Cambiemos el número de diputados

La subrepresentación de distritos como Córdoba hace que sea urgente volvera debatir la forma en la que se distribuyen las bancas por provincia, porque eso hace que sea muy injusto para las fuerzas menores de las provincias grandes.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

diputadosHa llegado la hora de debatir algunas cuestiones importantes. Escuchar a numerosos cronistas porteños nombrar a la provincia de Córdoba como el cuarto distrito electoral en importancia puso sobre la mesa la necesidad de debatir la representación en la Cámara de Diputados.
Según la Constitución Nacional, los Senadores representan a las provincias y los diputados a la población. Por ese motivo, en el primer caso hay un número fijo que garantiza los derechos de las provincias más chicas. En el segundo caso, sin embargo, la representacióon debe ajustarse cada 10 años, después de cada censo poblacional.
En la actualidad, por esos caprichos de la política vernácula, el número de diputados sigue atado a la legislación con la que la última dictadura se preparó para la transición democrática. A la falta de coraje de los sucesivos gobiernos para retocar el número, se suman los cálculos económico-políticos para pensar estrategias electorales (para los oficialismos es más barato el clientelismo en la periferia que en las provincias centrales).
En 1982, ante los cambios que se avecinaban, un decreto estableció dos condiciones que marcaron la cancha para todo lo que vino después, con efectos distorsivos serios. La primera condición es que ningun distrito puede tener menos representantes que los que tenía en el año 1976, cuando se consumó el golpe. No importa si en 40 años la población de la Ciudad de Buenos Aires pasó de representar el 10,4% del total nacional al 7,2% actual: su representación permanece inalterada, con 25 diputados.
La segunda condición es la que establece que ningún distrito puede tener menos de 5 diputados, aunque su población no alcance para lograr ese nivel de representación. Por ese motivo hay provincias como Santa Cruz o Tierra del Fuego que están sobrerrepresentadas en relación a otras que quedan subrepresentadas.
Nuestra provincia mantiene su posición en cuanto al peso de su población respecto al total nacional, en torno al 8,3% del total. Su representatividad en la Cámara, sin embargo, está limitada al 7%. Esa pequeña diferencia -que puede parecer un capricho- le significaría a Córdoba elegir tres diputados más. En contraste, la Ciudad de Buenos Aires elige 25 diputados, un 40% más que Córdoba, pese a que ésta tiene casi un 15% más habitantes.
Aunque suene raro, los alrededor de 70.000 votos del FIT o Encuentro Vecinal en Córdoba te dejan afuera de la cámara, pero en provincias como Santa Cruz te asegurarían dos bancas. 35.000 votos te hacen diputado en la periferia, mientras que acá se necesitan más de 100.000.
Por eso quizás la confusión de los porteños respecto al peso electoral de los distritos, que se traslada también a los políticos capitalinos. Ya que el gobierno insiste en encarar una reforma electoral, bien podría empezar por hacer que los votos de los cordobeses sean igual de valiosos que los del resto del país.