A no excederse con el festejo

Hay que ver qué pasa con la gente del Frente Cívico dentro de Cambiemos, porque parece que sirven más para fiscalizar que para asegurar votos.

Por Javier Boher
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¡Que feliz que me hacen las elecciones, amigo lector! Yo no sé como lo vive usted, pero en mi familia me enseñaron que los días que se vota se festeja. Uno se levanta temprano, desayuna, se pone una linda pilcha y parte para la escuela. Se come algo rico al mediodía y nos quedamos esperando los resultados. Cada vez que pasamos por las urnas es el mismo ritual. Es la única ceremonia cuasireligiosa que me moviliza.
Esta vez fue un poco diferente, porque con un resultado más o menos claro de antemano, sólo faltaba saber los porcentajes que le tocaba a cada uno.
Antes de entrar en el análisis no quiero dejar pasar el hecho de que ningún miembro del clan Kirchner fue a votar salvo Alicia, acompañada por tantos soldados que parecía que desembarcaban en Malvinas.
Si bien la novela de Maldonado trastocó un poco los últimos días antes de las elecciones, no sirvió más que para sacudir las noticias. Las urnas no se dieron por aludidas, salvo en algunos lugares donde perjudicó al kirchnerismo. Se ve que a la gente no le gustó el morbo de hacer política con una tragedia.
Lo que sorprendió a todos fue el resultado que sacó la “Brújula Moral” Carrió, que después de descarrilar con sus declaraciones sobre Maldonado fue premiada por los habitantes de CABA. Los porteños votaron a una señora que dijo que había un 20% de posibilidades de que Maldonado estuviera en Chile y que mencionó a Walt Disney cuando se hablaba de que el frío del Río Chubut había preservado el cuerpo. Si Fito Paez antes sentía asco de los porteños, con este resultado debe estar en el baño abrazado al inodoro del ataque de náuseas.
El resultado de Santa Elisa de la Divina Grieta es clave para el futuro de Cambiemos. La corrieron de provincia para no dañar a Vidal y crearon un Godzilla fucsia que puede arrasar Buenos aires y llevarse puesto al gobierno. Si levantándose de una reunión de UNEN armó el revuelo que llevó a Mugricio al gobierno, rompiendo después de una elección como esta no deja en pie ni la Casa Rosada.
Hubo resultados sorprendentes, en donde el oficialismo logró imponerse (o al menos hacer daño) a peronismos locales muy arraigados, confirmando que lo de las PASO no fue accidental. Ganarle al peronismo en las ciudades es una cosa, pero robarle votos en el interior profundo donde la gente cree en la luz mala, el pombero o el chupacabras, no es tan fácil.

¿Y en la Docta?
Acá en Córdoba la cosa estaba más o menos clara, pero todos esperaban los resultados para saber cómo debían encarar los dos años que quedan hasta la elección a gobernador. Hay más anotados para la gobernación en 2019 que para entrar a laburar a la Muni. Mientras el peronismo va a volver a boxes a reparar la máquina, los cambiemitas -infectados de internismo radical- van a empezar a ver quién va a ser el futuro candidato.
Dicen los rumores que a Miauri le gusta la idea de tercerizar la gobernación en un opositor con onda, porque no piden cargos para los militantes en el gobierno nacional. Por eso su jugada sería apostar por Baldassi a gobernador. Sabemos que Mestre Jr no va a dejar pasar su oportunidad, así que eso le garantizaría a UPC una ruptura entre sus opositores locales.
Con los números duros el peronismo local mejoró su performance, así que toman aire pensando en mantenerse un período más. Para eso necesitan que el candidato sea uno de los grandes y que el mismo presidente decida quebrar Cambiemos en la provincia. Ahí se va a ver si los correligionarios boina blanca se pueden poner de acuerdo aunque sea una vez.
Vamos a ver qué pasa desde acá hacia adelante, porque las negociaciones van a ser cada vez más intensas. No van a faltar antiguos rivales que se junten o viejas alianzas que entren en crisis para poder obtener algún carguito más. Acá pongo un dato: mucho votante de Rossi no apoyó a Cambiemos para que no entre el número seis de la lista, el juecista Nostrala.
Hay que ver qué pasa con la gente del Frente Cívico dentro de Cambiemos, porque parece que sirven más para fiscalizar que para asegurar votos. Algunos dicen que si te gusta el durazno te aguantás la pelusa, pero para algunos capitalinos votar juecistas es más parecido a romperse los dientes tratando de comerse el carozo.
Para ir cerrando, amigo lector, vi mucha gente festejando esta ola amarilla que ha arrasado en el país. Antes de las PASO era impensado este escenario. Después de agosto, la gente creyó que se podía empezar a olvidar del kirchnerismo.
Pero no hay que confundirse: nunca nos ha dado buen resultado entregar acríticamente el gobierno. Cuando festejamos y nos rajamos comiendo cada 24 de diciembre estamos chochos, pero el 25 a la mañana nos levantamos destruidos. Aunque entienda poco de medicina, lo que sí he aprendido es que cuando uno se pone amarillo es porque ha celebrado en exceso. Así que cuidado, no sea cosa que en realidad nos esté dando una patada al hígado.