Muerte y resurrección de los ‘80

Alguien dijo una vez que las ideas se repiten en ciclos de entre 30 y 40 años. Por eso, aunque muchos están seguros de que la cosa se está poniendo como en los ‘70 y los verdaderos ‘80 se hayan acabado con la muerte del exgobernador Angeloz, quizás veamos un resurgir de los ‘80 en los hijos de los que vivieron esa época.

Por Javier Boher
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Despierte, amigo lector. Entramos tan progresivamente en una dictadura que no nos dimos cuenta. Resulta que el aparato represivo del Estado está desapareciendo gente. Tenga cuidado, que uno nunca sabe cuándo le puede tocar.
Como usted ya sabe, ha existido una desaparición forzada de un artesano de El Bolsón, considerado altamente peligroso para los intereses del gobierno nacional. Es sabido que hay un proyecto revolucionario de tejido de atrapasueños y morrales para poner fin al plan de expoliación popular que encarna el gobierno nacional, por eso se persigue a los luchadores populares por los derechos de la gente que no se quiere bañar.
Quizás exacerbados por el derrumbe de Venezuela y las terribles metidas de pata del US President diciendo que no descarta la opción armada, hay un sector importante de la sociedad que ve agentes de la CIA en todos lados, como en plena paranoia de los ‘70. Plantean que hay un plan sistemático de desaparición de personas, cuidadosamente ocultado por los medios hegemónicos.
Es curioso que acá haya que cuidarse de una dictadura silenciosa cuando a la vista está que uno lo puede hacer a los gritos, como en Venezuela, que nadie le presta mucha atención. Debemos agradecer que hoy existan las redes sociales, en donde podemos acceder al instante a la información. No hay dudas de que la mayoría chequea menos lo que lee que la fecha de vencimiento de lo que compra en el súper, pero si uno busca puede encontrar con más facilidad que antes.
En las últimas semanas, todos los días hay alguna noticia sobre un lío en algún lado. Que una bomba en la sede de la empresa a cargo de la carga de datos en las elecciones, que otra en Gendarmería, los bidones de nafta en Buenos Aires, la desaparición de Maldonado… Muchos están seguros de que la cosa se pone como en los ‘70 y ven montoneros y Falcon verdes en cada esquina.
Sin embargo, alguien dijo una vez que las ideas se repiten en ciclos de entre 30 y 40 años. Es más o menos como pensar en Catherine Fulop y Oriana Sabatini: la madre está envejeciendo mientras la hija va creciendo con atributos parecidos.
Si los ciclos son como dijo aquel muchacho, a todo el discurso de la dictadura y no sé cuántas cosas más que dominaron el período de la década ganada, ahora le sigue el de la mesura y el optimismo del regreso de la democracia. Entre la gente que quiere calma, las redes sociales y el declive del discurso confrontativo que predominaba, hoy no estaríamos en los ‘70 sino en los ‘80.
Ojo, que no estoy diciendo que el kirchnerismo haya sido una dictadura setentista, porque aunque había muchos que lloraban que íbamos por el camino de los amigos caribeños, la verdad es que acá estábamos bastante mejor que ellos. No tomábamos ron ni llenábamos el tanque por un dólar, pero por lo menos podíamos decir lo que se nos diera la gana.
Para entender el tema de los ciclos pensemos en lo que le tocó vivir al kirchnerismo en 2003, con todo un resurgir del fervor justicialista de la tendencia. Los que estaban en sus 50 cuando empezaba el kirchnerato son los que en los 60 y 70 estaban teniendo su paso por la universidad o militando por la vuelta de Perón y la revolución peronista.
Los hijos de los que abrazaron la causa del kirchnerismo fueron los que pasaron a engrosar las filas de sus agrupaciones juveniles, muy marcados por las ideas y experiencias de sus padres. Si uno puede hacerse hincha del mismo club que el padre, ¿por qué creer que las ideas no serían más o menos parecidas?.
La muerte de los ‘80
Hay que empezar a aceptarlo, amigo lector: los verdaderos ‘80 han llegado a su fin. Con la muerte de Angeloz, lo que queda de esa década se parece más a ejemplares en peligro de extinción que a la plaga de langostas que asola la provincia.
Si repasamos un poco, en la política ya se van acabando los protagonistas: no están Bercovich Rodríguez, Angeloz y Mestre como protagonistas cordobeses, pero tampoco Luder, Alfonsín, Cafiero o Herminio Iglesias a nivel nacional. Quedan De la Sota -que en esa época era pichón- y Menem.
No soy muy fanático de esa década. Es más, casi que es la que menos me gusta. No fue una década ideologizada, como la de los ´70. Tampoco fue la de la experimentación y la rebeldía, como los ‘60. Ni siquiera tuvo el materialismo o la frivolidad de los ‘90. Sí fue el encuentro del destape post dictadura y el conservadurismo y desmovilización de aquel período. Fue como un sándwich de jamón cocido y salame: es raro, nadie lo elige, pero tampoco se puede decir que sea incomible, como el sándwich de abrojos de los ‘70 -que te lo comés porque te convencen de que es bárbaro-.
Usemos el mismo esquema de antes y lo traigamos a los que hoy rondan los 50 (como Catherine). Esa gente es la que atravesó su adolescencia y primera juventud en los ‘80. Son los que escuchaban Virus, Las Primas o Soda Stereo, se batían el pelo y usaban jean nevado. Esos mismos hoy están viendo cómo sus hijos entran en su juventud (como Oriana).
Esos son los que vivieron el fervor democrático y republicano del alfonsinismo o la integración provincial alentada por Angeloz. Son los que dijeron Nunca Más en el juicio a las juntas (el de verdad, el de los militares fuertes, no el de viejos enclenques que vimos hace unos años). Por eso el discurso de la violencia no prende.
Esa década de transición entre la ideología de los ‘70 y la frivolidad de los ‘90 fue convulsionada, como la que nos va a tocar. Mi tío, un sabio opinólogo de bar doctorado en peronismo de la calle, insistía en que el gobierno de Alfonsín fue el de la refundación política. Según él, desde entonces nadie va a poner en duda la democracia. Aseguraba que la refundación económica llegó con Carlos de Anillaco, pero que se desperdició la posible refundación social.
Por eso, amigo lector, aunque los verdaderos ‘80 se hayan acabado con la desaparición física del presidente que no fue, estamos sintiendo su resurgir en los hijos de los que vivieron esa época con la fuerza y la esperanza de la juventud. Esperemos que ese tercer momento, el de la refundación social, nos llegue con este nuevo ciclo del fervor optimista de los hijos de los ‘80.