El costo de frenar el dólar para domar la inflación

En lo que va de este mes el Central resignó US$1500 millones para evitar una suba importante de la divisa; opta por sacrificar reservas (cuenta con más de US$60.000 millones) y subir tarifas. Es una ratificación del gradualismo.

Por Gabriela Origlia

En lo que va de este mes el Banco Central lleva vendidos US$1500 millones para que el dólar no siga subiendo. El objetivo final es dominar la inflación –que se resiste a bajar- ya que en Argentina el pass through (pase a precios de la devaluación) es mucho más alto que en otros países. El pase alcanza desde alimentos a los insumos productivos con costos dolarizados como el aluminio, el plástico o los productos petroquímicos, que tienen impacto directo en la producción.
La opción de subir y bajar las tasas para luchar contra la inflación –receta aplicada hasta el año pasado- no fue suficiente. Fueron varios los economistas que advirtieron que la herramienta era insuficiente.
Entre ellos se contó, por ejemplo, Guillermo Calvo quien hace un semestre, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba dijo que la flotación es libre pero “cuando aprieta el zapato, entran”. Insistió en que la tasa de interés no es un ancla; es un precio relativo por lo que no fija los precios absolutos. Recordó que usar esa política de contención de la inflación ya fracasó en la región, como en los ‘80 en Brasil. “Es peligroso usar la tasa en los emergentes; y en los avanzados demostró que tampoco sirvió; hay que mirarla con desconfianza”.
“Hay que tener dos anclas, intervenir en el mercado de divisas, comprar y vender reservas, eso es lo que hacen los emergentes. La ventaja es que no estoy tan esclavizado. Creo que esa es la política del Central, usar la tasa como un indicador pero si el sistema no me respeta, intervengo; debe explicitarlo”, enfatizó en ese entonces.
La pregunta ahora es hasta cuándo seguirá interviniendo el Central en el mercado cambiario. Para responder todos miran la entrada de los dólares de la cosecha. En 2017 las agroexportadoras liquidaron US$21.399 millones, el 10% menos que en 2016. Fue el segundo año con menor liquidación de dólares de la década detrás del 2015 cuando ingresaron -provenientes del agro- un total de US$19.963 millones.
La baja respondió, según los expertos, al atraso cambiario que desalentó las ventas del complejo sojero. Según los datos que se manejan algunos ministerios, en esta campaña la liquidación debería alcanzar los US$ 25.000 millones y deberían estar llegando en las próximas semanas.
La consultora Econométrica señala que en la intención es llegar al 2019 con los riesgos del mercado cambiario “atenuados por las expectativas de un sobrecumplimiento de las metas fiscales”. En esa línea optan por rechazar la receta de shock de devaluar y subir tarifas en popular, y los funcionarios se mantienen en el esquema de gradualismo: aumentarán los servicios pero resignarán reservas. El Central puede hacerlo porque acumula algo más de US$60.000 millones.
Hace unos días Federico Sturzenegger confirmó ese planteo. Sostuvo que Argentina “está en proceso de normalización de su economía y que elegimos una transición de convergencia fiscal gradual, que provoca una transición en la desinflación”. El ministro Nicolás Dujovne agregó: “Con el alza de tarifas, está cerca de 20%, una baja muy grande”, por lo que consideró que “no hay ninguna discusión: Argentina está bajando la tasa de inflación”.
Por supuesto que, además de los factores internos, al dólar lo puede afectar la volatilidad externa que es más compleja de predecir, sobre todo después del inicio de la guerra comercial planteada por Donald Trump a Rusia. A eso se suma la concreción de la esperada suba de tasas de interés en Estados Unidos (serían otros tres en el año).
Argentina tiene una vulnerabilidad relativa muy superior a la de otros mercados, por su déficit y su necesidad de endeudamiento. En este contexto, aumenta el costo de financiamiento y, aunque todavía no es dramático, los economistas encienden luces amarillas. Señalan que el ritmo de colocación que se trae es insostenible y advierten que la prima de riesgo, en algún momento, será mayor.