Pos PASO, UPC va por la “novena banca” y apunta a Carro

El peronismo cordobés aspira a conseguir un resultado que le permita colocar cuatro diputados nacionales. Necesita crecer a costa del Frente Córdoba Ciudadana que quedó como tercera fuerza. El kirchnerismo intenta blindar sus votos.

Por Marcos Duarte

bancaEn la previa a las primarias del último domingo, la disputa por la denominada “novena banca” se daba entre las fuerzas menores que buscaban terciar en la polarización entre Unión por Córdoba y Cambiemos. Conocidos los resultados, se mantiene la pelea, pero cambian los contendientes.
La totalidad de los analistas del escenario político cordobés compartía diagnóstico: las dos fuerzas principales tienen asegurados 4 diputados cada una de los 9 que se eligen. El restante podía ir a la que resultara ganadora de la elección o, por obra del sistema D’Hont, caer en manos de la lista que obtuviera el tercer lugar.
Por esto, la duda principal era si de los guarismos de la PASO se vislumbraría un escenario de 5-4 o de 4-4-1 en la distribución de bancas que resulte de las elecciones generales de octubre.
Las urnas arrojaron una sorpresa. Si se repiten los resultados del último domingo, la resultante sería 5 diputados para Cambiemos, 3 para Unión por Córdoba y 1 para el kirchnerismo representado en el Frente Córdoba Ciudadana.
La contundencia del triunfo de la alianza entre macristas, radicales, juecistas y lilistas justifica la expectativa de lograr que Diego Mestre ocupe un sillón en la cámara de diputados. Claro, tienen que fidelizar a los votantes que optaron por la candidatura de Dante Rossi en la primaria de Cambiemos.
Por el lado de Unión por Córdoba, el desafío cambia radicalmente. El sueño de lograr un triunfo parece entrar en el terreno de los milagros, pero no es imposible modificar el escenario para acrecer en uno la cantidad de representantes que hoy le asignan los resultados.
En función de esto, el objetivo de la nueva estrategia son los votos que consiguió la lista del Frente Córdoba Ciudadana. La nómina encabezada por Pablo Carro logró contener el porcentaje que se siente identificado con las posiciones del kirchnerismo y se coló en el podio favorecido por la debacle del FIT y la dispersión de las otras alternativas del progresismo local.
Los armadores de Unión por Córdoba tuvieron, en los meses previos a la campaña electoral, una táctica preventiva con respecto a los sectores enrolados en lo que fuera el Frente para la Victoria local.
Lanzaron una ofensiva destinada a reunificar al peronismo cordobés para evitar que florecieran alternativas electorales que pescaran en la misma laguna. Así rehabilitaron a la mayoría de los dirigentes que, en épocas pasadas, se enrolaron detrás de la candidatura provincial de Eduardo Accastello y reclutaron sectores como el Movimiento Evita.
Sin embargo, este realineamiento de dirigentes identificados con el peronismo no parece haber tenido un correlato suficiente en materia de votos. La lista que encabezó Carro no contiene representantes provenientes de esa cultura política, pero consiguió contener a los electores identificados con la ex presidenta de la nación.
El dilema que enfrentan los estrategas de Unión por Córdoba es identificar el mejor discurso para corroer un sector que, a priori, se siente representado por un discurso claramente opositor al gobierno nacional.
Una primera lectura sugiere que lo más eficiente es apelar al voto útil contra lo que parece ser una ola favorable a Cambiemos. En ese sentido, nadie puede dudar de que el único rival competitivo para la alianza entre macristas y radicales sigue siendo el oficialismo provincial. Si este razonamiento es válido, muchos de quienes optaron por darle su voto a Carro podrían cambiar de monta con la finalidad de enfrentar a los alineados al gobierno nacional.
Sin embargo, algunos estrategas del justicialismo cordobés advierten que radicalizar el mensaje antimacrista puede espantar a sectores medios urbanos y rurales en los que Unión por Córdoba tiene anclaje pero que todavía perciben al kirchnerismo como el principal adversario.
Combinar estos datos y materializarlos en una estrategia de campaña consistente es el desafío que enfrenta hoy la dirigencia del oficialismo provincial. De la eficacia que logren depende, en gran medida, la posibilidad de obtener la única banca que parece estar en juego.