Gracias señor delincuente

Aún con Cambiemos, algunas cosas no cambian. En este mundo consumista, un alma solidaria me ayudó a redescubrir la espiritualidad despojándome de algunos bienes.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Ay, ay, ay amigo lector. En un país en el que lo único previsible son los imprevistos, en esta columna de hoy le vamos a hacer honor.
Mientras el fin de semana trajo lluvias y soles con más ciclotimia que la de la Reina del Calafate en el sillón de Rivadavia, los temas le siguieron el ritmo. Que los dichos de Michetti, que el RAM, que el sorteo del mundial o el padrón de River.
Pero hay temas que pasan desapercibidos porque estamos hablando de cuestiones políticas de altísimo vuelo, como la ropa de Juliana Awada o el proyecto del Día del Cuarteto.
No se preocupe, que tampoco pretendo hacerme el sesudo y hostigarlo con algún lamento de los que abundan entre la prensa que siente que se vive bajo una dictadura genocida. Pero bien vale la pena llamar la atención sobre las cosas que por ahí se escapan.
Cuando estaba llegando a mi lujosa casa de columnista estrella, rodeado de brillantes autos importados y variados animales exóticos (tengo debilidad por el lujo narco colombiano de los ’90 como el del patrón del mal), me encontré con que alguien consideró que en este cochino mundo consumista me sobraban cosas, y en un acto de conmovedora y espiritual solidaridad me ayudó a bajar a la tierra despojándome de algunos bienes materiales.
No hace falta que redunde en la clase de improperios que arrojé al viento, esperando que cual cadete en moto se las lleve prontamente a tan brillante ser.
Tras ese rapto de injustificada ira de burgués privilegiado me serené y recordé que debía escribir una columna en una computadora que luego del atraco debe haber pasado toda la noche reproduciendo pornografía o un poco de devaluado fútbol argentino.
Una vez que un alma caritativa me prestó la suya me dije a mí mismo que la guerra fría por las precandidaturas a intendente de la ciudad bien podían esperar un poco más.
En definitiva, nadie esperaba encontrarse hoy con una simpática referencia a que Rodrigo De Loredo tiene los ojos como si hubiese encontrado a los padres haciendo una cochinada, o que el ex viceintendente Cossar tiene un delineado más prolijo que odalisca de El Clon.
En mayo de este año nos enterábamos de que Córdoba es una de las provincias más inseguras del país, con 7 robos denunciados por hora. Cada 10 minutos, a alguien le pasa lo mismo que a mí. Pese a lo exagerado, se calcula que son el doble, porque mucha gente (como quien suscribe) no hace la denuncia.
El intrincado laberinto burocrático hace que sea más fácil atarse los cordones en el Samba del Superpark que exhibir una constancia de denuncia. Encima de ser una clásica amansadora para nervios de acero, cuando uno sale siente el característico olor a encierro, sudor y bajo presupuesto que te entra en la nariz como trompada de cancha.
Con las reformas tributaria, previsional, laboral y cuanta otra sea nos vendría bien aprovechar y meter alguna que le traiga un beneficio a la gente. Ya que tributamos como en Noruega y tenemos la seguridad de Honduras en medio del lío que están teniendo, no perdemos nada tratando de debatir.
Al mejor equipo de los últimos 50 años les propongo dos modelos.
El primero es que directamente nos hagamos comunistas soviéticos. Para no andar sufriendo por un atentado contra la propiedad privada, más vale la eliminemos.
Que Miauri se afeite la cabeza y se deje una chiva leninista y santo remedio. Cerramos la grieta con el progresismo y todo. “Wain – wain” diría nuestra políglota y cinéfila ex presi.
La otra, convertirse en un régimen anarcocapitalista libertario. Nos ahorramos los impuestos y lo gastamos en armas para defendernos a los tiros. Hoy te quejás de que te afanaron y sale el coro de los niños Zaffaronianos a decirte que no tuvieron oportunidades, aunque vieron una y te reventaron la casa.
En el mundo de las emociones del septuagenario gurú tropical del cabello oscuro, una elección se define en lo que la gente siente. Hay que avisarles a los ilustrados comunicólogos de la coalición de gobierno que a la gente le brotan profundas y oscuras emociones inenarrables después de sufrir un atraco.
Quizás todavía no se hayan dado cuenta de que los macabros deseos que se dirigen a los cacos bien pueden proyectarse a los políticos que encima le echan la culpa al sistema, como si ellos se dedicaran a jugar a las bochas y no a gobernar.
Perdone la catarsis, amigo lector. Pero este tema es uno de los que hizo que Cambiemos le gane a Cristina, pero poco cambió en dos años.
El miedo a aquel cuco en algún momento se va a terminar, mientras que el que le digo sigue cada vez que uno se baja del auto o sale a comprar pan.
O cuando tu hija se va a dormir de noche y no quiere acostarse sola.
Mientras tanto, a patear globos y a agradecer que no estábamos en casa. Porque para justificar su inoperancia -y como hace el abusador- nos han llegado a convencer de que la culpa es nuestra.