Todos los libros, el libro

Esta tarde se presenta una edición que contiene una historia de resonancia paradigmática, ya que remite a un gesto marcado por la represión durante la última dictadura: el enterramiento –y la posterior exhumación– de una colección de libros por una pareja de militantes que debieron partir al exilio en 1976.

Por Gabriel Abalos
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Un libro sobre el acto de ocultar lecturas a la mirada de los asesinos.

Dardo Alzogaray y Liliana Vanella, historiadores y militantes, se propusieron preservar su biblioteca de autores marxistas del alcance de una dictadura que mataba a personas y quemaba libros, antes de partir al exilio en México en los años’70.
La Biblioteca Roja, libro de Agustín Berti, Gabriela Halac y Tomás Alzogaray Vanella, relata la historia que condujo al desenterramiento y recuperación de esos libros en enero de este año, con la participación del Equipo de Antropología Forense. Fueron exhumadas dieciséis cajas de libros que no salieron indemnes a la acción de la humedad.
La presentación del volumen subtitulado Brevísima relación de la destrucción de los libros se hará a las 19.30 en Documenta/Escénicas, Lima 364.
Lo que sigue es una entrevista a Gabriela Halac, integrante del equipo que llevó a cabo esta recuperación de fuerte valor simbólico, y editora del libro.

– ¿Cómo el enterramiento de estos libros y su recuperación en el estado en que se hallaron constituye un hecho pasible de ser considerado artístico?
–Me resisto bastante a los encasillamientos, pero voy a intentarlo. Una de las acepciones de la palabra arte proviene del sánscrito “haciendo”. Las cosas pueden hacerse desde muchos abordajes, y nosotros lo hicimos desde nuestra formación y mirada. Pero al menos yo nunca me pregunto cómo hacer para que algo se parezca más al arte que a otra cosa. Me fascina la confusión que surge en los otros en ese punto, la encuentro sumamente productiva porque te permite llegar más lejos y con menos prejuicios. No existió nunca una voluntad científica, ni técnica, ni historiográfica pero al mismo tiempo todos esos aportes están presentes, porque el arte permite el ingreso de todos ellos, porque goza de ese campo de libertad, porque quizás rinde menos cuentas y se permite la hibridación, lo “degenerado” en términos de no circunscribirnos a géneros cerrados. Y este proyecto creo que naturalmente pedía esta apertura, por lo que fue bueno abordarlo así. Además, desde el lugar que yo lo entiendo y abordo, un libro es un hecho artístico y “La biblioteca roja” hoy es un libro, hecho desde una editorial como DocumentA/Escénicas que concibe la edición como una práctica artística contemporánea.
– ¿Esos dieciséis paquetes recuperados serán expuestos? ¿Permanecerán en algún archivo o biblioteca como testimonio?
–“La Biblioteca Roja” es un libro, pero también una exposición y también un archivo en marcha. Para mí un libro es algo que amplifica enormemente y que tiene derivas insospechadas. Hay 1000 libros que formarán parte de otras bibliotecas a donde van a resonar y que contienen un registro desde mi punto de vista bastante exhaustivo de este caso particular. Pero además, nosotros entendemos este proyecto como algo más amplio, más abierto. Comenzamos a trabajar en 2014 y lo seguimos haciendo. Estamos tomando testimonios sobre otras bibliotecas que han sido quemadas o enterradas con la intención de hacer un mapa que pueda situarnos en la proporción del suceso en términos del volumen de libros de bibliotecas particulares que pasaron a la destrucción o clandestinidad por motivos de persecución política.
Como dice Marina Garcés: “Las cosas guardan la memoria de lo que somos y de lo que hemos hecho”. Los libros son objetos que intrínsecamente nos vinculan a la memoria. Son artefactos hechos para hacer circular y extender en el tiempo algo que se quiere dejar como inscripción en el mundo, a la mirada de los otros presentes y futuros, son un diálogo abierto en el tiempo. Una vez que salen de su lugar en el mercado y forman parte de la vida cotidiana, participan de nuestro tránsito por el mundo y son afectados por contextos y acontecimientos del mundo que los rodea. Por lo tanto además de vincularnos a los hechos que llevaron a su enterramiento, a la historia particular de la familia, a los títulos que sabemos que estuvieron allí y a las razones por las que fueron enterrados, repercute en una acumulación de dimensiones simbólicas muy importantes.
Los libros serán expuestos el lunes en DocumentA/Escénicas solo ese día y aún se sigue trabajando en el futuro de la colección. Son sin dudas un testimonio que estamos muy abocados a preservar.
– ¿Qué enseñanza te parece que deja este caso para las generaciones del futuro?
–No soy muy afecta a lo pedagógico de los proyectos artísticos porque creo que eso es lo que los vuelve meros mensajes. Creo que lo que propone “La Biblioteca Roja” es acceder al misterio que encierran esos objetos hoy y que van a repercutir en cada uno de manera diferente. En un libro que me encanta John Berger habla de que las pinturas hechas en las cavernas habían sido puestas allí con el propósito de ocultarlas y así poderlas preservar, esto porque el hombre en la prehistoria tenía claro que ocultarse era fundamental para sobrevivir. Liliana y Dardo hicieron esto al enterrar su biblioteca y nosotros hicimos la exhumación con la intención de re-activar lo que está en esos libros.
Una vez que lo oculto se muestra, no sabemos ni qué va a pasar con eso, ni qué le va a pasar al que lo mire. Hay que enfrentarse a la mirada del Otro, lo cual reviste para mi un gesto político. Creo que hay que estar preparados para recibir lo que esas múltiples miradas van a devolver.
–¿Qué te atrajo de la historia y por qué te asociaste a Tomás Alzogaray para esta producción?
–Me atrae todo lo que tenga que ver con libros, memoria y violencia política. Vas a ver que casi todos mis trabajos abordan eso. A Tomás me une la amistad y admiro profundamente su obra como artista. Él tiene un trabajo en cuadernos sobre la dictadura que fue lo primero que me fascinó. Pero honestamente creo que este tipo de cosas solo puede hacerse desde un espacio muy sostenido por la certeza de que es un proyecto que es necesario y urgente hacer. Los verdaderos motivos suelen ser esquivos a la razón, son un cúmulo de nudos propios y síntomas sociales que generan el impacto en los cuerpos y los sujetos que nos echamos a andar sin dudarlo.