El partido de la Justicia

Con cada una de sus decisiones, cada vez queda más claro el partido que está jugando la Justicia. Aunque nos perdamos en los detalles, no pierde oportunidad de mandar sus mensajes al poder político.

Por Javier Boher
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Por resolución n° 1 del supremo comando de publicaciones escritas en tono de burla se resuelve saludar a toda aquella persona que pueda considerarse a sí misma lector de la columna. El trato afectuoso y horizontal será suprimido por el bien de la patria.
Ese parece haber sido el tono de cuanta publicación hubo este fin de semana, amigo lector. Es todo con una solemnidad alarmante, como si no se pudiera hablar de cosas serias de modo distendido. Considerando que la Justicia se ríe de nosotros todo el tiempo, bien podríamos devolverles el gesto.
La semana pasada entrevistaron al Mandela argentino para un programa de radio. El pobre Lucho se quebró y moqueó un rato hablando de sus penurias. Bastante flojo compararse con un tipo que estuvo preso 27 años después de estar adentro menos de 4 meses.
Tanto que le gustaba inflar el pecho cuando tenía el respaldo del Estado, ahora que los compañeros lo olvidan es un pichoncito que juega a dar lástima en los medios. Queda mal compararse con los que de verdad la pasaron mal, Luis.
Después de tan conmovedor momento radial, lo liberaron junto al maoísta cordobés. Se ve que los muchachos ya estaban sufriendo la tensión por la detención y decidieron largarlos a la madrugada, tratando de no avivar a nadie.
En el partido que la justicia está jugando por su supervivencia decidieron largarlos el 24 de marzo, una fecha más que simbólica para la historia argentina. Si eso no es un mensaje del poder judicial yo ya no entiendo nada.
Básicamente, quedó claro que metieron a todos presos con preventivas para demostrarle buena voluntad al gobierno, como que ellos les pueden dar una mano para ordenarles las cosas. Ahora los largan como para mostrarles que ellos pueden acompañar a la oposición. Aunque usen traje son más corporativos que la CGT.
Igual la fiscal se cubrió, porque no es cuestión de andar por ahí quedando pegados con nada. Básicamente dijo algo como “los libero pero no me gusta”, como en las novelas cuando les meten un beso de prepo -que aprovechan para meter mano- pero después salen a correr al que aparece de imprevisto.
Cuando lo largaron, Zannini dijo que había pasado dos 24 de marzo preso, los de 1976 y 1977. Es notable cómo a los doctores en historia -tan rigurosos para aleccionar- algunas veces se les escapan las fechas: fue preso en un gobierno peronista y liberado por el general Videla.
Después de pasar por la casa a desayunar los muchachos fueron a la marcha, porque hay que hacer toda la puesta en escena de que son presos políticos en una lucha contra un gobierno autoritario. Parecían Lech Walesa cuando lo liberó el régimen comunista polaco.
Imposible no emocionarse con el abrazo del Chino con Jr. K, con el que trataron de resumir el espíritu de la lucha, el retorno del Nestornauta, la épica combativa de la resistencia y toda esa cadena de autoconvencimiento que tienen los groupies kirchneristas.
No importa mucho el tironeo de la marcha, porque ya sabemos cómo es. Todos saben que la dictadura fue mala, pero sólo algunos son los que están obsesionados.
Imagine que la cosa era como la Semana Santa, que la mayoría come pescado cuando llega la fecha pero no se pasa la cuaresma haciendo ayuno y abstinencia.
Eso queda reservado a unos pocos, que en el caso de la marcha el kirchnerismo se encargó de convertirlos en algo así como los lefevbristas de los Derechos Humanos.
Usted lo sabe bien, amigo lector. Mientras nos perdemos en esos detalles, los que deciden si todas las causas (sean por corrupción, lesa humanidad, abigeato o hurto simple) avanzan o no se siguen cuidando la espalda entre ellos, lejos del control de los ciudadanos.
Ellos juegan su partido aparte, en el que nosotros pagamos las entradas a la cancha, el codificado, el kinesiólogo y hasta el abono del celular para cuando están en la concentración y quieren subir fotos con mil filtros a instagram.
¿Recuerda cuando le decía que las preventivas no servían para nada, que eran un circo? En realidad estaba confundido. Sirvieron para sacarles los “bienes recuperados de la corrupción”.
Adivine: ¿quiénes van a pedir que se los devuelvan? Ajá, los que ahora están siendo liberados.
Otra: ¿quién va a terminar pagando todo? Los que siempre bancamos la joda.
La última: ¿quién les va a dar la razón? Acertó, los mismos que los metieron adentro sin argumentos, aprobaron los embargos y ahora los liberan.
No lo molesto más. Vaya a trabajar que la Justicia necesita seguir jugando su partido, simulando ser justa.