La política en las escuelas, una gran canallada

El Ministro de Educación de la Nación se refirió al episodio del materal difundido por CTERA como “una gran canallada” y “una irresponsabilidad”. Lo que quedó en evidencia fue la vulnerabilidad de las escuelas a los discursos e intereses ajenos a la educación.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

La desaparición de Santiago Maldonado sigue dividiendo las aguas. La última basa en la disputa se está poniendo en juego en las escuelas. La difusión de instructivos docentes para tratar el tema en las aulas ha espantado a algunos padres y enorgullecido a otros.
Uno de los cinco gremios docentes de alcance nacional elaboró una guía de actividades para que los maestros y profesores traten el tema en las escuelas, desde jardín de infantes hasta el secundario. El gremio en cuestión es CTERA -Central de Trabajadores de la Educación de la República Argentina-, el principal gremio docente a nivel nacional.
Principalmente fuerte entre los educadores del sector público, se diferencia de los otros cuatro gremios (SADOP, UDA, CEA y AMET) por el sector que representan, sus áreas específicas o su ideología política.
Algunos de los rostros conocidos de CTERA a nivel nacional son Roberto Baradel, Hugo Yasky y Marta Maffei. Acá en Córdoba, Carmen Nebreda o Juan Monserrat. La mayor parte de los mencionados tienen vínculos con el kirchnerismo.
El Ministro de Educación de la Nación Alejandro Finocchiaro se refirió al tema y respaldó a los docentes que pretendan tratar el tema con objetividad en el aula, porque -objetivamente- es el lugar para tratarlo. Sin embargo, agregó que el accionar de CTERA fue “una gran canallada” y “una irresponsabilidad”.
El control y evaluación de las actividades recae, según el ministro, en los directores de las escuelas. Ellos son los que deben regular los contenidos y las formas en las que se presentan, así como su pertinencia respecto a los temas que hacen a la currícula o lineamientos oficiales.
Lo que deja afuera Finocchiaro es algo que lamentablemente está afectando a la política educativa en todo el país, en crisis hace ya algunos años. El principal problema que se percibe en las escuelas a nivel nacional es la permeabilidad a los discursos e intereses de actores ajenos a las necesidades de una política educativa comprometida con el desarrollo.
Por la irrupción de este episodio se visibiliza el rol de los sindicatos en la determinación de los temas y lineamientos pedagógicos, pero también respecto a las cuestiones de formación, evaluación o control docente. En la actualidad los estados nacional, provincial y municipal no gobiernan las escuelas: carecen del control efectivo sobre lo que pasa en dichos establecimientos.
Es comprensible el temor de los padres respecto al posible adoctrinamiento que reciban sus hijos en clase, pero no es un tema exclusivo de este hecho lamentable, sino de una crisis generalizada de todo el sistema educativo.
Por eso es que Finocchiaro está equivocado. Si no existe un Estado que los respalde, pretender que los directores de escuelas se enfrenten en soledad a las poderosas estructuras sindicales es, también, una gran canallada.