Cocho Pedraza: rescate del humor local

Un libro que se abre camino hasta el corazón con una sonrisa y mucha sabiduría de la tradición rural, circula en edición de autor y amerita el favor de más lectores.

Por Gabriel Abalos
gabrielabalos@gmail.com

En edición de autor y sin bombos ni platillos circula de manera limitada la segunda edición de un libro titulado “Como vientito del sur”, y que lleva por simpática descripción la frase “Memorias olvidadas”. Su autor es un entrañable personaje de la cultura cordobesa, Daniel “Cocho” Pedraza quien, según su perfil en red social, es “albañil, músico y asador”. El Cocho le ha dado vida a los relatos de esas páginas inspirado en historias y anécdotas recogidas en gran medida de modo presencial en su pago natal cordobés de La Carlota, al sudeste de la provincia, donde conviven unas 15.000 personas. El origen de esa ciudad capital de Juárez Celman es previo a mediados del mil setecientos, donde se instaló el fortín del Sauce, Comandancia General de la Frontera del Sur, muralla contra los pueblos originarios de la región pampeana y patagónica cuyo asentamiento en la región se remontaba a más de ocho milenios atrás. De allí procede el gentilicio original “sauceros”, de los hoy llamados carlotanos.

Y es, sobre todo, la zona donde Cocho nació y creció en contacto con el folklore musical y narrativo al que le prestó la oreja desde temprano, y que contribuyó a tejer su propio imaginario. Desde siempre Cocho es un amante del humor, de las canciones y los ritmos criollos y estudió en el Profesorado de Folklore de Collegium. Cada tanto sus publicaciones en la red iluminan con trazos atinados algún costado de la cultura.

Las “memorias olvidadas”, no se proponen grandes alturas literarias, pero sin embargo las alcanzan por su sencillez y su sinceridad, y sobre todo por lo auténtico de la identidad que recogen directamente de la voz popular. Son esa identidad y el humor que se desprende de ella, los que le dan valor a este libro, que elegimos comentar porque enriquece el conocimiento de la mentalidad popular cordobesa. La importancia del aporte a la memoria tiene que ver con tradiciones que aun palpitan, pero que las grandes urbes han ido cubriendo con su maleza de nuevas formas y tecnologías de comunicación, o de otras valoraciones ajenas a las pequeñas sociedades rurales. En ese sentido, los relatos que transmite Cocho Pedraza en su libro recuerdan el sabor de tradiciones recogidas por un Azor Grimaut, siempre con el oído puesto en la creencia y en los usos populares.

“Como vientito del sur” le dedica su primera parte a los cuentos de “viejos mentirosos”, un conjunto de exageraciones típicas de los géneros orales folklóricos -que suele reivindicar como propias la cultura andaluza, y que adquieren gran profusión en el cuento tradicional argentino-. Para muestra bien vale uno de los cuentos, en el cual su personaje huye en bicicleta, temeroso del brazo de la ley, tras darle un puntazo en el abdomen a un matón de la zona por un pleito nacido de un partido de bochas. En su huída, Pedro Cadelago decide cortar el cable del telégrafo para que la orden de captura contra él no prospere, con tal sentido de la oportunidad que oye brotar del extremo de la línea recién tajeada por el cuchillo, una voz enunciando: “¡Detengan a Cadelago!”. O esa otra narración referida a los “Indios Zona” quienes, una vez capturados y amarrados, eran tan pero tan malos que se morían de bronca.

El resto de los cuentos se agrupa bajo la etiqueta “Otras yerbas” y revisa a personajes típicos de la zona, sus apodos, sus hechos, las canciones, las costumbres, casos y referencias que sacan a la luz diversos aspectos de la tradición carlotense. Retruques memorables, oficios, la fauna y la flora, el habla, las diversiones, las comidas, las fiestas, van saliendo a la luz tiradas del hilo de esa memoria que atesora los pequeños hechos de la comunidad a lo largo del tiempo. El texto reproduce con precisión los giros idiomáticos propios del habla popular, así como un sinfín de palabras y detalles de procedimientos tradicionales que definen la mentalidad regional argentina.

El prologuista del libro es el músico e historiador carlotense Tito Abecasis, quien pone de relieve el estilo en que están escritos estos sucedidos, el que va “directo al asunto, con un decir natural que nos hace sentir compartiendo la rueda del mate o la charla de sobremesa” Asimismo rescata el desfile de personajes del pueblo que perviven en estas páginas y cuyo nombre evoca de inmediato a quienes los conocieron, sus figuras ya desaparecidas, que quedan aferradas como abrojos al fluir del texto. Y también afirma que “no todo es nostalgia y sonrisa” en este libro, ya que Cocho es también maestro, y de allí que “en varias estampas nos explica cuándo se inventó el acordeón, qué es una cabeza guatiada, los distintos tipos de cuchillo, la talla y nombre de la familia completa de los armadillos americanos y el vademécum del asador”.

Para tentar a los potenciales lectores, aquí va el siguiente relato breve, tomado de la sección dedicada a los Viejos mentirosos: “La vista de don Guzmán”. Dice así: “El viejo Luis Guzmán, apoyado en un poste del alambrado y mirando hacia el norte, comentó:
–Está lloviendo lindo en Santiago del Estero.

Decía que su agudeza visual se debía a la costumbre de tomar infusiones de hojas de duraznero.

–Gracias al té de durazno puedo ver a quinientos metros cómo parpadea un tero.

Los amigos de uno de sus hijos, haciéndole una broma, le preguntaban:
– ¿Tu papá todavía puede ver hasta Santiago del Estero?

–No, está muy viejo, ahora ve hasta Villa María nomás.”

La segunda edición del libro fue presentada en agosto de 2016 en el Centro Cultural Graciela Carena de la ciudad de Córdoba. Pese a ser una edición limitada, de autor, es un trabajo que merece mayor difusión y que sin duda tendrá consecuencias en el humor de los lectores que decidan entrar en sus páginas.