Lejos de la 9na, FIT mira a octubre

A pesar de contar con un escenario electoral propicio, la izquierda no ha tomado las decisiones correctas para seducir al electorado, y deberá poner ahora la mira en las generales de octubre.

Por Felipe Osman

En las postrimerías de la campaña, el FIT no parece haber sabido rentabilizar el propicio escenario electoral que se le presenta. La fuerza, que en 2013 araño una banca en el Congreso, y que en 2015 tuvo un desempeño electoral respetable, no parece encaminada a dar un nuevo paso hacia un escaño en el legislativo nacional.
Dos acontecimientos políticos que se suscitaron durante los meses previos exigieron a las estructuras partidarias tomar una postura, y las escogidas por el FIT no fueron las acertadas en términos de seducción de la opinión pública.
Uno de estos fue el conflicto UTA. El episodio dejó un saldo de casi dos centenares de choferes despedidos tras nueve días de paro, ocho de ellos en violación a una conciliación obligatoria acatada por la intervención de UTA y desconocida por los delegados. La medida causo un enorme rechazo por parte de todos los vecinos. No obstante lo cual Liliana Olivero, primera candidata de la lista del FIT, apoyó la postura de los delegados díscolos.
Otro acontecimiento político de gran relevancia tuvo lugar, a instancias del oficialismo, en el corazón de la campaña. La sesión extraordinaria en la cual Cambiemos buscó infructuosamente la expulsión de De Vido obligó a todos los partidos a tomar postura. El FIT acompañó a quienes votaron por su continuidad. El apoyo a De Vido, reconocido por la gran mayoría de la ciudadanía como un símbolo de la corrupción K, seguramente costará algunos votos en las PASO.
Estos yerros se dan ante un escenario electoral que se adelantaba muy propicio para que el FIT finalmente lograra la banca que se le escapó en 2013. Llegaba a estas elecciones con el hándicap de no contar, entre sus competidores, a Olga Riutort ni a Tomás Méndez. Son, estos últimos, electores principales en el distrito Capital que dejarán vacante una porción importante del voto y que, si bien no encarnan una oferta estrictamente de izquierda, si se ofrecen como una alternativa anti-sistema. Como abanderados de una postura disconforme con el orden político imperante, y dispuestos a romper el statu quo en el que dicen, la política de Córdoba se encuentra sumida desde hace casi dos décadas.
Los obstáculos de la izquierda en estas elecciones parecen serle totalmente propios. El FIT, integrado por el Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y la Izquierda Socialista, rechazo concurrir a las PASO en alianza con el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y el Nuevo Más. Estos últimos integran ahora la alianza Izquierda al Frente.
El menú trotskista está ahora más fragmentado. Estos berrinches constantes, que pueden no ser escollos insalvables en la política universitaria, si son determinantes fuera del microclima de Ciudad Universitaria. Puertas afuera de la Casa de Trejo, la incapacidad para tejer alianzas duraderas, sólidas y capaces de actuar con coherencia interna, es incapacidad política, y conspira en contra de quienes legítimamente quisieran contar, en el cuarto oscuro, con una izquierda con posibilidades serias de lograr representación en diputados.
Ante el riesgo de su peor performance de los últimos tiempos, la estrategia del FIT se orientará ahora a captar el voto de todos los pequeños candidatos que queden relegados detrás del cuarto puesto en las PASO, como (probablemente) el GEN, SOMOS, Dante Rossi y la propia Izquierda al Frente. Las primarias ya no son un objetivo per se, y las expectativas deberán ser puestas en las generales de octubre.
Esperan, además, la visita de referentes nacionales de izquierda con imagen positiva en Córdoba, como Nicolás del Caño, quien a pesar de ser diputado por Mendoza, buscará renovar su banca en territorio bonaerense.