Vanguardias que atrasaban

Una muestra que se inauguró el Museo Picasso de Málaga ha puesto patas para arriba a la historia de las tendencias artísticas del siglo veinte. Se llama “Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo” y rescata la obra de pintoras y cineastas que adscribieron a ese movimiento y que fueron ninguneadas por sus colegas.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Así como se resignificó el Día de la Mujer, que en los últimos tiempos volvió a sus orígenes y se asume como una jornada en la que se reafirma la igualdad de derechos, también el Día de la Madre podría cobrar nuevo sentido si se pone entre paréntesis su fiebre comercial y se posa el foco en los nuevos parámetros de maternidad que pugnan por polemizar con los modelos anticuados. Una madre de hoy no necesariamente es ama de casa; y por no serlo, no se debería cuestionar su instinto maternal, como no se cuestionan las cualidades paternales de un hombre que no dedica todo su tiempo a las tareas hogareñas.
Estas disquisiciones de género, que forman parte de la agenda de temas de actualidad, pueden tener cierta aceptación mayoritaria cuando se refieren a lo que ocurre en el presente. Pero cuando se aplican de manera retrospectiva, empiezan a destapar entuertos que habían quedado durante décadas sepultados bajo la alfombra y que, al salir a luz, desatan en muchos el deseo de volver a ocultarlos. Porque propician, ni más ni menos, la necesidad de reescribir la historia. Y ese revisionismo sacude estanterías que a lo largo de los años habían permanecido ordenadas e incólumes.
Una muestra que se inauguró la semana pasada en el Museo Picasso de Málaga, por ejemplo, ha puesto patas para arriba la historia de las vanguardias artísticas del siglo veinte. La exhibición se llama “Somos plenamente libres. Las mujeres artistas y el surrealismo” y se impone la tarea de rescatar la obra de pintoras y cineastas que adscribieron a la estética surrealista, y que no sólo tuvieron que enfrentarse a un mundo que menospreciaba la capacidad creativa de las mujeres: también sufrieron el escarnio de los hombres más representativos del movimiento, que en varias ocasiones (e incluso en algunas de sus obras) demostraron rasgos explícitos de misoginia.
Basada en un guion de Antonín Artaud, la francesa Germaine Dulac estrenó en 1928 el filme “La coquille et le clergyman”. El propio Artaud, después de verla en esa ocasión, se unió al ideólogo del surrealismo, André Bretón, para burlarse de Dulec y de su película. “¿Qué es la señora Dulac? Es una vaca”, fueron las palabras con las que calificaron a su colega. Y por eso, terminó considerándose a “Un perro andaluz”, de Luis Buñuel y Salvador Dalí, como el primer filme surrealista, en detrimento de “La coquille et le clergyman”, que había sido presentado un año antes.
En episodios como este, se basó el curador de la muestra de Málaga, José Jiménez, para tomarse el atrevimiento de reunir 124 obras de importantes artistas, como Frida Kahlo, Meret Oppenheim, Toyen, Leonora Carrington, Dora Maar y Maruja Mallo, que se enrolaron bajo la vaporosa etiqueta del surrealismo y que se vieron confrontadas por una discriminación que empezaba en sus propios compañeros dentro de esa vanguardia. La iniciativa ha promovido debates encendidos en el ámbito de las artes plásticas, sobre todo porque baja del pedestal a algunos próceres que parecían intocables.
Aunque hablaron en un contexto rupturista en el que pretendían demoler algunas instituciones anquilosadas, ciertos referentes del surrealismo dejaron impresas para la posteridad algunas frases que han sido rescatadas a propósito de esta exposición. “Hay que golpear a la madre mientras ella sea joven”, anotaron Paul Éluard y Benjamin Péret en el “Diccionario abreviado del surrealismo”. Allí mismo, Salvador Dalí escribió: “A veces escupo por placer en el retrato de mi madre”. Y André Breton aportó, junto a Paul Éluard, una definición lapidaria:“Mi madre es un trompo, del cual mi padre es la cuerda”. Asuntos que despiertan a la reflexión… sobre todo después del Día de la Madre.