La oposición insiste con una receta que no puede curar su mal

Con un Hugo Moyano atemorizado y una izquierda deseosa de protagonismo, no sorprende la cantidad de intentos de instalar un conflicto en este comienzo de mes.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Arrancó marzo con conflictos en distintos frentes, con sindicatos, partidos y movimientos en pie de guerra por lo que viene.
Sólo 7 provincias iniciaron el ciclo lectivo sin complicaciones. Aunque en Córdoba hubo arreglo, UEPC decidió acompañar la medida impulsada por Ctera a nivel nacional. La poca adhesión demuestra que acá la gente ve otra cosa.
El reclamo docente choca con la necesidad de mejorar la evaluación, capacitación y seguimiento de la labor educativa. Aunque remuneración y desempeño deberían ir juntos, eso no siempre pasa.
Nunca está de más recordar que muchos de los que lloran pobreza en los paros son los mismos que reivindican su derecho a teatralizar frente a alumnos de primaria el secuestro de Maldonado por parte de gendarmería.
Pretenden cobrar como finlandeses pero con rigor técnico de un fundamentalista saudita, una fórmula que les valió el rechazo de la opinión pública.
En la misma línea, la autorización para la extradición de Jones Huala a Chile es el nuevo tema de moda. Para la izquierda anancefálica, la extradición es casi como si lo condenaran a la horca. Contrario a lo que argumentan, se trata de ponerlo a disposición de la justicia chilena, no de entregarlo a un grupo de tareas pinochetista.
Por esas cosas, cada batalla les queda más lejos. Es que la estrella protectora se va apagando y los tiempos de la historia siguen desplazando los reclamos hacia otro lado.
Mientras el gobierno sigue la tendencia mundial y les va robando la agenda progresista (del mismo modo que el peronismo se robó las banderas de la justicia social) su ocaso va dejando lugar a una oposición que se va a situar cada vez más a la derecha del gobierno, por más que eso les resulte inverosímil.
La base conservadora del peronismo, que durante el kirchnerismo se sometió a las directrices emanadas de la voluntad cristinista, sigue en su búsqueda de un candidato que represente la base tradicional justicialista, más cerca de un conservadurismo popular que de un progresismo posmoderno.
Mientras el kirchnerismo menguante y la izquierda funcional se la siguen haciendo fácil al gobierno reivindicando a Chavez, Castro y demás líderes carismáticos, las posibilidades del peronismo están fuera del aparato que gobernó durante más de una década.
Por eso no extraña a nadie que todos estos frentes de conflicto todavía no logren afectar al gobierno, que debe hacer equilibrio para mantener las expectativas de mejoría en la gente.
Todavía, debajo del cable no hay ningún monstruo que le impida volver a subir para seguir intentando. Pero mientras más tiempo pase, cada vez va a ser mayor el riesgo de que aparezca quien no lo deje volver a intentarlo.