellas para mantenerlas en su condición: vais pues a mostrar a esos corazones tiernos un Edén que jamás han soñado, vais a despertar en sus cabezas el sentimiento de lo bello, que estaba adormecido por la pobreza: ¡muy bien! Concluid la educación de esta joven: a los 15 años lee, borda y escribe con propiedad; la música, los idiomas vivos que le habéis enseñado aguzan la sensibilidad propia de una joven, la geografía le muestra mundos nuevos que su fantasía hace habitados por genios bien hechores. La historia incluso la Sagrada, le enseña pobres doncellas, que su belleza ha elevado a la mayor altura: con estas disposiciones deja el colegio para trasladarse al pobre hogar paterno; allí no hay luz ni libros, ni música ni flores, no encuentra la amena conversación de la maestra ni el gracioso cuchicheo de sus jóvenes compañeras; las rudas caricias de los padres chocan con sus maneras civilizadas, los groseros trabajos que le encomiendan , no están en armonía con sus hábitos y cultura, la voz imperiosa del patrón hiere su amor propio… ¿Tendrán así mucho apego a su hogar? El orgullo y el deseo de agradar, dos sentimientos tan universales en los descendientes de Adán ¿no les sugerirá un medio más cómodo de volver a la altura de que han bajado? Omitimos mil reflexiones más por no recargar demasiado este artículo.”
Así, aparecen ante los ojos que miran el pasado, mujeres situadas en una realidad bidimensional: una asociación administrada por damas distinguidas, de un lado, y unas niñas y jóvenes pobres que dependen de la acción de las primeras para obtener alguna promoción para su situación. Unas y otras aparecen colaborando en un dispositivo dirigido a construir un lazo de moralidad que prolongue la continuidad social de unos valores. No es aquí el objeto analizar los casos específicos que ese sistema produjo, sino señalar que resulta válido mostrar la existencia del dispositivo mismo.
El elemento moralizador destinado a los pobres, especialmente a las jóvenes y niñas, estuvo presente desde el mismo inicio ya que la Sociedad de Beneficencia, según un discurso de Rivadavia, se orientaba a “la perfección de la moral, el cultivo del espíritu en el bello sexo, y la dedicación del mismo a lo que se llama industria, y que resulta de la combinación y el ejercicio de aquellas cualidades”. Las jóvenes asistidas por la Sociedad recibían instrucción que favorecía sus posibilidades laborales, asistiendo a escuelas de artes y oficio, o a la escuela práctica de sirvientas, o trabajando en pequeños talleres. Se aspiraba a la apertura de un horizonte laboral, que los -y las- protegiese de vicios, de riesgos, de la cárcel, de la prostitución.
Fueron las mujeres prominentes de la sociedad cordobesa, mediatizadas por una entidad a favor de los necesitados, las que velaron por su crianza, su educación y su salud, en diversos estadios de su historia. “El sentimiento de la caridad, por autoridades y asociaciones de beneficencia especialmente de damas, se ejercita en vasta escala en esta Ciudad, distribuyendo sus socorros al necesitado en la forma de albergues, alimentación, vestidos, instrucción, protección maternal, hospitalización, etc.”, según se lee en una Memoria de la Administración Sanitaria y Asistencia Pública presentada al Concejo Deliberante en 1902.
Engrosaron las filas de la actividad benéfica mujeres de clases distinguidas, esposas de terratenientes, grandes comerciantes, propietarios, de apellidos patricios quienes, a la vez que ejercían una labor social, le sumaban brillo a sus renombres sociales mediante el aura moral y caritativa de su dedicación. Su compromiso principal consistía en reunir fondos para sustentar las instituciones dirigidas a paliar la situación de los sectores empobrecidos a costa de la expansión económica de las clases dominantes. Entre los constantes pedidos de ayuda a las familias pudientes de la sociedad cordobesa para reunir fondos, la Sociedad de Beneficencia ofrecía abonos para kermesses, organizaba bazares de caridad y promovía otros eventos culturales como funciones teatrales a beneficio, veladas literarias, conciertos y muestras de arte, entre otras iniciativas.
Un cuadro que expresa saturación ante esos pedidos de ayudas al prójimo hacia fines de siglo, lo provee La Carcajada del 4 de octubre de 1896:
“¿No es un sinsabor el que se experimenta a cada rato recibiendo la invitación para una fiesta o función de beneficencia?
¿No es cosa que hace arder las orejas eso de tener que habérselas constantemente con personas que piden, unas para una iglesia, otras para un altar, éstas para un asilo y aquellas para una congregación?
Y esto aparte de los mendigos que en las calles, en los templos y en todas partes lo importunan al transeúnte pidiéndole una limosna. ¿A dónde vamos a parar con este proceder o práctica que se ha implantado?
¿De dónde quieren que el pueblo saque para costear tantas exigencias, cuando gracias si puede satisfacer, aunque sea haciendo la cara fiera, los impuestos fiscales y municipales?
¿No bastan acaso para demostrar la filantropía del pueblo las tantas obras y establecimientos de caridad que se han implantado en un corto tiempo, así como los templos y monumentos que se han construido?”