La situación de la selección, ¿con destino de campaña?

Con una campaña que no despierta pasiones, y en medio de la crisis del fútbol nacional, la posible ausencia de Lionel Messi y sus compañeros en Rusia 2018 hizo levantar la temperatura del debate.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

selección-campañaLa previa del partido entre Argentina y Perú demostró una vez más como la política y el deporte se unen. Con una campaña que no despierta pasiones, y en medio de la crisis del fútbol nacional, la posible ausencia de Lionel Messi y sus compañeros en Rusia 2018 hizo levantar la temperatura del debate.
Muchos periodistas se sorprendieron por la mutitud que se reunió para alentar al plantel peruano durante su llegada. Eso fue el detonante para que se empiecen a ver, nuevamente, las peores caras de los hombres de medios.
La migración peruana a nuestro país data desde mediados del siglo XX, cuando la migración europea es reemplazada por un nuevo flujo proveniente de los países de la región. Lentamente fueron asentándose en los grandes centros urbanos, formando una comunidad cada vez mayor, de crecimiento exponencial durante la convertibilidad.
Con una escuela pública debilitada, sin servicio militar obligatorio y con altos niveles de pobreza que alentaron la formación de guetos, las distintas comunidades inmigrantes mantuvieron exitosamente sus costumbres en un contexto de globalización de las comunicaciones. Nuestro país perdió su capacidad de crear nacionalidad a partir de la fuerza de sus instituciones públicas, por lo que hoy hay argentinos nietos de peruanos que se identifican con ese origen.
Algunos periodistas cayeron en la bajeza de retratar a los peruanos como narcotraficantes e ilegales, que usurpan y colapsan el sistema público de salud o educación. Ante la necesidad de un triunfo del propio equipo no dudaron en fustigar a todo un pueblo por el accionar de algunos de sus ciudadanos en nuestro país.
Pero en contraste, y para no desentonar, a través de las redes sociales se viralizó la propuesta de no silbar al seleccionado peruano por el accionar de sus fuerzas armadas durante la Guerra de Malvinas, para la que enviaron a diez aviones en apoyo de la posición Argentina. Eso es parte del deprimente nacionalismo nostálgico que se emociona por el accionar de una dictadura peruana de hace 35 años.
Entre medio, el presidente de la FIFA se reunió con el presidente Macri, lo que desató una ola de denuncias de arreglo en Perú, quizás afectados todavía por el 6-0 del mundial ‘78. Por último, Macri anunció junto a sus pares de Uruguay y Paraguay la intención de organizar conjuntamente el mundial de 2030.
En medio de la vorágine, la mayoría de las personas se pone a elucubrar teorías de arreglos y sobornos, saca cuentas sobre los posibles resultados o se lamenta por lo que sería un catastrófico escenario de la selección ausente de un mundial por primera vez en 50 años. Pero no hay que olvidarse de lo importante: comamos asado o ceviche y lleguemos a Rusia o no, seguramente no va a faltar el político que decida meter el tema en medio de la campaña.